MARTES 24 de noviembre del 2009

Hellboy 2: el ejército dorado

Mario P. Szekely

Nadar cerca de las aguas de Hollywood tiene sus conveniencias. Guillermo del Toro ha sabido poner su carrera en el camino de la originalidad, beneficiándose del ímpetu de una industria que necesita vender y que, además, le otorga diversas oportunidades, al prestarle los juguetes necesarios para que el realizador mexicano haga su trabajo. Hellboy 2: el ejército dorado es ejemplo de lo anterior.

Mas la cruzada no ha sido sencilla, Del Toro aún cuenta cómo, a principios de 2000, tocó todas las puertas de los grandes estudios con el proyecto de Hellboy, adaptación de los cómics de Mike Mignola. Una vez que se interesaban, le cerraban las puertas cuando se enteraban de que quería a Ron Perlman y no a una superestrella para el papel principal.

Del Toro libró tantas batallas como las del héroe de Mignola y eso, incluso, terminó por impresionar al autor, quien se dio cuenta que el director de Cronos y Mimic no estaba buscando explotar a su personaje, sino rendirle un homenaje.

“Hollywood se fascina con los personajes de historieta y luego, cuando los adapta al cine, les arranca lo mejor de ellos, como si se le olvidaran las razones por las cuales se acercaron a estos caracteres”, escuché decir a Robert Rodriguez sobre su Sin city. Con la serie de Hellboy, Guillermo Del Toro es el primer interesado en que el humor, la metáfora, el desenfado y la rebeldía de este diablo no se pierdan en los fotogramas.

El genial Ron Perlman fue firmado en 2003 para que un año después viéramos Hellboy. El resto es historia, porque aunque la cinta no recaudó las proporciones de un Spider-Man en taquilla, sí se volvió objeto de culto en cine y video para centenas de aficionados a los antihéroes y al estilo de Del Toro.

La primera película tuvo un corazón que latió al ritmo de La bella y la bestia, empapado del western y engrandecido por la capacidad del director al darle oxígeno a la cultura pop, siempre vista como un objetivo para Hollywood, pero que, en Guillermo, no existe la cacería de mercado, sino la búsqueda de abrazar metáforas y llevarlas a su vida diaria.

Hellboy 2 es la continuación de eso por el público ávido de imágenes memorables, que no voltean a ver las palomitas y que se dejan llevar por un contador de historias. Del Toro ahora recurre a una trama original trazada por él, donde los elfos, hadas y princesas son los embajadores del mundo fantástico que el hombre aplasta cuando apuesta por la arrogancia. Si bien el mexicano invierte cerca de media hora en presentarnos monstruo tras monstruo, como un bestiario que se abre ante nosotros mientras la cinta parece estar en pausa, es aquí donde Del Toro quiere sacudir las malas intenciones hollywoodenses de distraernos con efectos especiales, para volver sus escenas oportunidades para explorar el mundo que ha creado, donde los elfos viven ocultos de la mirada del hombre, furiosos por verse relegados.

Hellboy tiene la oportunidad de madurar acompañado, en su viaje, por el amor de Liz (Selma Blair) y el combate mítico que detona lo lleva a tomar decisiones sobre qué tanto aprecia la vida del inocente, aun cuando éste sea un monstruo de diez metros mandado como guerrero del inframundo. Detrás del telón se encuentra siempre la amenaza del Ejército Dorado, dormido y a la espera de que tres pedazos de una corona (separados hace milenios entre hombres y elfos) se unan para salir a defender el mundo de los elfos. Los soldados representan el poder que en manos de un mal líder pueden llevar a la exclusión de la libertad de otras especies o a que algún resentido se vuelva un tirano.

Esta vez, Hellboy seguirá su instinto para salvar al mundo, pero, de paso, se verá en una encrucijada de vida o muerte que exigirá más de un sacrificio. La imaginación de Del Toro logra un golpe contundente al mantenernos en una aventura de monstruos, que somos nosotros, monstruos que no queremos ser y monstruos que son la fuerza de la naturaleza gritando: ¡Basta!

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