Ahmadinejad o Mussavi
Esther Shabot
Tanto en Londres como en París, Berlín, Washington y la mayoría de las capitales árabes han surgido comentarios favorables a Mir-Hussein Mussavi.
Hay esperanza en muchas dirigencias políticas del mundo de que muy pronto el nombre tan difícil de pronunciar Ahmadinejad sea dejado de lado para ser sustituido por el de Mir-Hussein Mussavi, el principal contendiente del actual Presidente iraní en las elecciones que se celebrarán en el país persa el 12 de junio próximo. Este hombre es un político perteneciente al llamado bando reformista en Irán y posee una amplia trayectoria al haber servido durante décadas en altos puestos. Fue durante dos años ministro de relaciones exteriores del Ayatola Jomeini, para ser posteriormente primer ministro a lo largo de ocho años. En esa década desarrolló toda una red de contactos con políticos europeos, de Estados Unidos y de países árabes que lo mostraron como alguien capaz de combinar el uso público de una retórica revolucionaria y desafiante, con acciones pragmáticas elocuentes de un realismo político que se impone bajo la máscara de declaraciones altisonantes y provocadoras.
Es por ello que tanto de Londres como de París, Berlín, Washington y la mayoría de las capitales árabes han surgido comentarios favorables a este personaje, señalando que definitivamente se sentirían más confiados respecto al destino de las relaciones con Irán si Mussavi resultara electo para ocupar la silla presidencial. Para ellos, cualquier líder diferente a Ahmadinejad sería ya una ganancia, pero además existe la convicción de que la elección de Mussavi constituiría un signo de que hay voluntad en los círculos clericales dominantes de la necesidad de cambiar de rumbo y encauzar al país por una vía menos confrontativa e incendiaria.
A diferencia de Ahmadinejad que se siente realmente en contacto con el “Imán Escondido” (una especie de figura mesiánica a la que el chiismo está apegado), Mussavi es alguien más terrenal, con una experiencia sólida en relaciones internacionales: bajo su liderazgo se llevaron a cabo las negociaciones de Argelia que condujeron a la liberación de los rehenes norteamericanos después de 444 días de cautiverio en 1981, y negoció además en esa misma década la finalización de las acciones terroristas iraníes en suelo francés a cambio de una reducción en el apoyo galo a Saddam Hussein, entonces en guerra contra la República Islámica Iraní. Entre 1984 y 1986 Mussavi condujo también negociaciones secretas con la administración Reagan. Su coordinador en aquel entonces, Abbas Kangarloo, uno de sus hombres clave, desarrolló una serie de eficientes contactos en círculos diplomáticos y de inteligencia de Europa y Estados Unidos. En síntesis, Mussavi es calificado como alguien capaz de absorber y superar la etapa revolucionaria para encaminar a su país por una senda de mayor estabilidad, tanto política como económica.
No cabe duda de que el resultado de las elecciones de junio va a tener que ver no sólo con lo que el voto popular decida, sino de manera muy importante con el espaldarazo que la élite clerical de los ayatolas dé a uno u otro de los candidatos. Si Mussavi fuera el elegido se abre el margen de cambio posible en cuanto a las relaciones internacionales de Irán, a partir sobre todo de las negociaciones que el presidente Obama pretende impulsar para resolver cuestiones como la del ilícito desarrollo nuclear de ese país.
Sin embargo, las expectativas optimistas derivadas de un triunfo de Mussavi no deben exagerarse, porque es posible también que éste, como sucedió con el caso del presidente reformista Khatami que antecedió a Ahmadinejad, caiga también preso de una estructura conservadora a ultranza que lo inmovilice, le impida realizar cambios de fondo y lo utilice tan sólo como elemento decorativo que disfrace con habilidad y mediante el uso de una retórica más complaciente y menos rijosa, las mismas ambiciones de hegemonía regional y exportación del proyecto revolucionario islámico chiita en que ha estado embarcado Irán desde hace ya treinta años.