MARTES 24 de noviembre del 2009

Me quejo, luego existo

Adina Chelminsky

“Le doy pena a mi familia. Cada vez que compro algo y tengo algún problema con el bien o servicio que
me dan (se rompe, no es lo que me habían prometido, problemas con la calidad…) no dudo en regresar a
la tienda a ‘armar un pancho’”.

 

Doktor Dinero: Le doy pena a mi familia. Cada vez que compro algo y tengo algún problema con el bien o servicio que me dan (se rompe, no es lo que me habían prometido, problemas con la calidad…) no dudo en regresar a la tienda a armar un pancho. A mis hijos y a mi marido les avergüenza mi actitud y, lo que es peor, pocas veces consigo arreglar el problema. ¿Estoy mal? ¿Algún consejo? Ama de casa desesperada

Estimada Ama de casa:

En la cultura de lo desechable y de la vergüenza hemos perdido el arte de quejarnos efectivamente. Pensamos: “bueno, si no sirve ya compraré otro” o “no voy a perder el estilo por ir a quejarme”. En consecuencia, muchas veces recibimos, y nos conformamos, con bienes y servicios que no están a la altura de lo que esperábamos o de lo que nos ofrecieron.

Éste es un problema que aunque mundano (“típico de amas de casa”, dirán algunos), tiene una enorme importancia en nuestras finanzas personales, en nuestro gasto y en lo que podemos ahorrar (las reparaciones o eventual reposición pueden ser muy costosas y dañar tu presupuesto). Además, NADIE DEBE ESTAR PELEADO CON SU DINERO. No importa si es un calzón o un automóvil, tienes todo el derecho, es más, la obligación, de proteger lo que compraste y pedir un servicio adecuado y justo. Ahora, PELEARTE CON TODOS LOS VENDEDORES TAMPOCO ES EL CAMINO. Para poder reclamar con éxito, hay que aprenderlo a hacer:

1. Sé realista en tus expectativas. Si compras un producto en la televisión a las 3 de la mañana que te promete ser la piedra filosofal y recibes simplemente una piedra… el problema no está en quien te lo vendió sino en tus horas de insomnio. Cada vez que evalúes un producto a comprar piensa realmente en lo que te están ofreciendo y lo que puedes esperar por el precio y tipo de bien que es. Compara entre productos similares para verificar la calidad y el precio.

2. Haz tu tarea después de comprar. Guarda y LEE todos los instructivos, garantías, notas de compra y documentación del producto. Asimismo a la hora de comprar pregunta al vendedor qué es lo que debes hacer (y a dónde dirigirte) en caso de enfrentar cualquier tipo de problema.

3. Lleva una bitácora. Muchas veces en el mundo de las quejas tienes que hablar con más de una persona (por no decir mil de ellas). Antes de empezar tu trayecto apunta el problema original con todos los datos pertinentes y conforme hables con cada persona (el asistente, el consultor, el subdirector…) apunta la fecha y hora de tu llamada o contacto, el nombre completo de la persona y su puesto y lo que te dijeron. Así podrás ser más ágil explicando y avanzando en la escalera burocrática.

4. El que se enoja, pierde. Por más difícil que sea y por más desesperada que estés no pierdas la vertical. Ni grites ni insultes ni amenaces con cosas o acciones que no estás dispuesta a tomar. Eso sólo te resta seriedad y salud.

6. Acude a las autoridades. La Profeco (para compras de bienes y servicios) y la Condusef (para servicios financieros) son instituciones que te pueden ayudar a resolver cualquier queja. Acude a ellas. Primero averigua qué es exactamente lo que tienes que llevar (para ahorrarte vueltas en vano) y sigue los pasos anteriores para asegurar dar una solución pronta y a tu favor a cualquier problema.

Recuerda, si tú no proteges tu dinero y tus bienes (sean grandes o pequeños) nadie más lo hará por ti.

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