Disfruto de una excelente película en la que Russell Crowe es un periodista obsesivo que investiga un asesinato y tras muchas aventuras logra detener y encarcelar a un poderoso senador de Estados Unidos. Esto me recordó la saga de Carl Bernstein y Bob Woodward, reporteros del Washington Post, que en 1972 pusieron en evidencia el espionaje a los demócratas ordenado por Richard Nixon y lograron que renunciara a la presidencia en 1974.
Este es el llamado “cuarto poder” —término acuñado por Edmund Burke— que sintetiza y refleja la opinión pública, puede tener grandes repercusiones, influir directamente en la vida nacional y en los otros poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
Y, en México, ¿qué poder tiene el cuarto poder?, veamos.
Se supo de lo que ocurrió en Tlatelolco en 68, se gastaron toneladas de tinta, fueron publicadas evidencias de los crímenes… y no pasó nada; se conocieron los atropellos del Negro Durazo, un libro contó todas sus fechorías… y no pasó nada; se exhibió públicamente la “caída del sistema” en 1988, lo que constituye un grave delito… y no pasó nada; se publicaron los datos de cientos de millones de pesos del Sindicato Petrolero para el PRI… y no pasó nada.
Y, más recientemente, se filma al amigo más cercano de un jefe de Gobierno recibiendo miles de dólares, se publica y se comenta el delito… y no pasa nada; se graba y se publica la conversación de un gobernador pederasta, se confirma su ataque y vejación a una valiente escritora… y no pasa nada; se escuchan los insultos de un gobernador ebrio que regala a una iglesia dinero de nuestros impuestos…y no pasa nada; se publica el engaño y la falsificación de documentos en el caso de una joven víctima de un policía ebrio… y no pasa nada; se documenta la tortura por los esbirros de un presidente municipal, a él “le vale Wilson”… y no pasa nada.
Y, en estos días, un empresario corrupto publica sus memorias hablando de la corrupción de quienes lo extorsionaron… y no pasa nada; un ex presidente gris confirma que su sucesor se robó el dinero de la “partida secreta” de la Presidencia… y no pasa nada; un marchito y dolido ex candidato a la Presidencia acusa a otros mandatarios… y no pasa nada.
Todo esto significa que lo que llamamos cuarto poder no tiene poder. En Estados Unidos, la publicación del escándalo Watergate tiró a un presidente; en Inglaterra, la exhibición de un escándalo sexual hizo renunciar a un primer ministro y, ayer, los dispendios del Parlamento británico llevaron a la renuncia de Michael Martin, presidente de la Cámara de los Comunes, pero aquí todo queda en anécdota.
A más de la ceguera y la omisión de las autoridades ante las denuncias periodísticas, en México aún existe el fuero, y los delincuentes con él, gobernadores, legisladores, etcétera, son impunes y se ríen de nosotros.
¿Será que las investigaciones de los reporteros —los de Excélsior han sido particularmente incisivos y directos— sólo sirven para vender más diarios?, ¿será que las publicaciones del cuarto poder son sólo tema para pláticas de café?, ¿será que el cuarto poder sólo tiene el poder de hacer ruido?
El cuarto poder es la voz de los ciudadanos, gracias a él nos enteramos de fraudes, desfalcos, violaciones a los derechos humanos, robos, asesinatos, etcétera, pero las autoridades ni ven ni oyen ni actúan.
Yo, como millonésima parte de ese cuarto poder, me siento muy mal por eso.
raalvare2009@hotmail.com
Se graba y se publica la conversación de un gobernador pederasta, se confirma su ataque y vejación a una valiente escritora... y no pasa nada.