“Los dos o nos quedamos tres”
Andrés Becerril
Cuando parecía que todo estaba listo para que las FARC dejaran en libertad a Héctor Valle y André Brazay, el comandante Manuel Marulanda, jefe supremo del grupo armado, le puso un tono de mayor dramatismo al proceso.
El legendario Tirofijo le dijo al entonces embajador mexicano en Colombia, Luis Ortiz Monasterio, “desde luego estamos hablando solamente de uno de ellos, el mexicano, el brasileño se quedará...”
Ortiz Monasterio, diplomático de carrera, que ha estado en otros sitios de conflicto en misiones diplomáticas, como Irán, Afganistán y Pakistán, llevaba para entonces tres meses negociando directamente con el jefe guerrillero y le respondió: “De ninguna manera, o todos o ninguno…”
En entrevista, Ortiz Monasterio señala que en la situación que se encontraban las cosas, máxime que Brasil no participa en acciones de este tipo, “era muy importante mantener el paquete.
“No permití que insistiera en quedarse con el brasileño y, sabiendo que los colombianos tienen la idea de que los mexicanos somos muy echados para adelante, le dije ‘son los dos o nos quedamos los tres’. La idea era rescatar a los dos o que nos retuvieran a los tres”, afirma el embajador, que reconoce haber tenido temor de ser secuestrado también.
A propósito de la reconstrucción que sobre su secuestro Valle hizo para Excélsior, el embajador Ortiz Monasterio fue consultado. Confirmó que el asunto del pago del rescate fue un tema que las FARC negociaron directamente con Novartis y que al gobierno de México no le pidieron dinero; además de que sin el auxilio oficial mexicano hubiera sido casi imposible el rescate.
De acuerdo con el diplomático, que actualmente está retirado, hubo varios puntos importantes en el proceso. Entre ellos, que las FARC reconocieran que en uno de sus frentes estaban retenidos dos ejecutivos de Novartis.
“Aprovechando el proceso de paz en Colombia, entré en contacto con el comandante Marulanda, Tirofijo, y le planteé la importancia del rescate de nuestro compatriota. Él me contestó que las FARC no estaban dedicadas al secuestro”.
“Entonces le dije que claro, que ellos no secuestraban, pero que ellos sí podían ayudarnos a rescatarlos. Le planteé el asunto como ayuda, no acusándolos”, recuerda Ortiz Monasterio.
La negociación entre el embajador mexicano y Tirofijo duró aproximadamente tres meses, antes de celebrarse el acto de rescate en la zona de La Palma, Cundinamarca. “Nos vimos varias veces en Los Pozos (la zona desmilitarizada); para este caso fui en veinte ocasiones a la selva y cinco las utilicé para ultimar la liberación de Valle y el brasileño”, señala.
“Hablé directamente con Tirofijo y también con su operador, su jefe de estado mayor en cuestiones militares, el comandante Mono Jojoy. También el Mono Jojoy me negó que ellos lo tuvieran”, dice el diplomático.
Otro de los puntos importantes en el proceso fue cómo pudieron ser localizados los ejecutivos de Novartis.
Sucede que Brazay, que está casado con una mujer húngara, logró cifrar un mensaje en una de las cartas que pudo enviar.
“Gracias a dos palabras escritas en húngaro, que estaban en una carta que el brasileño envió a su familia, fue que pudimos descifrar el lugar donde los tenían retenidos. Fue un ingenioso mecanismo de poner en húngaro la palabra ‘billete’ y la otra ‘de cinco mil pesos’.
“Para nosotros quedó claro que la heroína que aparece en el billete de cinco mil pesos era la heroína Salavarrieta. Eso nos dio el código del nombre del frente que los tenía retenidos, y con esos datos le dijimos a las FARC dónde estaban. La clave era que ellos supieran que no nos podían tomar el pelo”, refiere Ortiz Monasterio.
Otro detalle fue que había información técnica sobre la ubicación aproximada de las emisiones de los teléfonos celulares que utilizaban las FARC para hablar con la gente de Novartis. “Sabíamos aproximadamente en dónde estaban. Curiosamente no estaban en la profundidad de la selva. De hecho, estuvieron dando vueltas relativamente cerca de Bogotá, en el departamento de Cundinamarca”.
Ortiz Monasterio dice que, por suerte, el momento definitivo del rescate le tocó a él operarlo. “Tenía desconfianza por la zona en la que estaban: es de alta intensidad de fuego. Ahí operaban cuatro grandes fuerzas: el frente Salavarrieta de las FARC, el FLN, los paramilitares y el Ejército de Colombia. Eso hacía que cualquier operación resultara complicada, ya que fácilmente podías caer en poder de algunos de los cuatro actores”.
Ortiz Monasterio reconoce que tenía cierta reticencia de ir, “qué tal que lo que quería era aumentar el número de secuestrados, reteniendo al embajador de México…”