Alex Lora, devoto del rock
Carlos Meraz
“Y las tocadas de rock, ya nos las quieren quitar, ya sólo va a poder tocar, el hijo de Díaz Ordaz”
Abuso de autoridad
La vida del rock mexicano es inherente a la de Alex Lora. Sus historias son similares, de sobrevivientes, de especies en vías de extinción que, por alguna extraña razón, se resisten a la muerte en aras de una juventud que se extiende tanto como sus listas de canciones. A sus 55 años, cada arruga del cantante y líder de El Tri es una composición para la raza de bronce que lo vio nacer, paradójicamente un Día de la Raza de cuatro décadas atrás, con un sonido básico, pero pegajoso y con letras netas que, desde entonces, congregan a chavos de onda, clasemedieros jipitecas y ricos alivianados.
Pero también la existencia de la banda más longeva y pionera del género, con el “gritante” más carismático de la escena nacional, está ligada a dos de los acontecimientos más importantes registrados en la historia moderna de la Ciudad de México: el 68 del movimiento estudiantil, y el 85 del terremoto que sacudió y solidarizó a la capital; en el primero, con el nacimiento del Three Souls in my Mind, y en el segundo, con su transición del underground a las filas del elenco artístico de la transnacional Warner Bros.
Hasta hoy, Lora no sabe de programas de jubilación, porque para él tocar es mucho mejor que el sexo y ahí sí obtiene toda la satisfacción que su rocanrolero e insaciable espíritu le exige desde que debutó, el 12 de octubre de 1968 (día en que se inauguraron los Juegos Olímpicos de México 68), en una fiesta en la calle de Providencia en la colonia Del Valle, organizada por el equipo de futbol americano Cherokees de la Universidad Iberoamericana, donde según recuerda alternó con Pop M usic Team, grupo encabezado por el entonces vocalista y ahora periodista de Televisa, Jorge Berry.
En él no hay suspiros ni añoranzas por un pasado glorioso que empezó cuando todavía tenía acné, durante su estancia en el Instituto Fray Juan de Zumárraga, pues con más de un tostón a cuestas, simplemente goza del valemadrismo que, a su juicio, sintetiza al rock. Una libertad que lo mantiene dentro de la chaviza ante la momiza y que, de paso, le ha dado continuidad discográfica —con 42 álbumes—, un sinfín de reconocimientos por sus ventas, giras por todo el país y el continente, pero, sobre todo, millones de mentadas de madre —más que las reunidas en vida por un taxista, árbitro de futbol o un político mexicano—, que tanto agradece por ser la prueba fehaciente de un acuerdo verbal no escrito con su incondicional ola de fans.
Su oficina Lora Producciones está decorada con un vitral de un corazón montado sobre una cruz y una sala de estar, con sillas que son barriles equipados con compartimentos secretos que albergan licores para esas noches de bohemia que tanto disfruta; un par de cuadros de arcángeles y otro, el que más destaca, con su esqueleto pintado en óleo que le regaló un admirador; sin olvidar unas botellas de mezcal con la marca de la casa: Edición especial: El Tri, 38 años, la bebida con la que ha curtido su aguardentosa voz, y un trío de fieles compañeras que lo hacen volar, y también comer: dos guitarras acústicas y un bajo eléctrico con la seña mundial de fuck you, con un mástil fálico acondicionado con un aditamento para bañar con “lechita” a la raza que convoca por miles en cada masivo, algo que envidiaría cualquier servidor público independientemente de su afiliación partidista.
El hombre y el mito viven siempre juntos, no hay desdoblamientos de personalidad. José Alejandro Lora Serna se cae bien y celebra cada broma aunque la haya repetido mil veces en anteriores entrevistas y así, entre risas, mezcal, acordes de guitarra y anécdotas, narra el otro 68, el que vivió siendo un rebelde quinceañero y el milagro de permanecer ininterrumpidamente cuatro décadas “y las que faltan...”, hasta convertirse de unos años para acá en una suerte de Juan D iego moderno, un devoto difusor de la Patrona de México en sus innumerables camisetas.
Después de todo, “gracias a la Virgen de Guadalupe y a su domadora (Chela, a quien conoció en 1971, al ser parte del cartel del Festival de Rock y Ruedas en Avándaro y con quien procreó a su única hija, Celia)” se convirtió en una leyenda viviente del rock nacional que ya prepara un insólito álbum inédito, pero con arreglos de mariachi, pues, pésele a quien le pese, “sigue siendo el rey”.
— ¿Dónde estaba Lora el 2 de octubre del 68 y qué estaba haciendo?
Creo que estaba en la escuela esperando que llegaran los porros a rescatarnos y que al grito de ¡huelga!, se acabaran las clases. Entonces, teníamos la ilusión, bastante mafufa, porque nunca sucedió, de que fueran por nosotros a la secundaria, pero como era escuela de paga nos la pellizcamos.
— Si ser joven fuese un oficio, sin duda en el 68 era el más peligroso, pero ser rocanrolero era casi un suicidio, ¿no?
Era como ser ahora un narcosatánico. Fue la época más represiva que se ha vivido en nuestro país; al igual que cuando fue el Festival de Avándaro en 1971, poco después del halconazo (la matanza estudiantil del 10 de junio de 1971, Jueves de Corpus, por un grupo de élite del Ejército mexicano), precisamente porque el gobierno se espantó de la capacidad de convocatoria del rock and roll, pues ellos creían que irían unas diez mil personas, pero cuando supieron que había 500 mil les dio miedo de que llegara un monito y les dijera: ¡Vamos sobre el Palacio Nacional, viva la anarquía y muera el mal gobierno!
Trataron de erradicar al rock and roll para siempre, de borrarlo de la faz de la Tierra o, por lo menos de nuestro país, hasta que vinieron los argentinos y los españoles a finales del 84 y principios del 85, que fue cuando nació el Rock en tu idioma. Para esa época nosotros fuimos los que mantuvimos viva la flama del rock and roll en México a nivel subterráneo, año con año sacando álbumes en los que retratamos la situación política y social de esos momentos. Para nosotros haber sobrevivido aquella época de represión gubernamental es la mayor medalla de nuestro ridículum.
— ¿En ese entonces no era tiempo de morir para El Tri?
El Tri podría morirse ya, es más yo ahorita podría decir: ¡Chingue a su madre la música! Pero ya con casi 43 discos, nuestra música forma parte del acervo cultural y musical de México, pues en una boda o en el lobby de un hotel si alguien pide que se echen un rock en español, tocan una rola del Tri, pues todos entienden que ese pedo es el rock mexicano.
— En 1968 el lema de los jóvenes era “Prohibido prohibir”, ¿ahora cuál podría ser?
Yo les diría: “Olvídate de todo un momento, y que viva el rock and roll” (en alusión a la letra de su canción Que viva el rock and roll). Ese ha sido mi lema desde siempre, pues cuando estoy rocanroleando me valen madre mis pedos económicos, sentimentales; en ese momento soy feliz, es la mejor terapia. Es un desahogo y una prendidez más grande que viajar, hacer deporte, comer, dormir o hacer el amor.
— A finales de los 60 y principios de los 70, la trinidad sagrada del rock era “sexo, drogas y rocanrol”. ¿Para el siglo XXI cuál sería la idónea?
Eso es... Ahora mucho sexo te da en la madre, muchas drogas también, pero mucho rock and roll te aliviana: Para mí es más chido que parchar; puedo rocanrolear toda mi vida y no me acabo, pero eso no pasa ni con el sexo ni las drogas, pues son una tentación.
Pero el rock and roll es más chingón que las drogas, porque te aleja de la realidad también, pero cuando regresas a tu realidad sigues estando igual; mientras que con la droga te escapas de tus pedos, pero cuando se te pasa el efecto y regresas, tu realidad está más jodida que antes.
Como he dicho en un chingo de entrevistas y me lo copiaron para un anuncio de tarjetas de crédito pedorras: “Guitarra que tiene la forma de la manita y avienta lechita para los chamacos, vale una feria; micrófono que aunque no grites muy cabrón se escucha chingón, vale una lana; que griten contigo y te mienten la madre miles de cabrones, eso no tiene precio...”.
— ¿Qué perdió y qué ganó México con el 68?
Pues creo que ahí la raza se dio cuenta que el gobierno es el que rige. El gobierno te da sus alitas y te deja ser: que le mientes la madre, te burles de él hasta que siente que eso pueda perjudicarle.
Yo me he pasado toda mi vida cantándole a sus pinches mamadas, raterías y chingaderas, y gracias a Dios aquí estoy.
Pero si en lugar de eso me hubiera ido a Palacio Nacional con una bazuca para esperar que llegara cualquier político para centrarlo, ya no estaría aquí cotorreando con Excélsior.
— ¿Y no te dieron ganas de hacerlo?
Sí. Pero según el sapo es la pedrada... Es como cuando alguna vez tocamos en el teatro Blanquita, el maestro (Jesús Martínez) Palillo le dijo a mi domadora: “Ese güey es como yo, nada más que con música”.
—¿Y Lora?
Realmente yo en el 60 estaba todavía muy nalgas miadas para comprender el pedo que estaba pasando. De hecho yo no hice una canción sobre eso hasta 20 años después, con la rola Lágrimas en la lluvia para el disco Otra tocada más que dice: “Me acuerdo del año de la represión en Tlatelolco, los miles de cuerpos tirados unos sobre otros, miles de soldados y granaderos, pero ya pasó y el tiempo lo ha ido borrando, fueron como lágrimas en la lluvia.”
— ¿Qué decía tu mamá cuando eras un joven en el 68?
Ahí fue cuando nació la frase del “rock and roll es un deporte”, porque mi jefa fue al Terraza Casino, donde tocaban Los Sinners, Los Yaqui, Dug Dug’s, Javier Bátiz y ella vio ese pedo y al otro día que me llevaba a la escuela me dijo. “Ya fui a ver en lo que te quieres convertir y no quiero, porque son unos greñudos espantosos y hacen un escándalo, ¿por qué mejor no practicas un deporte?”
— ¿Y ahora qué le dices a tu hija Celia de ser joven en 2008?
Pos’ que como cualquier padre: tú le tiras la onda, pero a ellos les vale madre, como a nosotros nos valió cuando nuestros papás nos lo decían. Por eso sólo le digo lo mismo que me decía mi jefa: “¡No la vayas a cagar!”.
— ¿Hasta cuándo le durará la juventud a Lora?
El rock and roll es la fuente de la eterna juventud, por eso el rocanrolero sigue siendo adolescente toda su vida, por eso Ringo Starr se mantiene joven. Por eso yo siempre le recomiendo a la banda que no dejen de tomar sus pastillas de rock and roll tres veces al día, porque de esa agüita no se empachan.
— ¿Qué hiciste este 2 de octubre?
Ensayando en chinga para el concierto del 12 de octubre, que esta vez no es una tocada más...
Cumplimos 40 años y tendremos muchos invitados en el Palacio de los Deportes.
— Si te pidieran entrevistar al ex presidente de México Luis Echeverría Álvarez, ¿qué le preguntarías del 68?
Principalmente, le preguntaría qué lo motivo a dar la orden de que le dieran en la “madre” a todos. Pues podrían haber llegado a sacarles un pedo, pero no plancharlos de esa forma. En base a qué… ¿por temor, o nada más por ganas de chingar? Por qué sintieron pasos...
Las mentadas no tienen precio
— ¿Cuántas grabaciones de El Tri tiene tu mamá en su famosa videocasetera?
¡Y las que le faltan, todavía! A ella le tomó 25 años ser fan del Tri y ahora es la número uno; pero antes le daba vergüenza que su único hijito le haya salido rocanrolero, ¡qué pena para la familia!
— Las mentadas de madre dejan dinero…
Y además son de cariño, eso ya lo sabe también mi mamá. En la calle y en las tocadas nos la mentamos, como cuando un cabrón me dijo: No pude ir a la tocada, así que me debes una mentada de madre y yo se la pagué inmediatamente.
Es como si ahora estuviéramos en la radio, le diría al público: Vayan a la tocada de nuestros 40 años. Tiene dos opciones: Pueden quedarse en su casa viendo la caja idiota y rascándose el yoyo, o pueden ir a desahogarse y recordarme a mi jefa. Pues si por cada mentada me hubieran dado un peso, ya hubiera comprado el Palacio de los Deportes.
— En el rock le cantas al perdedor, pero en la vida eres un triunfador, ¿qué sientes por tener éxito?
Puedo dedicarme a hacer lo que me gusta y eso no cualquiera lo puede hacer. El seguir rocanroleando, vivir plenamente para ello y hacer lo que me dé la gana, es la mayor bendición que la música y el rock and roll me han dado.
— Si no hubieras sido rocanrolero, ¿a qué te hubieras dedicado?
A veterinario, pues me gustan mucho las mascotas.
— ¿Estás acostumbrado a lidiar con animales?
Sí. Pensantes, supuestamente.
— ¿Por qué Lora, el icono de los jóvenes ha actuado en mítines del PAN?
Para el PAN, PRI, PRD, PSUM , PT y para el que se deje... porque es muy cabrón sobrevivir como rocanrolero y no sólo en México, sino en cualquier parte del mundo, y si lo consigues es una proeza. Por eso, si te contratan rojillos o de extrema derecha, qué te importa, mientras no les sigas el jueguito ni te quieran agarrar de su bandera...
Es como cuando me dicen que si El T ri es del PAN yo les contesto: No, lo que pasa es que los del PAN son triistas.
Ellos sienten que utilizan al T ri o al rock and roll para ganar votos, pero más bien nosotros los utilizamos para mantenernos vivos y curárnoslas con ellos y con el gobierno.
— El Tri es una banda, Timbiriche también es una banda, ¿cuál es la diferencia?
El Tri es una banda que nació, creció y se reprodujo en la calle, siendo su máximo apoyo la raza; Timbiriche es una banda que nació, creció y se promovió en la televisión, siendo su mayor apoyo Telerisa. Esa es la diferencia.
— ¿Qué opinas de Enrique Guzmán?
Es un auténtico rocanrolero, porque le vale madre el mundo y lo que la gente opine. Él sería como nuestro Elvis y yo como el Chuck Berry mexicano.
— Angélica María...
Es La reina de América, la primera rocanrolera que hubo en nuestro país.
— Santana...
Es el maestro que fusionó la onda de la música de los tríos con la rítmica del rock and roll.
— Miguel Ríos...
Es el Enrique Guzmán español, un auténtico rocanrolero.
— Caifanes...
Son la cabeza del moviendo Rock en tu idioma del 85, ellos fueron, junto con La Maldita Vecindad y otras bandas, los que sacaron del subterráneo al rock and roll mexicano.
— Charly García...
Es el Enrique Guzmán argentino, también le vale madre todo.
— Molotov...
Son como mis hijos, tienen en su identidad la influencia y valemadrismo de El Tri.
— José José...
Es el maestro de la canción romántica y uno de los más grandes crooners (intérprete masculino de baladas) que han existido en el mundo entero.
— Serrat...
Un magnífico poeta.
— Sabina...
Es el maestro de la poesía y la satírica en el rock and roll.
— ¿Por qué el Tri se volvió en un momento sinfónico?
Fue una idea de mi domadora cuando cumplimos 30 años como banda, y me sugirió hacer una tocada con orquesta sinfónica, y yo pensé que a la raza no le gustaría nadita.
Cuando me adentré en el proyecto vi que estaba chingón, pues es llevar la música de la calle al nivel más alto que puede llegar, porque lo que se llama música culta también empezó en la calle.
Ahora también lo haremos para nuestro aniversario, pero sólo en Querétaro y en Puebla.
—¿Qué overtura lees?
Ni madres, yo sólo invento rolas.
No canta mal las rancheras
— ¿Qué tal canta Lora las rancheras?
¡A toda madre, me las sé chidas! Me aviento de José Alfredo Jiménez. De hecho para el próximo disco quiero hacer unas rolas con arreglos de mariachi, esa es una música muy prendida, es 100 por ciento de la raza y tiene que ver con el blues, tango y el flamenco.
— ¿Qué cantas en el baño?
La rola o tonada que estoy inventando.
¿Qué lees?
Cuentos tenebrozos, de Brozo (Víctor Trujillo).
¿Qué bebes, qué fumas?
Mezcal, y ya no fumo. Antes fumaba mota, pero ya no... Porque antes, en la época de los hippies, la onda más que drogarte era buscarte a ti mismo, por eso tomábamos ácidos, hongos y peyote para ver qué estaba dentro de ti.
— ¿Y, qué viste?
Que soy un valemadres.
— ¿Qué música oyes en tu casa?
De toda, pero más que nada blues y rock clásico.
— ¿Y cuál traes en tu iPod?
Tengo dos. Uno me lo regaló Brad, un escritor del San Jose Journal, con puro blues y rock gabacho, y otro me lo dio mi compadre César, de la organización Zeppelin de Guadalajara, y trae desde Led Zeppelin, Steppenwolf, Buddy Miles, John Coltrane y Miles Davis, hasta Angélica María, Enrique Guzmán, Cepillín y el Himno Nacional Mexicano.
¿Qué discos te cambiaron la vida?
Sgt. Pepper’s lonely hearts club band (1967), de The Beatles; Disraeli gears, de Cream (67); Electric ladyland (68), de Jimi Hendrix; From St. Louie to Frisco (68), de Chuck Berry, y Rockin rebels (1960), de Los Rebeldes del Rock.
— ¿Cuáles son las canciones que te hubiera gustado componer?
Pero qué necesidad, de Juan Gabriel; Like a rolling stone, de Bob Dylan y, sobre todo, Johnny B. Goode, de Chuck Berry, pues antes de esta era la música y la voz, y con ella la voz se convirtió en un instrumento rítmico que lleva la rola.
— Los Beatles confesaron que sí se inspiraban con mariguana, ¿tú con qué?
También. Pero más que nada conociendo y cotorreando con la banda. Pero cuando estaba grifo e inventaba rolas después, cuando se me pasaba el efecto, las oía muy mariguanas. Para componer está bien andar medio chachalaco, pero hasta determinado punto para tener congruencia.
— Los Rolling Stones tienen “simpatía por el diablo” y tú, por la Virgen, ¿eres Guadalupano por convicción o por educación?
Toda mi vida he sido Guadalupano y ella es mi ángel de la guarda, y quien me ha dado toda inspiración para inventar mis rolas. Como dijera el Ratón Macías: “Todo se lo debo a mi mánager y a la Virgen de Guadalupe”.
— El rock derribó instituciones, pero paradójicamente El Tri ya es una institución, ¿quién la derribará?
Nosotros mismos podríamos darle en la madre. Si el día de mañana yo saliera en la tele anunciando un refresco, haciendo un dueto con Raphael, o en una telenovela de galán de petatiux, hasta ahí llegaría nuestra imagen de valemadrismo.
Un auténtico rocanrolero no hace esas mamadas.