No vemos a los partidos políticos combatiendo la influenza humana que tanto pánico ha provocado en México. Siguen en lo suyo, buscando votos, asegurando sindicatos y haciendo declaraciones. Felipe Calderón medio cumple con su alta responsabilidad. Ebrard utiliza la pandemia para despertar mayores simpatías y alcanzar a López Obrador en cuanto a popularidad. Tiene la ventaja de ser jefe de Gobierno del DF y ello le permite dosis gratuitas de publicidad. Sin embargo, muchos le reprochan que no trabaje de manera coordinada con el gobierno federal, que siga jugando a que la capital es un territorio independiente y que no hable con el espurio. Como si fuera poco, ahora sabemos que esta perversión ha llevado al gabinete de Ebrard a ignorar las disposiciones federales. Ricardo Alemán lo dice así: “Ebrard se placea bajo los reflectores de una epidemia que lo tomó mal parado. Sus secretarios de Educación y Salud ni se enteraron de la suspensión de clases en el DF y de que no existe vacuna para la nueva cepa del virus.”
Tal actitud del gobierno capitalino no es nueva. Lo vimos politizar el problema del agua. Echarle las culpas al gobierno federal. Al final, había no exagerado sino mentido. Esto es sacar provecho de cualquier problema. Es parte de la estrategia del pejismo, una política destructiva y rencorosa que Jorge Fernández Menéndez calificó como “protagonismo y mezquindad”. Ebrard cierra restaurantes y bares y deja abiertos más de 70 mil puestos callejeros inmundos, muchos alrededor de hospitales, sabiendo que son fuente de contaminación. Pero de aquí sale bastante dinero para las campañas perredistas.
Lealtades enfermizas aparte, Ebrard necesita mayor grado de popularidad para desplazar de las aspiraciones presidenciales a López Obrador, a quien efectivamente la gente identifica con más facilidad, lo que no lo hace por completo exitoso. Como vimos en la encuesta hecha por Excélsior: padece una fuerte antipatía que va de regular, a mala y muy mala. Apoyado por el PT y Convergencia, tiene al PRD sujeto del cuello. Pero su conducta cada vez le ayuda menos en su segunda intentona por alcanzar Los Pinos. En cambio, Ebrard, recupera simpatías y a falta de un tercer aspirante dentro del PRD (quizá Lázaro Cárdenas Batel), podría ser investido como tal, con apoyo de Los Chuchos cuyas intenciones parecen buenas, sólo que siempre fracasan ante las embestidas del caudillo tabasqueño. El problema de Ebrard es su indecisión, el quedar bien con el poderío interno de López Obrador. Si quiere hacer un buen gobierno y al fin tener méritos propios, deberá poner distancia con el grupo que encabeza el Peje y aceptar que la realidad es otra, distinta de la que el gobierno legítimo encabeza. Me gustaría saber qué piensan los distinguidos y celebrados intelectuales que lo apoyan: ¿qué opinan de la carta cursi y mal redactada que le hizo llegar a Obama? ¿Realmente lo toman en serio? ¿En efecto, suponen que la influenza humana es parte de un monstruoso complot de la derecha para destruir a México? De ser una estrategia malvada, le hubieran avisado a Manuel Camacho con el fin de evitar su ridículo artículo sobre su contagio de influenza.
Pero una cosa es ganar la candidatura dentro del PRD y otra bien distinta es triunfar sobre el PAN y el PRI. Hasta hoy en las encuestas, ningún perredista queda cerca del bebesaurio Peña Nieto. El PAN no tiene candidato visible. Calderón, al morir Mouriño, se quedó sin delfín. Hemos visto cómo la popularidad del Presidente crece y la oposición ordenada por AMLO disminuye. En consecuencia, si el mandatario mexicano concluye su periodo con un alto reconocimiento, podría ser de ayuda para que Acción Nacional retenga el poder.
Por desgracia, unos y otros aprovechan el infortunio de los mexicanos para lucrar. Candidatos del PRI y del PAN se promueven repartiendo tapabocas y los pejistas han lanzado una campaña de largo alcance, sobre todo por internet, en la que hablan de un complot de la derecha para destruir a López Obrador. Los alcances son inauditos, yo no sólo recibo tales mensajes por docenas, sino que amigos míos de Perú, Dinamarca, Corea y España me escriben advirtiéndome que tenga cuidado con la maniobra de Calderón luego de su encuentro con Obama. Grave es que la oposición perredista utilice un problema nacional para sacar tajada, mentir y exhibir vicios, cuando se requiere unidad, trabajo colectivo. Pero no, las órdenes del Peje son definitivas: nada con el ilegítimo, todo para que él llegue a Los Pinos a rehacer al país. Sería mejor buscar la forma de acumular méritos con fines electorales. En el fondo, la culpa de esta situación de excesiva politización (digámoslo suavemente) es de la incapacidad de Calderón y el PAN para tejer acuerdos y alianzas. Y si no, hay que analizar la conducta de Germán Martínez o la de Calderón, que ya imaginan tener al país bajo control. No hay duda, vienen tres años difíciles.