Carlos Abascal tiñó siempre la vida pública con su credo
Héctor Figueroa Alcántara
Carlos María Abascal Carranza, fallecido ayer a los 59 años de edad, víctima del cáncer, fue un destacado empresario y militante del PAN, allegado a la parte más tradicional de su partido. Durante el sexenio de Vicente Fox fue secretario del Trabajo y más tarde de Gobernación.
“Contaba con el respeto de todos, fue un hombre católico, demócrata y mexicano ejemplar”, dijo el dirigente de Acción Nacional, Germán Martínez Cázares, al lamentar el deceso.
Fue hijo de Salvador Abascal Infante, dirigente de la Unión Nacional Sinarquista (UNS), movimiento político heredero de la lucha armada de los Cristeros, el cual buscó derrocar a los regímenes emanados de la Revolución Mexicana e instaurar un Estado católico.
Abascal Carranza nació el 14 de junio de 1949 en el Distrito Federal, y en 1973 se graduó de la Escuela Libre de Derecho; estudió una especialización en el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresas.
Católico doctrinario, “desde siempre y hasta el último momento”, como él mismo lo afirmó, Abascal siempre admitió que su actuación como hombre de Estado estaría impregnada de su creencia religiosa.
En 2001 confrontó al escritor Carlos Fuentes cuando se opuso a que la novela Aura fuera un libro de texto para educación secundaria, al considerar que la obra sólo debería ser leída por personas adultas.
Así, se vio inmerso en una controversia, luego de que la profesora de secundaria Georgina Rábago fuera despedida después de encargar a sus alumnas la lectura del libro del reconocido escritor.
Entre las alumnas se encontraba una hija de Abascal. Al funcionario le pareció que las lecturas no eran adecuadas para jóvenes de secundaria, por lo que, “como cualquier padre de familia”, expresó su desacuerdo con esos textos.
En enero de 2002, el entonces secretario del Trabajo fue un vehemente opositor al aval que otorgó la Suprema Corte a la legalización del aborto bajo ciertas causales en el Distrito Federal en la llamada Ley Robles, promovida desde 1999.
Todavía en agosto de este año, Abascal Carranza asistió a las audiencias públicas de la Corte para argumentar su oposición a la despenalización de la interrupción del embarazo en la Ciudad de México hasta las 12 semanas de gestación.
Fue hasta ayer director de la Fundación Rafael Preciado y secretario de Formación y Capacitación del PAN. Asimismo, fue fundador y vicepresidente del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (Imdosoc), además de ser un personaje muy cercano a la familia Fox.
En el año 2000 formó parte del equipo de transición del primer Presidente panista y fue secretario del Trabajo hasta junio de 2005, cuando recibió el encargo de sustituir en Gobernación a Santiago Creel Miranda, quien pretendía alcanzar la candidatura del PAN a Los Pinos.
En el ámbito empresarial, fue titular de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), de la Fundación para el Desarrollo Sostenible en México y del Consejo de Administración de Proliber.
Durante su gestión como secretario del Trabajo promovió la llamada Ley Abascal —la cual nunca fue aprobada—, que promovía modificaciones sustanciales a la Ley Federal del Trabajo para facilitar las contrataciones laborales eventuales y el pago por hora trabajada.
En su vida académica dictó conferencias sobre temas filosóficos, educativos, económicos, históricos, políticos, empresariales, laborales y religiosos; fue profesor en formación social de la Unión Social de Empresarios de México.
Apenas la semana pasada fue galardonado con el doctorado Honoris Causa de la Universidad Anáhuac. El próximo sábado, durante la sesión del Consejo Político del PAN, se le rendirá un homenaje póstumo. Ayer en la sede nacional panista fueron colocados moños negros en señal de duelo.
En su último discurso público, tras recibir su investidura, el 26 de noviembre, Abascal presentó su Tesis, “una reflexión del papel que juega el hombre en el mundo terrenal y su relación con Dios”.
A pesar de su debilidad y de llevar un material videograbado como soporte, no quiso dejar de dar en persona el mensaje que había preparado como testimonio de su vida.
“Yo estoy hecho de amor de Dios. Yo creo que todos estamos hechos de amor de Dios, sólo que la diferencia entre los hombres es que algunos se dan cuenta y otros no.”
De acuerdo con Abascal, el cristiano está llamado a transformar el mundo, y nace con dos sellos distintivos: su dignidad, por estar hecho a imagen y semejanza divina, y su vocación social, la cual no puede ser realizada por nadie más. “¡Nadie es imprescindible!”, destacó.