Nelson les arruinó la fiesta
Martín Moreno
El informe triunfalista que preparaba el gobierno federal como muestra de su “cumplimiento” en los 100 días de plazo que la sociedad civil le impuso para mejorar la seguridad, fue hecho pedazos por las demoledoras críticas de Nelson Vargas, quien de lo menos que acusó a los aparatos de seguridad nacional fue de “negligentes y corruptos”, ante el secuestro de su hija Silvia.
El carnaval de cifras alegres que ya se tienen encima de los escritorios de los jefes de la seguridad nacional, fue neutralizado por las declaraciones del titular de la Conade en el sexenio anterior y que desde hace un año y dos meses sufre el plagio de su hija.
La euforia oficial que ya se avecinaba y que, de alguna manera, ya se había adelantado durante los discursos del presidente Calderón —quien en los últimos días ha citado los cargamentos récord de droga o de dinero decomisados—, se apagó aun antes de encender los juegos pirotécnicos de los “resultados”, a horas de cumplirse los famosos 100 días.
A Nelson Vargas no le falta razón cuando, en la angustia máxima de un padre, exclama, tras las pistas entregadas desde hace tiempo tanto a la SIEDO como a la PFP sobre el secuestro de Silvia, y acerca de las que nada hicieron: “¿Eso es no tener nada? ¡Eso es no tener madre..!
Y lo dice porque hoy podemos confirmar algo que desde el inicio de este drama indignó profundamente a Nelson: horas y días después del plagio de Silvia, los altos jefes policiacos del país ni siquiera le atendían la llamada ni mucho menos lo recibían. No se tomaban la molestia ni de responder a los ruegos telefónicos de Vargas. Mostraron un desdén ofensivo y una indiferencia criminal. De ahí su frase de: ¡Eso es no tener madre!
Las acusaciones de Vargas, de ligar al secuestro de su hija a quien fue su chofer durante dos años, Óscar Ortiz González —hermano de Raúl, El Azul o El Flaco, uno de los secuestradores más peligrosos del país y hoy prófugo tras haberse escapado del hospital de Xoco gracias a la complicidad de tres agentes de la AFI—, era una pista que, según Nelson, desde un principio estuvo bajo el conocimiento tanto de la SIEDO como de la PFP, pero nada hicieron. Fue debido a una llamada anónima como emergió esta línea de investigación y no a la pesquisa policiaca. “No hicieron su trabajo”, aseguró Nelson.
Es decir: ni la SIEDO ni la PFP pudieron siquiera establecer las ligas entre Óscar el chofer, y el hermano de éste, Raúl, a pesar de ser el líder de la banda de secuestradores de Los Rojos. No pudieron o no quisieron, en lo que se constituiría, una vez más, como una muestra de la complicidad entre las policías y el crimen organizado.
Aún más: Vargas dijo que lo “asombroso e indignante del caso es que, desde el inicio del secuestro de mi hija, Óscar estaba dentro de las personas que yo señalé como posibles sospechosos y le solicité a la PFP investigar esta información que también fue entregada a la SIEDO. Si hubieran cumplido con su trabajo, se hubiera evitado que otras personas fueran secuestradas”.
Se quejó inclusive de que, en el caso de la camioneta en la que se realizó el plagio, “fueron omisos al no practicarle ninguna prueba para detectar huellas digitales de quien dejó abandonado el vehículo”. Ni siquiera se obtuvo información sobre el celular desde el cual se hizo la primera llamada de negociación.
En pocas palabras: la seguridad nacional volvió a fallar.
La contundente acusación de Nelson se da a unas horas de que se cumpla el plazo de los 100 días y de cara a la reunión que mañana realizará el Consejo Nacional de Seguridad Pública. ¿Con qué cara van a salir las autoridades, cuando ni siquiera sus agentes policiacos fueron capaces de ligar a los hermanos Ortiz González en el caso de Silvia Vargas, a pesar de que uno de ellos era chofer de la familia?
¿Con qué cara verán de frente a los padres de quienes, hoy, tienen a un hijo secuestrado? ¿O a los parientes de aquellos que fueron asesinados por resistirse a ser plagiados o asaltados? ¿O a quienes fueron víctimas de la violencia y el abuso policiacos? ¿Con qué cara?
Seguramente, como lo ha adelantado Calderón, nos dirán que se logró el récord de decomiso de cocaína. ¿De qué sirve, si somos el país con mayor número de secuestros en el mundo?
Se informará también que se incautó la mayor cantidad de dinero a nivel del orbe. ¿De qué sirve, si 98% de los delitos en México quedan impunes?
Y se dará a conocer que se ha capturado a 50 mil mafiosos. ¿De qué sirve, si, según datos del Ejército, hay medio millón de personas al servicio del narco?
¿De qué le sirve a Nelson Vargas y a tantos mexicanos conocer estas cifras, si sus familiares siguen en poder de los secuestradores o han sido asesinados, violados o asaltados?
Los parámetros con los que miden, tanto el gobierno como la sociedad civil, la seguridad, corren en sentido contrario. No son iguales. Mientras a la autoridad le interesa la frialdad de las cifras, a los ciudadanos les preocupa salir a las calles y regresar con vida a su hogar.
Y eso ocurre tanto a nivel federal como en la capital. Tenemos a un jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, que en lugar de asumir sus responsabilidades plenamente en estos momentos difíciles, se dedica a hacer galletitas junto a Galilea Montijo.
¿Dónde están los gobernadores? Anunciando demagógicamente sus logros de gobierno en horario triple A.
¿Dónde están los diputados y los senadores? Legislando, como siempre, al vapor.
Qué desgracia.