SÁBADO 21 de noviembre del 2009

Calderón justifica recursos para fortalecer las policías

Ivonne Melgar

El presidente de la República pidió ayer a la Cámara de Diputados aprobar un aumento de 32.9% en términos reales para 2009, a fin de impulsar un cambio de fondo en el aparato de seguridad, con la depuración de las instituciones encargadas de enfrentar al crimen organizado.

Reunido con elementos de la Policía Federal que fueron ascendidos, el mandatario aseguró que este proceso de profesionalización separará a los elementos honestos, “que son la mayoría”, de aquellos malos uniformados, a “quienes se les debe aplicar la ley”.

“He solicitado este incremento de casi un 40 por ciento porque sabemos que hoy la seguridad, la justicia y el orden son el principal desafío que enfrenta México. Lo hemos solicitado para fortalecer la capacidad de todas las instituciones y dependencias que están enfrentando al crimen en todo el país”, argumentó Felipe Calderón en el Centro de Mando de Iztapalapa, aunque en el documento oficial de la Secretaría de Hacienda se establece que el aumento en términos reales en el área es de 32.9%.

Enmarcó esta solicitud de recursos en el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal del siguiente año en el Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad.

“Debemos redoblar el esfuerzo de transformación hacia un México libre de inseguridad y de violencia”, alegó.

Anunció que en los próximos días convocará nuevamente al Consejo Nacional de Seguridad Pública para dar seguimiento a los compromisos pactados el 21 de agosto en Palacio Nacional.

Aunque en su intervención instruyó al gabinete de seguridad ahí reunido a garantizar el sustento de los hijos de los policías caídos, al final del acto Calderón recibió quejas de viudas, padres y hermanos por la negligencia en la asignación de los apoyos a los deudos y por las condiciones de desventaja de armamento en las que habrían muerto sus familiares.

Ivonne Ramos Martínez, hermana de un oficial caído en julio en Guerrero, resumió: “Los mandan atados de manos. Los mandan al matadero, esa es la verdad. Necesitamos justicia y que a ellos (a los policías) no se les viole ninguna garantía”.

En un discurso, el Presidente fue insistente en vincular el éxito de la estrategia contra el crimen organizado al establecimiento de estrictos controles de confianza en las corporaciones, a fin de que en el largo plazo la lucha recaiga en una policía de carácter civil confiable.

Y ofreció “rendir cuentas claras a la sociedad”, a través del mecanismo ciudadano que dará seguimientos a los compromisos del Acuerdo por la Seguridad.

“Quiero decirles desde aquí a todos los mexicanos que el gobierno federal está trabajando con plena voluntad y determinación para que todos los compromisos establecidos en el Acuerdo se cumplan en tiempo y forma.”

Dirigiéndose a los más de 2 mil elementos que alcanzaron sus ascensos por la vía de concursos de oposición, el Ejecutivo federal se refirió a la expectativa que la sociedad tiene en esta “generación de policías” que habrá de recuperar la confianza ciudadana, con valentía y cumpliendo la responsabilidad de “proteger al inocente de la violencia”.

Al abordar el tema de la participación de la sociedad, se asumió dispuesto a su escrutinio: “Desde aquí hago un llamado nuevamente a la ciudadanía para que evalúe y dé seguimiento al desempeño de todas las autoridades en materia de seguridad”.

Se dijo seguro de que la unidad y la perseverancia serán base para superar lo que calificó como “un momento complejo” para el país: “La guerra contra la delincuencia es de todos los mexicanos y la vamos a ganar”.

Hubo un minuto de silencio, convocado durante el mensaje presidencial, para quienes “en esta lucha por liberar a México”, se subrayó, ofrendaron su vida.

Enseguida, Calderón habló para los deudos: “Hoy a nosotros nos toca garantizar el sustento que sus padres procuraban para ustedes”.

Minutos después, sin embargo, a la salida de la explanada del Centro de Mando, el Presidente fue abordado por viudas, hermanas y madres que rompieron en llanto, para quejarse por los obstáculos burocráticos que afrontan en la asignación de los apoyos económicos; por los castigos que los policías reciben por presuntas violaciones de derechos humanos, sin que se les tome su parecer, y por la limitada capacidad con la que deben enfrentar a la bandas delincuenciales.

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