MARTES 24 de noviembre del 2009

Cada día los partidos políticos se parecen más al padre y a la madre de todos ellos: el PRI. No cabe duda: no sólo inventó (la expresión es de O’Gorman) al país sino que impuso reglas, vicios (muchos) y virtudes (pocas) que rigen la vida de cada uno de nosotros, aun la de los muy jóvenes. El presidencialismo a la mexicana sigue vivo, no importa que haya cambiado de manos, todavía cuenta con poderes que hacen del hombre que está en Los Pinos un superhéroe. Para qué hablar de las instituciones, todas ellas creadas por el Revolucionario Institucional: están más vivas que nunca, a pesar de que algunas parecen salidas de un filme de terror.

Las campañas políticas avanzan en el mejor estilo impuesto por aquél. Las mismas ceremonias, promesas, parecida vaguedad en los discursos; como si fuera poco, la rutina es idéntica: fiestas, porras, gritos, globos, comida, regalos, música, baile y falso entusiasmo que mueve a ironía. Si ya fuiste a una, fuiste a todas.

Recuerdo que en la dictadura perfecta (ahora la idea es de Vargas Llosa) se vivía tal confianza en su poderío, que el PRI lanzaba a quien fuera y ganaba con más de ciento por ciento de la votación. De este modo comenzó a buscar personas famosas de gremios distantes a la política, para que tuvieran representación en la Cámara de Diputados. No olvidaré a Silvia Pinal o a María Elena Marqués como “legisladoras”. Tampoco al entonces afamado locutor León Michel derrotando a mi entrañable amigo José Luis Cuevas, a pesar de que éste usó un espléndido eslogan de campaña: “El león no es como lo pintan sino como lo dibuja Cuevas”. El PRI es una genialidad política, no hay duda. La prueba es que las encuestas nos anticipan su retorno a Los Pinos.

El PRD es un clon del PRI. Hecho por ex priistas, heredó sus vicios y ninguna de sus cualidades. Si en el segundo había corrupción, en el PRD es triple. A todos los vi pobres, a todos los veo ricos. Sólo en Tlalpan, mi delegación, la lista de nuevos millonarios asombra: El Pino, Carlos Imaz, Eliseo Moyao, particularmente Guillermo Sánchez Torres... En pocos años han acumulado cifras notables.

Para ganar votos ingenuos, el PRD ha echado mano del recurso priista de invitar celebridades a cargos de elección popular. Tienen a Laura Esquivel, Guadalupe Loaeza y Ana Gabriela Guevara, como han tenido a María Rojo. Ninguna posee una idea de lo que significa la administración pública, pero son famosas. La señora Guevara es un caso. Su campaña tiene un lema que justifica su ignorancia: “Vota por Ana Gabriela y su grupo de expertos”. Significa que cada palabra suya debe salir de los “expertos” que irán por la delegación acompañándola como guardaespaldas. Será divertido verla como delegada. Una inquietud: ¿si triunfa la velocista, cada “experto” cobrará como delegado o asesor? Guevara descubrió la política merced a Marcelo Ebrard, del mismo modo que AMLO politizó a la empresaria Yeidckol Polevnsky y la hizo senadora. Para mejorar la imagen de su gabinete, Marcelo la incluyó en deportes. Una semana después, le botaba el trabajo al gobierno capitalino y se iba a China, a ver los Juegos Olímpicos. Ahora ha dejado la chamba por segunda vez para ser candidata a titular de la delegación Miguel Hidalgo. Una caricatura la mostraba caminando con dificultades a causa de zapatos con tacones que le quedaban grandes y decían “política”. Hablar en público no se le da, responder preguntas complicadas sobre administración pública menos. ¿Debatirá con sus rivales del PAN y del PRI? Imposible, ella tendría que estar con sus “expertos” a un lado. Por si fuera poco, no vive en esa delegación sino en el Estado de México; a Polanco sólo llegaba en moto a visitar antros. Colonias como la Pensil, no sabía que existieran. Algo parecido le sucederá a Laura Esquivel, una vez que salga de lo que hace bien, escribir literatura, para debatir las cuentas nacionales con otros legisladores.

El PRD capitalino está desesperado: no sólo padece problemas internos (dos candidatos presidenciales al menos), sino que la escandalosa corrupción y la ineptitud de sus delegados y legisladores, la violencia con la que ejercen sus funciones, le ha restado prestigio. Es probable que el DF siga en sus manos, pero con un número de votos mucho menor. Dudo que al PAN le quiten Benito Juárez y Miguel Hidalgo, a cambio, es posible que pierdan Coyoacán, donde los perredistas, pasando por María Rojo y llegando a Heberto Castillo (y antes su hermana), ya hartaron a sus habitantes. No más corrupción ni tanta ineptitud: los capitalinos están dándose cuenta de a quiénes les dieron el cheque en blanco. Comprobaron que a los únicos pobres que han ayudado a mejorar su cuenta bancaria, es a las autoridades perredistas. No importa cuántas despensas, uniformes escolares, gorras o playeras repartan los Batres y Bejarano, el DF comienza a ver que el sueño se hizo pesadilla y que si hay izquierda, no está en el PRD.

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