Crónica: El desfile añoró el brío de antaño
Miguel García
MORELIA. Sólo 34 minutos bastaron a la autoridad federal y al pueblo de Morelia para corroborar que la vida sigue o que el dispositivo de seguridad implementado por las Fuerzas Armadas resultó efectivo para resguardar a los asistentes.
El desfile del 243 aniversario del natalicio del Siervo de la Nación, transcurrió ayer sin contratiempos.
El parte final: sin novedad. Ni un indicio de violencia. La ciudadanía moreliana se fue animando al paso de los minutos y acudió respondiendo al tardío llamado del gobierno estatal, hecho la víspera para que acudieran a la parada cívico-militar.
Por primera vez, en por lo menos 30 años, un Presidente de México encabezó el desfile, que duró poco más de media hora; Felipe Calderón estuvo acompañado por los secretarios de Gobernación, de la Defensa Nacional y de Marina.
Mientras el primer mandatario prometía, justo frente a la efigie de José María Morelos y Pavón, que no serán retiradas de Michoacán las Fuerzas Armadas hasta que el pueblo no recupere su tranquilidad, el aire frío seguía permeando por una avenida Madero que, a esa hora, las 10 de la mañana, lucía descolorida, sin las otrora sillitas amarradas para apartar lugar, pero ya con algunos pequeños grupos de gente que se iban apostando a los costados de las vallas, entre los soldados.
Esta vez sí hubo riguroso detector de metales y el Centro de Morelia fue sitiado desde kilómetros a la redonda. Las señales de telefonía celular y de internet fueron bloqueadas en el primer cuadro de Morelia mientras se desarrollaba el desfile.
Varios burócratas y hasta reporteros se quedaron fuera del evento central en honor al cura de Carácuaro, “por no llegar a tiempo”.
Convertido en búnker, la sede del Ejecutivo estatal abrió sus puertas sólo a la comitiva presidencial que atravesó en vehículo la avenida Madero, encabezada por el presidente Calderón y el gobernador Leonel Godoy, flanqueados por el almirante Francisco Saynez Mendoza y el general Guillermo Galván, saludando a los congregados a lo largo de las calles.
En un segundo vehículo, bien resguardado, venía el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño Terrazo, también saludando a la gente que se iba juntando de a poco para ver la parada.
Les seguían, un convoy de invitados del primer mandatario repartidos en tres autobuses. Ya en el balcón central de Palacio, el Presidente lucía sereno, el gobernador con un rostro tenso y, a su derecha, su esposa Magdalena Ojeda platicaba animadamente con el sonriente Mouriño.
Hasta ese momento la avenida central ya no lucía sólo el verde de los militares, pues las ancianitas del asilo femenil ubicado sobre ésta salieron contentas y se acomodaron en sillitas, todas ellas ensombreradas y arregladitas para ver a las Fuerzas Armadas, cuyos contingentes desfilaron en punto de las 11 de la mañana.
Aviones F-5, Aravat (de ala fija) y helicópteros MI-17 surcaban el cielo moreliano para deleite de los pequeños.
La gente se animó, pero no acudió en masa como en años anteriores; el miedo se percibía, se palpa aún por las calles. “La gente seguimos teniendo no miedo, sino más bien temor”, precisó Pedro López Ojeda, uno de los asistentes, habitante de esta ciudad donde antes el desfile duraba cuatro horas con el paso de pequeños de preescolar hasta educación superior y la milicia, y hoy todo transcurrió en media hora.