Una golondrina no hace verano
Gerardo Aparicio Yacotu
Cuando se ha resentido una crisis como la que vivimos, cualquier indicador positivo nos puede ilusionar con que ya pasó lo peor.
Por ello la cautela debe continuar por parte de los participantes económicos: gobierno, empresas y familias.
No nos culpemos por sentirnos cada vez con mejor animo, por una recuperación del valor de nuestra moneda ante el dólar o una tasa de interés cada vez menor que, muy seguramente, no llegará a niveles de países como Canadá e Inglaterra, en donde hay niveles de casi cero por ciento.
Sin querer ser pesimista, que es lo peor que podríamos hacer, eso no debe empañar la realidad, como que el tipo de cambio se ha fortalecido porque había perdido tanto, hasta llegar a tener la moneda más devaluada en el mundo y que verdaderamente no existían condiciones estructurales para ello, sino, más bien, un pánico económico en esa parte fundamental que son los inversionistas, quienes habían acudido a puerto seguro atentado contra la moneda.
O bien que el indicador bursátil comience a subir estrepitosamente, pero porque ya había perdido tanto que cualquier signo de mejora repercute en las emisoras de nuestro país. Era lógico tener buenos resultados, dado que en una crisis no todos pierden: algunos ganan.
Como ejemplo están empresas que han entendido que antes de subir el precio, la prioridad es mantener la venta a costa de un sacrificio de la utilidad.
Además, el inversionista, al ver una tasa en bonos de cualquier país cuyas tasas son hasta en algunos casos negativas, el único lugar que lo acoge mientras el horizonte sea de largo plazo es justamente el mercado bursátil.
Hace unos días el director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, predijo que 2009 sería “un año horrible”, con una recesión mundial “profunda”, y condicionó la recuperación en 2010 a que los gobiernos aumenten sus intervenciones en la economía.
Al final, todos debemos tomar conciencia de cómo hacer las cosas y fortalecer aquello digno de hacerlo, o cortar lo que en este momento nos distrae recursos, pero que realmente no es productivo ni rentable o, incluso, que hasta pérdidas nos ha generado.
*Escuela de Ciencias Econoómicas y Empresariales.
Universidad Panamericana