MARTES 24 de noviembre del 2009

Un adiós bajo el cobijo de la bandera nacional

Andrés Becerril

Tendida sobre el féretro de madera color caoba en el que reposa Juan Camilo Mouriño Terrazo, la bandera de México que lo cobija resplandece en aquella capilla ardiente llena de familiares y amigos que extrañan al secretario de Gobernación.

A las 22:25 horas de ayer, cuando el entrañable amigo de Juan Camilo, Felipe Calderón, se despedía en privado de él, un estruendoso aplauso rompió la solemnidad de silencio, dolor, tristeza, rabia e impotencia, que durante horas llenó la funeraria en la que fue velado Mouriño Terrazo.

Resguardada como pocas veces, la sucursal Félix Cuevas de la funeraria Gayosso se convirtió anoche en escenario del último homenaje privado para Juan Camilo Mouriño, quien falleció el martes pasado cuando el avión en que viajaba junto con otras ocho personas más se desplomó en las Lomas de Chapultepec, en la Ciudad de México.

El presidente Felipe Calderón y su esposa, Margarita Zavala, recorrieron cada una de las capillas en donde familiares y amigos de las personas que tripulaban la aeronave de la Secretaría de Gobernación velaban a sus seres queridos.

En los pasillos y escaleras de la funeraria apenas se podía caminar. Políticos, principalmente panistas, se abrazaban como signo de duelo.

Los más cercanos colaboradores del presidente Calderón, como lo fue el extinto secretario de Gobernación, formaban parte del grupo de funcionarios públicos a quienes más gente ofrecía condolencias.

César Nava, secretario particular del jefe del Ejecutivo federal; Max Cortázar, coordinador de Comunicación Social de la Presidencia; Aitza Aguilar, secretaria privada adjunta de Calderón y quien notificó al mandatario de la tragedia, y Patricia Flores, jefa de la Oficina de la Presidencia, recibían abrazos y apretones de manos que no estuvieron exentos de llanto.

Hasta la capilla ardiente llegó un viejo político priista que llamó la atención. Rafel Rodríguez Herrera, originario de Campeche el estado que hace 30 años se convirtió en la tierra adoptiva de Mouriño y su familia que llegó de España, fue a presentar sus condolencias.

Del grupo de políticos no panistas que aparecieron en el lobby de la funeraria, el senador Manlio Fabio Beltrones se apersonó junto con su ex compañero Miguel Ángel Yunes, hoy panista y director del ISSSTE.

Otro personaje que en todo caso no es parte del grupo de panistas en el poder pero que estuvo en la capilla ardiente, fue el ex procurador general de la República, Jorge Carpizo, quien conversó profusamente con el senador Beltrones, justo en la puerta de la capilla donde velaron los restos del campechano Arcadio Echeverría Lanz, íntimo amigo de Mouriño e hijo del ex gobernador Eugenio Echeverría, de filiación priista.

Durante al menos 15 minutos, el secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna, se mantuvo al pie de la puerta de la capilla desde donde hoy jueves los restos de Juan Camilo Mouriño saldrán rumbo al Campo Marte, donde recibirá honores de Estado, que encabezará el presidente Felipe Calderón.

Durante el recorrido que el jefe del Ejecutivo y su esposa hicieron por cada una de las capillas de las víctimas de la tragedia, el gesto de Calderón fue firme.

A pesar del dolor de haber perdido a su amigo, a su brazo derecho, con firmeza aceptó los abrazos de decenas de personas, y él, a su vez, dejó palmadas en la espalda de Agustín Carstens, Eduardo Medina Mora, Miguel Ángel Yunes, Ernesto Cordero, Patricio Patrón, José Luis Luege Tamargo y José Ángel Cordova Villalobos.

A filo de las 10:30 de la noche, cuando el presidente Calderón elevaba una plegaria por el descanso de Mouriño, por el vestíbulo de la agencia funeraria pasó el senador perredista Carlos Navarrete, que recién llegado no supo en qué capilla meterse y se perfiló hacia donde estaba el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, sin encontrarse con Calderón.

El duelo por el fallecimiento del secretario de Gobernación tuvo una singular solemnidad, que creció cuando Calderón rindió un homenaje al hombre que ahora yacía en un féretro flanqueado por gladiolas blancas y cobijado por la bandera.

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