Advierten trabas por prejuicios
Laura Toribio
Las actitudes discriminatorias y prejuicios son una traba para reducir la epidemia de VIH/sida, por lo que para combatirla son necesarias estrategias que la atajen como problema de salud pública y también de derechos humanos, expusieron especialistas.
El director del Programa de VIH/sida de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), Ricardo Hernández Forcada, advirtió que “si no atacamos los prejuicios, estaremos destinados al fracaso, a la discriminación y a la repetición al infinito de las mismas situaciones violatorias a los derechos humanos y de una pobre respuesta al problema del VIH/sida”.
Expuso que uno de los mayores obstáculos es el miedo generado por el desconocimiento de las características de la epidemia. Y aquí se engloba el caso de algunos médicos que tienen actitudes negativas hacia personas que viven con el mal.
“El riesgo de adquirir la enfermedad en el trabajo médico es realmente bajo. De los casos en el país, sólo ocho están documentados de que fue por exposición ocupacional; sin embargo, muchas veces el personal de salud revela tener un miedo especial específico, que no tiene a la hepatitis C, que es mucho más transmisible, o a la hepatitis B, que también puede adquirirse en una exposición ocupacional”, explicó Hernández Forcada.
Así, esta situación la adjudicó a que el virus está estigmatizado como una enfermedad propia de ciertas poblaciones, entre ellas los homosexuales y las trabajadoras sexuales.
Estaban a media cesárea. Los doctores y las enfermeras tenían la sospecha de que vivía infectada con VIH porque su marido agonizaba por una neumonía en otra cama del mismo hospital.
Cuando confirmaron el diagnóstico de su marido se negaron a atenderla. Ya no la cosieron, sacaron al niño y le dejaron a medias la cirugía.
Ella no murió porque las arterias importantes que tenían que suturarse se habían alcanzado a hacer. Luisa fue tratada por su embarazo en el hospital José María Morelos, en el municipio de Ecatepec, Estado de México. Su esposo murió ese día, tres días después su hijo y ella a los tres meses de la intervención.
Al doctor José Víctor Hernández Cebada, que trabaja en la ONG Ser Humano, donde se atienden a niños con VIH/sida, le tocó recibirla.
“Llegó aquí, la ayudamos con la herida que se infectó y murió. Antes se había ido a su pueblo, en Hidalgo, y allá su tía se encargó de decir lo que tenía y casi la lincharon”, recordó.
El caso ocurrió hace ya ocho años, pero a la distancia, aunque no se tienen registros de situaciones tan extremas, la discriminación y la violación de las garantías fundamentales de los portadores del VIH en nuestro país aún es una realidad.
Angie Rueda, responsable del Programa en Materia de No Discriminación por Género, Preferencia Sexual e Identidad de Género, del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), coincidió en que en el ámbito de la salud, como en el educativo y, principalmente, en el familiar persiste la discriminación hacia estos enfermos.
La causa es la falta de educación, de conocimiento y de estigmatización para ciertos grupos, señaló.
“Vivimos en una sociedad que nos quiere hacer creer que, por ejemplo, la heterosexualidad es la sexualidad, y quienes no tenemos una preferencia heterosexual podemos sentir que somos discriminados y excluidos”. Explicó que llama la atención el caso del sector salud en México, y que al igual que en el resto del mundo los médicos y enfermeras deben conducirse con apego a los derechos humanos.
Al respecto, Hernández Cebada consideró que existe un déficit de médicos humanistas realmente bien preparados.
“Hay algunos que están secos, áridos inmensamente hostiles y agresivos. A veces comentan que los médicos que trabajamos en esto es porque también tenemos VIH”, señaló a 25 años del inicio de la epidemia.