Viaje al centro de la Tierra
Mario P. Szekely
El próximo 3 de diciembre cumple 40 años Brendan Fraser, actor que aun cuando su filmografía es amplia, con películas muy vistas como La momia, George de la selva y Al diablo con el diablo, me atrevería a decir que si enseñamos fotos de estas cintas a la gente en la calle, muchos no sabrían el nombre del protagonista.
Curiosamente, Fraser fue considerado alguna vez para encarnar a Superman, papel que, sin duda, lo hubiera proyectado como superestrella. Todo esto lo comento para subrayar cómo la carrera de Brendan es un ejemplo de lo impredecible que puede ser la fama, siendo este caso distintivo porque en Estados Unidos su nombre sí vende boletos para ver sus proyectos, mientras que en lugares como México jalan más las tramas de sus cintas.
Ahora, con Viaje al centro de la Tierra, Fraser ya se volvió coproductor y entrega su conocimiento de lo que el público de matiné busca en una película: trama fácil de entender, excelentes efectos especiales, personajes cómicos y una sensación de que no importa qué tan difíciles sean los obstáculos a vencer, al final todo se va a componer.
Fraser elige la novela clásica de Julio VerneViaje al centro de la Tierra para readaptarla a tiempos modernos, aprovechando los avances de la tecnología digital y sacándoles provecho con un presupuesto limitado de 60 millones de dólares (cinco millones menos de lo que costó Parque Jurásico, en 1993).
En la película, Fraser interpreta al vulcanólogo de Boston, Trevor Anderson, quien recibe el encargo de cuidar a su sobrino adolescente Sean (Josh Hutherson) durante las vacaciones. Ambos descubren fascinados dentro de una caja el libro famoso de Verne, el cual está lleno de anotaciones por el hermano de Trevor y padre de Sean, Max, quien desapareció misteriosamente años atrás.
La pista conduce a Trevor y Sean a Islandia, donde se les une la experta en montañismo Hannah (Anita Briem). El trío escala una alta montaña, para después verse sorprendido por una tormenta eléctrica, misma que los orillará a refugiarse en una cueva sin fondo, a donde caerán hasta el centro de la Tierra.
La cinta está rodeada de escenarios misteriosos y sorpresivas criaturas prehistóricas, cuyas imágenes son más intensas en aquellas proyecciones con el sistema de proyección 3D, lo que duplica el entretenimiento familiar tras las gafas especiales.
El suspenso radica en que Trevor y sus amigos se dan cuenta de que tan sólo tienen 48 horas para abandonar el sitio, pues todo se volverá una trampa mortal con aguas a altas temperaturas por ebullición. La emoción está en ganarle al reloj y tener al mundo jurásico tras sus pasos.
Como puede suponerse, el entretenimiento recae en los efectos especiales, mientras que los actores se reducen a brincar, sobresaltarse y correr sin final, denotando las intenciones de los realizadores de fabricar en pantalla un parque de diversiones en vez de una película con intenciones más envolventes en drama.
Viaje al centro de la Tierra hace un lado las aproximaciones científicas que Verne tenía en sus libros y apuesta más por la fantasía. Fraser imprime su humor desenfadado, sin hacer payasadas, pero siempre consciente de que lo principal es lucir los escenarios y los monstruos.
El niño Hutcherson, lumbrera de su generación, no tiene mucho que hacer aquí, pues el guión no aprovecha sus habilidades como sucedió en Los puentes de Terabithia, Zathura y ABC del amor, donde pudo ser un niño moderno con varios conflictos humanistas.
Fraser posee varias películas en fila por estrenar este 2008, algunos dramas y otras de aventuras, pero nos queda a deber actuaciones que podrían finalmente posicionarlo como un actor dramático de su generación, al igual que Matt Damon, con quien compartió créditos en la memorable School Ties (1992).
De Fraser recomiendo también ver: Gods and monsters (1998), El americano (2002) y Crash (2004).