Cine y, ¿capacidades diferentes? (I)
Lucero Solórzano
Desde hace varios meses estaba buscando la oportunidad de ver la película francesa que en español se titula El llanto de la mariposa (aunque sería mucho más apropiada la traducción textual de Le Scaphandre et le Papillon, La escafandra y la mariposa) dirigida por Julian Schnabel en 2007 y que se presentó en México dentro del Foro de la Cineteca Nacional. Recibió varios premios a la dirección, pero lo que es impresionante es la construcción del guión de Ronald Harwood basado en la novela escrita por el propio protagonista: Jean-Dominique Bauby.
Por fin vi esta bellísima película hace unos días y puedo decir, sin exagerar, que es de lo mejor que he visto entre 2007 y 2008. Para aquellos que por enfermedades o accidentes hemos tenido algún familiar afectado de parálisis en mayor o menor grado, en silla de ruedas, con sondas, aparatos ortopédicos o entre fisioterapistas y neurólogos, una historia como la de Jean-Dominique Bauby resulta particularmente sensible y conmovedora.
El llanto de la mariposa es la historia real del editor de la revista Elle, que en 1995, a los 43 años, sufrió un infarto que lo dejó permanentemente paralizado de pies a cabeza; lo único que podía mover era el párpado del ojo izquierdo y, con ese recurso y el amor y la paciencia de quienes le asistieron en la rehabilitación, logró comunicarse y hasta dictar el libro en el que se basa la película.
Ya hablaremos de esta cinta con más detalle en el momento de su estreno; por lo pronto, les sugiero estar pendientes y no perdérsela.
Bueno, pues El llanto de la mariposa me llevó a investigar cómo ha tratado el cine la temática de las personas discapacitadas o con capacidades diferentes. Hollywood ha sacado buen provecho del asunto y, además, esos contenidos son de lo que más gustan a los “señores de la Academia” que han otorgado premios Oscar a varias de esas películas.
Por lo pronto, confieso que me causa conflicto encontrar la palabra correcta para referirme a esas personas. Mi mamá pasó siete largos años en una silla de ruedas y de lo que estoy segura es de que estuvo lejísimos de ser una discapacitada o inválida y tampoco tenía “capacidades diferentes”. Simplemente era ella misma y lo único que pidió siempre fue ser tratada como una persona común y corriente y en eso precisamente es que el cine no ha sabido ubicarlos, ya que frecuentemente hace retratos de personas muy lejanas de la realidad.
La figura de aquellos con problemas físicos y mentales ha estado presente desde siempre en el cine. Hubo una etapa en la que se les presentaba como malvados y resentidos (El fantasma de la ópera, El jorobado de Notre Dame, Freak).
Estas personas entraron de lleno al cine gringo después de la Segunda Guerra Mundial y la intención de ello fue enaltecer a los veteranos que regresaban a sus casas con lesiones graves y permanentes. Esa forma de representarlos como seres superdotados y extraordinarios, provistos de una gran bondad, ejemplares en su lucha, los alejó del público. Hasta que empezaron a surgir otros tratamientos del tema.
Creo que hay una película en particular que, aunque con un discurso antibélico, marcó un trato diferente: Johnny tomó su fusil, de 1971, dirigida por Dalton Trumbo y que tuvo una muy buena recepción de público y de la crítica. Cuenta la historia de un joven veterano de la Primera Guerra que regresa, después de hacer estallar una mina, sin brazos ni piernas, ciego, sordo y mudo, un caso muy semejante al de El llanto de la mariposa.
Recordemos un filme como La maestra milagrosa (The miracle worker), en 1962, dirigido por Arthur Penn, con un guión de Helen Keller, en el que cuenta parte de la verdadera historia de la niña (Helen Keller) —sorda y ciega como consecuencia del sarampión— que aprendió a comunicarse y hablar gracias al apoyo de su institutriz Ana Sullivan que, además, era débil visual. La película fue un éxito y recibió el Oscar a la mejor actriz para Anne Bancroft.
En la misma línea del veterano que vuelve del frente me parece estupenda El regreso (Coming home) de Hal Ashby, de 1978, que trata de un veterano de Vietnam (Jon Voight) que regresa parapléjico y conoce a una solitaria enfermera voluntaria (Jane Fonda). Ambos se enamoran y establecen un código de comunicación emocional y física totalmente nuevo para ellos. La película demuestra que aun sufriendo una parálisis se puede ser adulto, ingenioso, divertido, sensual. Ambos actores se llevaron el Oscar de ese año.
Todavía hay muchos ejemplos. Los invito a seguir esta columna el próximo viernes.