DOMINGO 22 de noviembre del 2009

VIH: Van a la guerra sin tapabocas

Laura Toribio

El virus también dañó a las universidades. Los primeros pacientes se encontraron frente a sí, a hombres y mujeres de batas blancas que no sabían ni cómo hablarles o tocarlos, porque en seis años de carrera apenas tuvieron una semana de clase sobre VIH. Muchos médicos tuvieron que enfrentar a los pacientes infectados ya en la práctica, otros aprendieron lo básico, y los menos decidieron especializarse. A 25 años de la aparición de la epidemia esa situación hace eco directo en la mortalidad por sida en México.

En el tratamiento de la enfermedad los médicos generales y familiares son una pieza clave. Ellos son el personal del primer contacto, los encargados de detectar y enviar a los pacientes a un tercer nivel para que los especialistas los atiendan. Son las manos que en otros países hacen la diferencia.

Pero en México la detección sucede de manera tardía. Por eso a veces, cuando los pacientes llegan con los especialistas es demasiado tarde. El sida es una de las dos primeras causas de mortalidad hospitalaria.

“Hoy por hoy seguimos teniendo una mortalidad elevada en estos pacientes, no es lo mismo que hace 20 años; sí ha descendido, pero no se ha visto ese impacto con una disminución de la mortalidad como en los países del primer mundo, que ya no están viendo las complicaciones infecciosas y neoplásicas porque se detectan a tiempo los casos de infección por VIH”.

“En la universidad, en las currículas, en los programas académicos de las universidades el tema de VIH se toma muy someramente, se podría decir que hay universidades que no le dan más que cuatro a seis horas durante todos los seis años de la preparación de la carrera, por lo que los médicos que terminan su carrera tienen muy poca información sobre esta enfermedad. No la detectan, no hay mecanismos de detección por desconocimiento”

Este es el panorama que da el doctor César Rivera, presidente de la Asociación Mexicana de Médicos para la Atención del VIH/sida (AMMVIH), quien relató que en muchos casos los pacientes que llegan en fase avanzada de la enfermedad con los especialistas, lo hacen para a morir.

Con base en ello, el infectólogo habló de falta de programas de detección oportuna, y de capacitación de médicos, llámense generales, familiares, o especialistas, sobre VIH en su formación.

“Tenemos un problema de déficit en la educación del médico para que atienda pacientes con VIH/sida, ese es el problema para que pueda canalizarlos al lugar adecuado” alertó

Para el doctor Luis Soto Ramírez, jefe de la Unidad de Virología Molecular del Departamento de Enfermedades Infecciosas del Instituto Nacional de Ciencias Medicas y Nutrición Salvador Zubirán, el problema de la falta de capacitación para médicos, radica en que en México aún no existe especialización en VIH, como pasaba en los primeros casos de sida. De hecho en nuestro país sólo hay un lugar para que los médicos se especialicen en la materia.

“El único programa que tiene una especialización en VIH, es aquí en el Instituto de Nutrición, y tenemos la capacidad máxima de entrenar a dos personas por año avalados por la UNAM, pero apenas es el primer programa, y este programa apenas tiene cuatro años de existencia” indicó.

Luis Adrián Quiroz Castillo, secretario general de Derechohabientes Viviendo con VIH/sida del IMSS (DVVIMSS), se preocupa “no tenemos una capacidad instalada para que los médicos familiares y generales, pudieran dar respuesta; hay que empezar a vislumbrar que la epidemia va a seguir creciendo y si queremos hacer la cosas bien, tendría una disminución en diez años; entonces tenemos que pensar de aquí a esos diez años ¿qué vamos a hacer con esa plantilla, con esos médicos?, tenemos que empezar a capacitar a más médicos, a adiestrarlos desde la universidad”, emplazó.

A consulta un paciente puede llegar por cualquier enfermedad: diabetes, diarrea, o una alergia. Los médicos del primer nivel reciben de todo. Pero puede ser que ese paciente también sea portador de VIH. De su ojo clínico depende si los mandan o no a realizarse una prueba de Elisa, examen de sangre por el que se detecta el VIH.

El médico familiar Carlos Palacios, quien trabaja en la Unidad de Medicina Familiar número 20 del IMSS y egresó de la carrera hace cuatro años, compartió conExcélsior qué tan capacitado se siente para detectar a un paciente que vive con el virus.

“Estudié en la Facultad de Medicina de la BUAP, en Puebla. El tema VIH está prácticamente limitado a la materia de infectología, que es de medio año por lo mucho, y el tema del sida no nos lleva más de dos o tres días de estudio, y es todo lo que sabes de VIH.

“En la materia de Ética de la Medicina no recuerdo que me hayan tocado el tema, y uno vive a diario la discriminación de la que se quejan los pacientes”, refirió.

Y entonces hace una confesión demoledora: “No he recibido un curso como tal, nadie me lo ha ofrecido. Hace no mucho nos pusieron unas diapositivas que hablaban un poquito sobre discriminación por VIH, pero muy superficial.

“No nos han enseñado que a cada paciente le preguntemos factores de riesgo sobre VIH, no nos han enseñado a tener un ojo clínico y pensar en el sida, porque actualmente nosotros que trabajamos en el Seguro Social vemos lo más inmediato.

“De parte del Instituto no tenemos una rotación ni siquiera por infectología. Hay cierto retraso en el diagnóstico, y en eso influye mucho la capacitación que hemos llevado nosotros como médicos familiares y como médicos generales también.

“Obviamente, a diario se te va formando el ojo clínico, y cuando te vas encontrado con los pacientes y mencionan esos datos de alarma se nos prenden los focos rojos, y empezamos a estudiarlos. Pero la verdad es que no hacemos un procedimiento preventivo; simplemente estamos alerta para cuando el paciente se queje, para poder pensar en que puede tener VIH, y mandarlo a hacerse una prueba de Elisa”, relata.

Lo ideal sería que los enfermos de sida fueran tratados por médicos infectólogos. Lo real en la historia de VIH/sida en México es que a estos pacientes los tratan quienes quieren tratarlos.

Por ejemplo, cuando se crearon los Centros Ambulatorios de Prevención y Atención en Sida e Infecciones de Transmisión Sexual (Capasits), una estrategia de los gobiernos federal y estatal a cargo del Centro Nacional para la Prevención y Control del VIH/sida (Censida), las plazas que se ofertaban no tenían una alta demanda.

“Recuerdo que en el Estado de México llegó sólo una persona, el número de respuesta era terriblemente bajo, y entonces no se contrataba al que tuviera el mayor conocimiento, sino al que tuviera la disposición”, contó Luis Soto.

En este contexto,César Rivera, presidente de la AMMVIH dijo que en algunos casos, el personal de los Capasits no tiene una preparación suficiente para detectar y controlar a los pacientes portadores de VIH.

“Está demostrado científicamente que la buena evolución de un paciente, o que la sobrevida de un paciente con VIH no solamente depende del acceso a medicamentos antirretrovirales, sino también depende mucho de la experiencia que tenga el médico en su manejo.

“Porque para atender a un paciente con infección por VIH, el médico necesita tener conocimiento de la enfermedad, su evolución, y de las complicaciones que puede tener, y además debe tener una experiencia mínima en el manejo de estos nuevos antirretrovirales”, expuso.

Carlos Magis, director de Investigación Operativa de Censida, justificó la falta de médicos especialistas en nuestro país, al decir que muchos están atraídos por las grandes ciudades

“A lo mejor, además, hay infectólogos que no tienen tantas ganas de irse a trabajar a los Capasits, pero si hay infectólogos, tenemos médicos internistas”, aseguró.

“Y, por supuesto, el médico necesita cursos de capacitación, pero que se adecuen a sus condiciones laborales; un médico no se puede aislar demasiado tiempo, no puede dejar lo que está haciendo e ir a un curso. Por eso hemos migrado hacia cursos presenciales cortos, y cursos virtuales que el médico puede estar llevando una hora al día. Yo creo que un médico siempre tiene que estar en capacitación”, consideró.

Sobre el acceso a servicios de salud de calidad incluyente para todas las personas portadoras de VIH, comentó que estamos tan cerca, y a la vez tan lejos de alcanzarlo.

“La enfermedad se convierte en un padecimiento crónico, las personas que estamos tratando ahora que tienen 40 años y todo sigue bien, van a llegar a 75 años, y las vamos a seguir tratando, y vamos a tener una necesidad de clínicas de atención de sida que tomen en cuenta todo el asunto de la tercera edad, nos falta mucho”, reconoció.

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