LUNES 23 de noviembre del 2009

Lo he dicho una y otra vez y lo he escuchado en muchos foros: nuestra balbuciente democracia necesita una izquierda inteligente y propositiva para tener el equilibrio adecuado de sus fuerzas políticas. No requiere una izquierda obsoleta cuyo objetivo sea “acabar con los ricos” ni una izquierda belicosa que sueñe con “tumbar” al gobierno. México no necesita una izquierda facciosa que rechaza cualquier argumento alternativo o una izquierda delincuente que comete atropellos y se roba el dinero y hasta las ligas ni una izquierda ofensiva e insultante que “con el debido respeto” (frase estúpidamente mañosa) denuesta y desconoce las instituciones nacionales. El país no requiere una izquierda tramposa que altera los resultados de las votaciones.

Pasaron 247 días desde la atropellada y cochinísima votación del Partido de la Revolución Democrática, 247 días en los que todo sucedió. Ya desde antes, violando todas las reglas, uno de los contendientes fue favorecido con la bendición expresa del presidente legítimo de la república patito (Carlos Marín dixit) y, después, ambos contendientes se dijeron ganadores, sus declaraciones cambiaron un día sí y otro también, se acusaron mutuamente, se insultaron. La Comisión Técnica Electoral dio como ganador a Ortega, hubo renuncias y descalificaciones, pero la Comisión de Garantías se hizo bolas y finalmente anuló la elección. Jesús Ortega impugnó la cancelación y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación confirmó como ganador a Ortega y…

En un acto de suprema incongruencia, Alejandro Encinas quien en algún tiempo fue congruente y propositivo, erigido en títere de la megalomanía y soberbia de su jefe, dijo que “no reconocerá a Jesús Ortega como presidente” ni “reconocerá un gobierno de facto”(sic), que renuncia a la secretaría del partido que por ley le corresponde, pero “no saldrá del PRD”, sino que va a formar un “Movimiento Nacional por la Renovación y el Rescate del PRD” (¡cuántos “movimientos”: en defensa del petróleo, en contra de la Ley del ISSSTE, en contra del Acuerdo por la Calidad de la Educación, cuántos “movimientos”!).

Y alguien se preguntará: ¿qué quiere o qué quiso decir Alejandro Encinas?, ¿por qué desconoce al presidente de su partido pero se queda dentro?, ¿por qué no se fue con sus seguidores (Ricardo Monreal ya tenía una lista preparada) a otro partido?, ¿cuál es la razón de todo esto?

Bill Clinton lo dijo con todas sus letras: It’s the money, stupid! Déjense de cuentos y argumentos falaces: es el dinero, el Partido de la Revolución Democrática recibe millones de pesos del IFE, poco más de un millón diario, y ese dinero no es nada despreciable. It’s the money, stupid!, y ahora que los legisladores del sol azteca, que daban dinero para los caprichos del pejítimo, disminuyeron de 127 a sólo 40 y en lugar de recibir más de tres millones de pesos para el “movimiento” obtendrá menos de 800 mil pesos, era más necesaria la permanencia de Alejandro Encinas en el PRD.

Esa no es la izquierda que necesita México. Yo he elogiado a Jesús Ortega porque, entre todos, parece ser el más congruente, pero nadando entre dos aguas, queriendo quedar bien con Dios y con el diablo y ahora, con el diablo dentro de su partido, no le aseguro las ganancias. El país seguirá esperando un líder real, honesto, congruente, propositivo, que lleve a la izquierda al lugar que se merece.

rafael.alvarez@nuevoexcelsior.com.mx

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