La ciencia es una forma de pensar, una actitud ante los hechos de la vida, de la naturaleza, de los semejantes, de la historia. Privilegia la indagación, la pregunta curiosa que procura alguna forma de respuesta comprobable a un porqué que nos desafía. De cierta manera, es indiferente si la persona que intenta resolver una duda sobre la naturaleza es religiosa o no. Si hay cierta formación o inclinación por el pensamiento científico, se reflejará en cómo concebir a un ser supremo. Puede ser racional o irracional, este último, como el de los Testigos de Jehová, que prefieren la muerte a una transfusión sanguínea o el de quienes insisten en la versión bíblica de un Dios que crea el mundo en siete días, en vez del increíblemente complejo e imaginativo que, quizás, desde la Gran Explosión, va creando cada uno de los elementos, primero con la fusión nuclear del hidrógeno.
La ciencia y su propagación entre los ciudadanos ha sido uno de los factores con mayor influencia civilizatoria. Ya no tiramos vírgenes a los cenotes, para propiciar lluvias, ni como Enrique VIII matamos a la esposa que no nos da un varón ni determinamos la inocencia o no de un individuo por su aguante para caminar sin quemarse sobre las ascuas de carbones encendidos. La descripción del ADN y la generalización de la técnica para identificarlo ha permitido un gran avance en la criminalística, aunque ha acabado con una gran veta para las novelas románticas, pues la revelación de la paternidad ya no es producto de muchas páginas o capítulos de intrigas, sino de una prueba de laboratorio.
Leo Lederman, el premio Nobel de Física 1988, resume las principales ideas de la ciencia que aportó el siglo XX: “Todo está hecho de átomos, la biología depende de la evolución darwiniana; la creación del universo, ahora sabemos que éste comenzó hace 14.7 mil millones de años; la geología planetaria, cómo se crearon sus conexiones, las similitudes limítrofes entre África y América y los movimientos de las placas tectónicas; la genética molecular; el origen de la vida, el cual sigue siendo un misterio; los micromundos, quarks, leptones y partículas elementales; el papel de la simetría de la física, es decir, cómo la naturaleza respeta las simetrías y su impacto en la teoría matemática de la simetría, así como en física, química y biología; las neurociencias y, dado que el proceso de aprendizaje ocurre en la mente, en cuanto más sepamos en esta materia, mejor podremos enseñar; la naturaleza de las matemáticas, el poder de la tecnología, la ingeniería y las ciencias computacionales”.
En la primera década de este siglo cayó uno de los dogmas sagrados con el que crecimos muchas generaciones: “Todas las células se reproducen, menos las neuronas”. Recientemente se ha descubierto que el cerebro adulto sigue produciendo neuronas y se ha demostrado una correlación importante entre la neurogénesis y las condiciones sociales que afectan al individuo: el afecto, el deporte, la inquietud por aprender nuevas habilidades, etcétera. A la lista de Lederman habría que agregar los grandes avances en las ciencias sociales, en particular en las ciencias de la historia, en psicología, sociología, las cognoscitivas, etcétera.
La ciencia no puede ser área exclusiva de los científicos, todos los ciudadanos deben tener acceso, cuando niños, a una educación abierta a la indagación científica y de adultos, a oportunidades para disfrutar y acompañar, aun cuando sea en forma amateur, los nuevos descubrimientos.
En las próximas elecciones no podemos elegir a analfabetos científicos como diputados. Escoja usted diez o 20 preguntas facilitas sobre ciencia, tomadas de la currícula del siglo XX y pregúntelas a sus candidatos. ¿Afirman él o ella que la epidemia del virus A H1N1 es producto de una conspiración? Tache, no sabe nada. ¿Sabe su candidato cuánto invierte y cuánto del PIB debería invertir México en ciencia y tecnología? No sabe: tache. ¿Está de acuerdo su candidato/a con suprimir la enseñanza de la historia y la filosofía en la preparatoria? Tache también. ¿Qué piensa sobre el futuro energético del país? Y tantos otros temas de los cuales depende nuestro desarrollo. Póngase exigente al elegir y vote por candidatos comprometidos con una educación de calidad y una política de Estado con desarrollo de la ciencia.
Felicito desde aquí al ingeniero Guillermo Fernández de la Garza, al haber recibido el premio PuRkua de la Academia de Ciencias de Francia y la Escuela de Minas de Saint-Etienne, por su labor de divulgación de la ciencia y su compromiso con la introducción de la educación en ciencias en los niños, a través de Innovación en la Enseñanza de la Ciencia (Innovec) y los Sistemas de Enseñanza Vivencial e Indagatoria de la Ciencia, que hoy ya se practican en ocho estados de la República, gracias a una alianza entre la SEP, las secretarías estatales e Innovec. ¡Felicidades, Guillermo!
En las próximas elecciones no podemos elegir a analfabetos científicos como diputados.