SÁBADO 21 de noviembre del 2009

La consulta, en petit comité y en familia

Andrés Becerril

En la mañana, los botes de tamales y los carritos de gelatinas por las zonas de Iztapalapa y Álvaro Obregón tenían más gente que las mesas receptoras de votos. A mediodía, en el primer cuadro de la Ciudad de México, las urnas del Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF) tenían menos boletas que los papeles tirados en torno de los puestos de las tlayudas de Pino Suárez y los tacos de canasta de 5 de Febrero y Uruguay. Entre las 14:00 y las 15:00 horas, en el Mercado de Sonora y la Merced, los hombres se acercaban más a las chavas que en mini-mini falda y por veinte pesitos hacen algún sexoservicio que a las casillas.

 En la víspera del cierre de la jornada, Máximo, un pequeño cantante, con fusca de plástico al cinto y sombrero texano, y la réplica del Ángel de la Independencia que viajará a China, causaban más curiosidad en el Zócalo que las nueve urnas electrónicas que el IEDF puso a prueba. A la vista, las receptoras de las dos boletas que el GDF imprimió para saber si la ciudadanía está o no de acuerdo con la reforma petrolera que propuso el presidente Felipe Calderón recibieron poca gente. Aunque el número de votos que cuenten cuarenta notarios públicos serán los que calificarán el ejercicio convocado desde mayo por el jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard.

Una hora después del cierre de las mesas, el secretario de Gobierno del DF, José Ángel Ávila, vacunó el ejercicio y a su jefe. Sostuvo que la Consulta Ciudadana había sido un éxito. Su dicho lo sustentó en una encuesta de Consulta Mitofsky a mil 600 ciudadanos que votaron en 74 casillas de las cinco mil 600 instaladas. A diferencia de una elección constitucional, la consulta de ayer no tuvo jaloneo. “Todas las que estamos aquí es porque no estamos de acuerdo en la reforma de Calderón, somos como del mismo equipo”, dijo una de las cuatro señoras que se hicieron cargo de la casilla 2446-D, en Eje 3 y Avenida 5, en Iztapalapa. Enrique Méndez, responsable de la mesa 1589, en Las Torres, colonia Capulín, Álvaro Obregón, empezó sus actividades 40 minutos después de la hora fijada.

 “Como toda buena elección…” En esa mesa, la primera en votar fue Nadia González, que participaba en la Consulta porque, aunque no estaba muy informada, “me importa lo que hagan con el petróleo”. Por haber encajado en la urna las boletas color beige y gris, Nadia se ganó una playera blanca de algodón con el símbolo de la Consulta, que una de las representantes de la casilla le entregó. La Consulta Ciudadana sobre la Reforma Energética se proyectó como un ejercicio serio: en varias casillas, los funcionarios no permitieron a los interesados votar sin su credencial del IFE; no se percibió el tradicional acarreo de personas y en punto de las 18:00 horas, los funcionarios de las mesas anularon las papeletas que no fueron utilizadas por la escasa asistencia de votantes.

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