LUNES 23 de noviembre del 2009

A la memoria de una niña muerta que se llamaba Kitty Brunel

 

Algunos seres humanos tendemos a la verdad aunque nos haya sacado, no canas verdes, sino unas enteras gallinitas muertas, blancas como la nieve de las novelas rusas. ¡Chan! Se nos va, corderito presuroso, lo malo es el efecto causado, desde términos acuciosos e implacables de amistades que habían subsistido más de cincuenta años, así es imposible la disculpa, lo horrible es constatar la mediana idiotez propia, ser bemba después de tanto y confesarlo… eso ocurre cuando uno, taranta de-mi-de-por-mí, descubres sin más el descarapelo de una inteligencia otorgada a tus cercanos tal infalible, luminosa, y los actos, las palabras, las imposibles variaciones de ideas (como cambiar de religión, nacionalidad, posición política y quizá de sexo), todo aquello solidificador de la fraternidad de veras. A veces son operísticas las metamorfosis, otras, algún detalle solo: una mirada, la cual capturas en el aire, un lapsus prodigioso, una entrega insólita a lo jamás imaginado. Total, la perfección desaparece y descubres estupefacta que es tan humana la persona, tan igual a ti con todas tus desventuras y menoridades… y que no es “la inteligencia soledad en llamas” supuesta.

Esta verdad de la que hablaba es la asombrosa actividad de la gran justicia, ¿venganza? De mirar en la televisión desfilar uno tras otro a miembros del gabinete o de una mesa o una ventanilla, según, detenidos por la policía. No se tú, dice la canción, pero a mí se me heló la sangre.

...Más de veinte personas detenidas por presuntas complicidades con el narcotráfico… no quiere decir que estén en una esquina vendiendo “tachas”, envoltoritos abrochados con grapas para efectuar el vicio de la droga, sino que hayan coadyuvado (como se dice) (palabra tan cercana al amasiato) con los fregones del narco, devotos de Malverde, afiliados de “bigmothers” o “bigfathers”, adivinadoras, lectoras de baraja, etcétera (toda esa laya de bajos instintos bien pagados por pillos y narcoretes). Confiésome padre, hace mucho sufro de miedos nocturnos, pero ver así, cerquita, a esos presuntos sinvergüenzas rumbo al día del juicio adelantado, ellos que se vistieron en la mañana con sus calzones limpios, sus blusas y sus jugos de naranja en el buró, que le dieron órdenes al chofer de llevarlos a sus oficinas a un día más antes del fin de quincena maravillosa, contante y sonante, constante mejor dicho, a planear una comida en un restaurante picudo y luego a ver si se les hace lo que les platiqué o, de perdis, si les gusta el cine, una buena película. Ellos rumbo al botellón.

¡Qué vergüenza!… detenidos, trepados a un camión, retratados por todos lados, preguntados, humillados y, a la mejor, salir exonerados, digo, es un decir, o van a dar al tambo para que vean lo que es cajeta, y estoy hablando de procuradores y subs, de secres y asesores y cuanto hay en las altas esferas de la ni siquiera “nomenklatura” de los servidores públicos bien pagados. ¿Pues qué pensaban, que nunca los iban a cachar?... con las ganas cargadas de la derecha para amolar el “mal gobierno, aunque fuere de izquierda”…

Pero no hacen fila sólo los pobres diablos de Michoacán, los burócratas en el garlito, también en bola para hacer juego con los tiempos, los raptores, los plagiarios, pues, son detenidos para gloria de su propia estupidez… No me digan si no exhiben en glorioso tenicolor su retraso mental, su pésima educación primaria al responder a los interrogatorios. Solamente Ricardo Garibay sería capaz de reproducir en miserables palabras sus respuestas asquerosas… Jóvenes de veintitantos años… la vida quebrada, sin idioma, vocación, esperanza. ¡Qué terrible cargo para los gobiernos, no sólo el de hoy tan en hilachas, también los anteriores detenedores de la pata… No saben hablar esos mexicanos, ¿cómo iban a ganarse el pan, en qué, si no intentan ni expresar una solitita idea? Pues mejor plagiar a un infeliz, torturarlo, golpearlo, humillarlo, cortarle orejas o dedos, y luego matarlo, al fin qué… Al nieto de mi prima la Cucuya Nieto así se lo mataron (El Mochaorejas) en Celaya. A esas bajezas descendieron los funcionarios de Michoacán. Confieso, insisto, que mi miedo no anda en burro. Si son cómplices, con todo y sus calzones limpios, al bote cien años… ni hablar.

marialuisachinamendoza@yahoo.es

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