LUNES 23 de noviembre del 2009

Consigue el Ejecutivo borrar las caras tristes

Alejandro Sánchez

El martes el destino le arrebató no sólo a su principal operador político, sino a un amigo, pero ayer Felipe Calderón terminó de un manotazo con cinco días de duelo y demostró que está de vuelta: “A todos nos ha podido enormemente esta semana, este evento trágico, pero vamos a seguir adelante”, arengó a la plana mayor de su partido.

El Presidente llegó a la sede del PAN con otra actitud, contrastante aun a la que se le vio el sábado en la zona donde cayó el avión que trasladaba a Juan Camilo Mouriño y a ocho funcionarios más de San Luis Potosí.

Fue dicharachero, soltó una sonrisa, y en el homenaje póstumo hizo reír a representantes de su gabinete, gobernadores, alcaldes e integrantes de Acción Nacional.

Sacó del letargo a sus correligionarios cuando hizo un repaso de la trayectoria política de Mouriño, desde que la oposición se burló del entonces joven campechano de 25 años que buscaba ganar al PRI el primer distrito en su estado y que, pese a los augurios, venció al tricolor.

“Su historia fue breve en la política (12 años), pero deja una huella firme en la historia del PAN y del país”, aseguró Calderón, y viró hacia las elecciones de 2009.

A Mari Gely, la viuda que ayer vistió de blanco, y Carlos Mouriño Atanes, padre del difunto secretario de Gobernación, que escuchaban con atención, las palabras del Presidente les cambiaron el gesto, sobre todo el que mostraron cuando el presidente del PAN, Germán Martínez, intervino en el homenaje.

Martínez leyó una carta y dejó llanto en amigos y familiares, por los recuerdos, pero con poco contenido para invitar a militancia y funcionarios a ver hacia adelante.

“Te prometo que sin flaquezas ni desmayos, sin miedo y sin vacilaciones, que los panistas estaremos, como tú, al lado del presidente Calderón”, indicó.

En cambio, en los 50 minutos que habló, Calderón borró las caras tristes, desde que recordó cómo conoció a Mouriño:

“Yo soy Iván, acabo de regresar de la universidad (me contó), y la verdad no tenía muchas opciones, o me quedaba en mi casa y me tomaba un sándwich o me venía aquí con mis papás y comía muy rico.”

Las risas se escucharon el salón cuando comentó: “Le dije qué pena que tú teniendo todas las oportunidades y México tantas necesidades, no pongas tus talentos a este servicio, y él recordó que fue su primer regaño que le di”.

Después rememoró que cuando fue diputado vio en Juan Camilo al hombre ideal para presidir la comisión de Energía, que éste lo siguió a la Secretaría de Energía y que fue el primero que le ofreció ayuda cuando renunció, “y le tuve que decir espérate a que todo salga bien, tú eres el encargado despacho y no sea que nos echen la culpa”.

También se refirió a la época de campañas. Mouriño, dijo,“transmitía entusiasmo. Claro que con las encuestas eso parecía una locura, y en cierta medida lo era.

Y remató: “Dice Efraín González Morfín, ex presidente del partido, que para ser panista no es requisito indispensable estar loco, pero sí ayuda muchísimo”.

Y con mejor ánimo, Felipe Calderón dejó tarea a sus correligionarios: “En su memoria (Mouriño), pienso que se debieran tocar otra vez todas las puertas de México, tocar con los nudillos y decirle a los ciudadanos las ideas que tenemos... tocar las puertas y reconquistar a la gente, acercarse a ella.

El Ejecutivo también envió un mensaje de unidad a los panistas, pero al menos en el salón Manuel Gómez Morín de la sede nacional de su partido, no tuvo interlocutor, porque el grupo interno que suele identificarse como opuesto a los calderonistas no estuvo presente en esta ocasión.

“También homenajearlo significa dejar atrás y de una vez las mezquindades, las ruindades que nos impiden servir, que nos impiden hacer el bien y que nos atrapan en pleitos, en envidias, ruindades sin fin que paralizan la acción del partido, nos alejan de los ciudadanos y además nos hacen perder elecciones.

“Decidamos cumplir con el deber ético de ponernos a trabajar”, enfatizó.

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