MARTES 24 de noviembre del 2009

La era Bush

Olallo Rubio

El crítico estadunidense Michael Atkinson dice que durante la era Bush hemos visto desde tortura pornográfica hasta superhéroes. El cine gringo, durante el mandato de W., ha visto florecer cintas muy violentas, pero lo que realmente busca la población del país vecino es escapar.

Durante la era Reagan, la sociedad estadunidense estaba obsesionada con Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger, Chuck Norris y las comedias de Ivan Reitman. Ellos lograron llegar al clímax de una contradicción conocida como hiperrealismo fantástico. La explosión del cine independiente acabó con todo eso.

Fue una nueva ola de producciones genuinas: Soderbergh, Tarantino, Richard Linklater, Abel Ferrara, Alexander Rockwell, Roger Avary y muchos más redireccionaron las tendencias. Ahora muchos preguntan hacia dónde se dirige el cine después de que la estatua de Bush se derrumbó. Aunque W., la cinta de Oliver Stone, decepcionó a aquellos fans que esperaban la narrativa de cintas como JFK y Nixon, no deja de ser representativa de una nueva era. W. fue sicoanalizado a través de una película. Los estadunidenses estudian y evalúan su historia a través del cine.

Y es probable que los niños y adolescentes mexicanos estudiarían la historia de nuestro país con más entusiasmo si se les presentara con una narrativa cinematográfica. Claro que se corren riesgos, pero muchos aspectos de la historia serían analizados con más atención si nuestra mini-industria hiciera más cintas relacionadas con acontecimientos históricos importantes.

Los presidentes de Estados Unidos han dejado legados dramáticos que se prestan para ser recreados cinematográficamente: Nixon es un drama que incluye una fabricación de motivación, efecto, línea de tiempo y un personaje multidimensional. Nixon fue una tragedia mientras Clinton fue una comedia centrada en problemas maritales. La historia de Bush es una especie de thriller sobre el fin del mundo, lo que los cinéfilos llaman doomsday thriller.

La principal inspiración de W. fue nada más y nada menos que Dr. Strangelove or: How I learned to stop worrying and love the bomb. El clásico de Stanley Kubrick iba a ser un drama sobre la paranoia de la guerra fría y terminó siendo una comedia. Lo que en Dr. Strangelove fue planteado como una sátira muy exagerada se convirtió en una realidad durante los primeros años del nuevo milenio.

En la era de Bush los superhéroes cobraron más fuerza que nunca, pero también la explosión de la llamada “televisión de realidad” permitió que el género documental y la denuncia ciudadana se manifestaran a través del cine. Michael Moore no era un cineasta nuevo cuando Bowling for Columbine se convirtió en un fenómeno internacional.

De alguna manera, Moore estaba adelantado a su tiempo cuando estrenó Roger & me en 1989, pero pasó más de una década para que su denuncia audiovisual fuera reconocida. Con Fahrenheit 911 ganó la Palma de Oro y se convirtió en uno de los cineastas más aplaudidos de la década. Veamos qué pasa en los siguientes años.

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