Reflejó "Iluminemos México" el estado de ánimo del país
Notimex
México, 30 Ago (Notimex).- El ciudadano de a pie alzó la voz y formando una extensa columna desde el Zócalo capitalino hasta el Angel de la Independencia, clamó a gritos por un México unido, por justicia, por una vida en paz.
Desde las 15:30 horas ciudadanos hartos de la violencia y la criminalidad comenzaron a llegar al monumento a la Independencia, y aunque se temía que la lluvia pudiera desanimar a los manifestantes, las calles de la ciudad de México volvieron a cubrirse de blanco.
La marcha estaba programada para iniciar a las 18:00 horas, pero los ánimos comenzaron a desbordarse 30 minutos antes y la gente comenzó a caminar hacia el Centro Histórico sin esperar a los organizadores.
Algunos de los asistentes portaron la bandera mexicana, otros una bandera blanca con el dibujo de la paloma de la paz, otros con cartelones exigen justicia y el resto a gritos clama seguridad mientras esperan el arribo del resto de los asistentes a la marcha "Iluminemos México".
Hombres y mujeres de todas las edades, de todas clases sociales, de todos los rumbos de la urbe que comparten el dolor, la ira y el temor se unieron bajo las mismas demandas: justicia, seguridad, no más impunidad.
Aquí se perdió la división, el recelo, la desconfianza; empresarios, obreros, comerciantes, niños de la calle, religiosos, padres de familia, discapacitados, homosexuales, todos caminaron para expresar sus críticas y sus esperanzas.
La gente marchaba con calma, pero gritaba fuerte. Los gritos de "¡México, México!", se mezclaban con la demanda "Queremos paz".
El Paseo de la Reforma, mojado por la reciente lluvia, estaba lleno. El recorrido hacia el Zócalo fue constante y multitudinario por lo menos dos horas.
Algunos de los participantes ya estaban cansados cuando llegaban al punto de partida, pues debieron caminar desde las estaciones del metro Sevilla, Insurgentes, Chapultepec y Auditorio para reunirse bajo las alas de la victoria alada.
No todos los manifestantes llegaron al Angel, pues miles se incorporaron al Paseo de la Reforma y avanzaron hacia el Zócalo para tener mejor lugar, para no caminar tanto, para llegar antes.
Otros muchos no llegaron a la Plaza de la Constitución, que lucía llena una hora antes del plazo programado para cantar el Himno Nacional, por lo que debieron conformarse con reunirse en algún monumento representativo, como Bellas Artes o el Hemiciclo a Juárez.
A lo largo del recorrido, en momentos amenazado por la lluvia, los vendedores ambulantes tuvieron una gran tarde. Banderas, camisetas, velas, capas "para prevenir la lluvia" se vendieron muy bien.
También café, tortas, refrescos, sombreros, sombrillas, efigies de ángeles, pulseras, dulces... de todo. Hasta de un conocido restaurante ubicado en la calle de Lafragua salieron dos meseras para ofrecer desde un carrito café y pan dulce.
Frente al templo de Corpus Christi, un joven melancólico vestido todo de negro interpretaba en su saxofón la marcha fúnebre, mientras la multitud aplaudía repetidamente en señal de unión entre sí, acaso de desesperación.
En contraparte un hombre que parecía querer que el espíritu de pesadumbre y exigencia desapareciera, agitaba una paloma de unicel en la esquina de Avenida Juárez y Humboldt. En uno de sus lados se leía:
"Sonríe: urge ser feliz".
El Zócalo se llenó pronto y temprano. Organizados, vestidos de blanco, con veladoras en mano, globos y matracas algunos organizadores hicieron un círculo alrededor del asta bandera, que después fue pintado con cal, para delimitar el espacio donde se instalarían las veladoras.
Mientras gritaban ¡Justicia, Seguridad y México!, los asistentes desesperados esperaban a lo que se llamó la vanguardia, formada por los organizadores de la marcha y quienes terminaron retrasados y superados por la multitud.
Aprovechando la espera un grupo de ciudadanos ingresó al círculo con guitarras en mano, algunos de ellos tratando de vincular a la marcha temas ajenos al de la seguridad, lo que provocó que la mayoría les pidieran que se retiraran del lugar.
Cansada, hastiada, empapada y con tímidas esperanzas, la multitud no esperó más y a las 20:00 horas comenzó a cantar el Himno Nacional, 30 minutos antes de lo previsto.
No hubo discursos. Simplemente, la gente comenzó a pasar sus veladoras para que fueran encendidas en torno al asta bandera, pero la fuerza de la multitud cerró el círculo y el viento conspiró en contra de las velas.
Al final, la instrucción pasada de boca en boca fue que cada quien encendiese su vela en su sitio.
Mientras, las campanas de la Catedral Metropolitana repicaban: la primera vez en señal de duelo y dolor, la segunda para suplicar por la conversión de quienes han optado por la violencia y el crimen; la tercera para llamar a la patria a la unidad.
Sin embargo su sonido fue opacado por el grito de "¡México, queremos paz!", que alcanzó su clímax a las 20:30 horas, momento señalado en el programa para entonar el Himno Nacional, que la gente volvió a cantar en desorden, pero a gritos.
Una parte de los asistentes decidió en ese momento retirarse del Zócalo, si bien muchas personas venían todavía. Entre la multitud se escuchaba qu a esa hora todavía había gente caminando por Reforma rumbo a la Plaza de la Constitución.
Sin embargo, la lluvia volvió y la mayoría de quienes estuvieron en el momento más intenso de la marcha, se retiró. Los comentarios eran muchos; las esperanzas, no tantas.