MARTES 24 de noviembre del 2009

Rafael Fernández de Castro

En los últimos años no sólo se ha registrado un incremento en el número de migrantes de México y Centroamérica a Estados Unidos, también ha cambiado la cara de estos flujos migratorios. Cada vez más mujeres y niños —migrantes vulnerables— se han incorporado al flujo. Un reportaje periodístico de 2003, convertido en libro, La travesía de Enrique, puso al descubierto la terrible pesadilla en que puede convertirse intentar alcanzar el sueño americano para un muchacho hondureño que sólo se aventura a ir al encuentro de la madre desde Tegucigalpa hasta Raleigh, Carolina del Norte.

Al acercarse al tema de la niñez migrante no acompañada, surgen varias preguntas y desacuerdos en relación con la definición: ¿quién es considerado menor?, ¿a quién se le puede tomar como “no acompañado?, ¿son niños “solos”? La diversidad de conceptos nos da diferentes aproximaciones y respuestas políticas y técnicas al tema. Así como una vasta información de datos que difieren de institución a institución.

Las Naciones Unidas y varias organizaciones sociales prefieren utilizar el término “niños separados”. De acuerdo con especialistas y con información disponible en la página: http://www.separated.children-europe-programme.org/index.html, niñez separada define la problemática central que enfrentan estos niños. Ellos viajan sin la protección y el cuidado de los padres o de quien esté a su cargo y, como consecuencia de dicha separación, están expuestos a sufrimientos y abusos sicológicos y/o físicos.

¿Quién es considerado menor? La ex directora de Sin Fronteras, Fabienne Venet, me explica que existe una definición conceptual según los instrumentos internacionales: niño es todo menor de 18 años. Ahora bien, las políticas migratorias en la materia tienden a enfocarse en los menores de 12 años, cuando la mayoría de las y de los niños migrantes tienen entre 13 y 18 años, por lo tanto, para este segmento escasean los apoyos.

El marco de referencia en el caso de las diferentes definiciones de niñez está en el derecho internacional. En materia de niñez migrante hay por lo menos tres instrumentos clave: la Convención sobre los Derechos del Niño; la Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familias, y la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados Internacionales. De acuerdo con estos instrumentos, un niño migrante cumple con la categoría desde cuando comienza a preparar su viaje y hasta que regresa a su lugar de origen.

Según los especialistas, uno de los mayores riesgos para los menores está en el proceso de deportación. Por eso el gobierno de México y el de Estados Unidos desarrollaron acuerdos binacionales que establecen las condiciones para una repatriación digna, ordenada y segura. Sin embargo, la convención a menudo se incumple. Por ejemplo, en algunas ciudades los menores llegan a ser repatriados durante la madrugada.

Acerca de la repatriación, las cifras de las que disponemos, tanto oficiales como de otras agencias, difieren. Dependiendo de la institución o el organismo, se aborda el tema: si son niños menores o mayores de 12 años, si migran internamente de los estados del sur a los del norte o si son transmigrantes —de la mayoría de los países centroamericanos, como Guatemala, El Salvador y Honduras, que quieren llegar a Estados Unidos—. La localización geográfica de nuestro país abre muchas aristas sobre el tema, a diferencia de otros países, por ejemplo Estados Unidos, para quienes la repatriación es un asunto que se limita a un tema de control fronterizo y terrorismo.

Según datos del Instituto Nacional de Migración, en enero de 2007 hubo 23 mil 852 niños menores repatriados de Estados Unidos (la mayoría, hombres). De los cuales, seis mil 645 eran menores de 12 años y, de ellos, 12 mil 921 estaban solos. De acuerdo con datos proporcionados por Mauricio Farah, quinto visitador de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, seis de cada diez niños migran solos, por lo cual estima que 50 mil menores mexicanos tratan de internarse en Estados Unidos y más de diez mil centroamericanos hacen lo propio. Estos pequeños migrantes son niños que han sido separados de sus familiares y salen de su país buscando reunirse con los padres. Sus casos difieren. Muchos están escapando de situaciones de violencia, abuso y explotación. Sobra decir que en su carrera migratoria son presa fácil de las redes de tráfico y trata de personas.

El problema de los niños migrantes separados es de grandes dimensiones. Sus implicaciones son inaceptables para la subregión de intensa migración que constituyen Centroamérica, México y Estados Unidos. A pesar de los esfuerzos que se han hecho para abordarlo, aún hay muchas lagunas por resolver.

Los niños migrantes separados constituyen un objeto de estudio amplio y abierto, pues escasean las investigaciones sobre el fenómeno. También, a la niñez debe considerársele como sujeto y no objeto de derecho. Es necesario un enorme esfuerzo para cambiar las terminologías, verificar las cifras, acotar las variables y establecer líneas de acción para evitar que más Enriques se aventuren solos al sueño americano.

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Es necesario un enorme esfuerzo para cambiar las terminologías, verificar las cifras, acotar las variables y establecer líneas de acción.

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