MARTES 9 de febrero del 2010

Ahumada liga a Salinas, Diego y Creel con videos

Jorge Fernández Menéndez

• El 'Jefe Diego' ve presiones
 Piden a PGR citar a Salinas, Fox y al 'Jefe Diego'
 Descartan que afecte al PAN libro de Ahumada
 Libro de Ahumada, un cochinero amarillo: Döring
 Puede IEDF reabrir caso Ahumada contra PRD

La divulgación de los videoescándalos “no fue una revancha, fue una decisión individual, que fue aprovechada o de la que sacaron beneficio grupos de poder y personas que tuvieron la manera de manejar esta información”, dice Carlos Ahumada en su libro Derecho de réplica, que en los próximos días comenzará a circular, editado por Grijalbo.

Ahumada cuenta en el texto cómo comenzó su relación con el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Gobierno del Distrito Federal (GDF); cómo financió a diversos candidatos de ese partido, incluyendo a Andrés Manuel López Obrador; cómo fue extorsionado por René Bejarano, Carlos Ímaz, Bertha Luján, Claudia Sheinbaum y otros integrantes del gobierno perredista; cuál fue su relación con Rosario Robles y otros dirigentes de su corriente, entre ellos Ramón Sosamontes, y cómo decidió grabar a sus interlocutores cuando el PRD y el GDF no sólo le debían cantidades millonarias, sino que también no le permitían dejar de trabajar para la administración capitalina, aunque no le pagaban los contratos respectivos.

La deuda oficial del perredismo y de los funcionarios del Distrito Federal con Ahumada superó, en 2003, los 400 millones de pesos. Los recursos que les entregó personalmente para hacer proselitismo o para asuntos personales no está siquiera calculada. Sólo a Carlos Ímaz le entregó, estima, cuatro millones 600 mil pesos.

Fueron grabados desde el inicio de 2003 afirma Ahumada Gustavo Ponce, René Bejarano, Carlos Ímaz, Rosario Robles, Armando Quintero, Fátima Mena, Leticia Robles, Higinio Martínez, Gabino Cué, Horacio Duarte Olivares, Jaime Espejel, Francisco Martínez Rojo, José Antonio Preciado y Luis Sánchez, a quienes apoyó dice financieramente, entre muchos otros perredistas, algunos íntimos y otros enfrentados con López Obrador.

En agosto de 2003 conoció comenta Ahumada en su libro, por instancia de Javier Solórzano y del abogado Juan Collado, a Carlos Salinas de Gortari. Fue en su casa de Tlalpan. En la primera reunión, el ex Presidente le regaló un libro de Mao que le quería hacer llegar a Rosario Robles, en la que llevaba subrayada la frase: “Para derrocar al centro, hay que empezar de afuera hacia adentro”.

A partir de entonces comenzó a frecuentar al ex mandatario en compañía de Rosario Robles. En septiembre de 2003 se reunieron en Londres: Rosario escribe Ahumada creía que a través de Carlos Salinas podía solucionar los problemas financieros del PRD, derivados en buena medida de la campaña de apoyo a López Obrador en el año 2000. En esa cena en Londres, dice el autor, el ex Presidente se comprometió a tratar de apoyar a Rosario para solventarla, con recursos de los gobernadores Arturo Montiel y Manuel Andrade, entre otros.

Dos semanas después tuvieron otra reunión en La Habana. Y en noviembre volvieron a reunirse, pero ya en la casa de Carlos Salinas, en Tlalpan. “Al rato de iniciada la reunión, abordamos el tema por el cual íbamos. Enseñarle uno de los videos de Bejarano y el de Ímaz… Yo lo llevaba en un disco compacto… Subimos, Salinas prendió su computadora, puso el disco y comenzaron a aparecer las imágenes de Bejarano en la pantalla… dijo algo así como: ‘Es muy duro, devastador, con esto están acabados’”. La reunión concluyó en la madrugada.

Todavía el 13 de enero de 2004, Ahumada se reunió con René Bejarano en el restaurante Balmoral, en el hotel Presidente, pidiéndole que le pagaran lo que le debían, que lo dejaran de extorsionar y lo liberaran de seguir trabajando para el gobierno de la Ciudad de México.

En esa reunión, afirma Ahumada, Bejarano “me amenazó claramente y me dijo que no sólo podía tener problemas económicos y de trabajo, sino que también tenía que cuidar la seguridad de mi familia y la mía” y “que si quería me podía meter a la cárcel”.

En el siguiente encuentro con Carlos Salinas, Ahumada le planteó el conflicto con el GDF, y el propio Salinas le aseguró que para entonces López Obrador ya debía estar enterado de la existencia de los videos y que había que acelerar su difusión, para evitar represalias anticipadas. Le advirtió además que ya no estaría seguro en México y que López Obrador intentaría, como ocurrió, meterlo a la cárcel.

En el libro, formado con base en las preguntas de distintos periodistas, le pregunté a Ahumada quién decidió divulgar los videos. “Yo, en lo personal contesta, no decidí la manera de dar a conocer los videos. Eso lo decidió Carlos Salinas de Gortari. Me planteó la estrategia junto con Diego Fernández de Cevallos. Fui testigo de las múltiples conversaciones que ambos sostuvieron con Santiago Creel, entonces secretario de Gobernación, así como con Ramón Martín Huerta, subsecretario de Gobierno de esa misma dependencia, con el objeto de coordinar la difusión de los famosos videos”.

Y “fue Salinas agrega quien dijo que era mejor darlos a conocer por Televisa… fue Salinas quien decidió la estrategia, no la decidí yo”.

Y concluye: “Salinas fue el cerebro de los videoescándalos. Yo fui el de los videos, él fue el del escándalo. En cuanto a Diego Fernández de Cevallos, fue el coordinador”.

El financiamiento de Ahumada se daba desde el pago directo a distintos funcionarios y dirigentes del partido (en algunos casos para gastos partidarios, en otros para asuntos personales como un viaje a Europa para Carlos Ímaz y Claudia Sheinbaum, tema que trató con López Obrador y que éste no quiso volver a abordar jamás) y a través de préstamos que eran solicitados por las empresas de Ahumada a Banca Afirme y que eran entregados directamente al PRD, asumiendo Ahumada esas deudas.

Se suponía que el Partido de la Revolución Democrática o el gobierno de la capital refinanciarían luego esos préstamos con pagos directos o con obras. Desde 2001 se mantuvo ese mecanismo, pero el gobierno de López Obrador, al tiempo que seguía exigiendo vía Bejarano y Bertha Luján esos préstamos, se negaba a pagarlos.

Cuando Ahumada reclamaba el pago, Luján enviaba auditorías a sus empresas, revisiones que no se retiraban hasta que el mecanismo siguiera funcionando.

Cuando después de la difusión de los videos llegó la reacción brutal de López Obrador, que mantuvo a Ahumada cuatro años en la cárcel, dice el empresario: “Pedí protección y nadie me ayudó. ¿A quiénes? Al presidente Vicente Fox; al secretario de Gobernación, Santiago Creel; al procurador Rafael Macedo de la Concha; al presidente del Senado, Diego Fernández de Cevallos, y a Carlos Salinas, el poder tras el poder. Todos ellos, llegado el momento, me abandonaron, me dejaron solo y pagué las consecuencias de haber confiado en ellos”.

©Derechos Reservados Periódico Excélsior, S.A. de C.V., 2007. Bucareli No. 1, Col. Centro. C.P. 06600 México, D.F. Tel. + 52 (55) 5128 3000. Diseñado por Excélsior