SÁBADO 21 de noviembre del 2009

Calderón libra descrédito

Ulises Beltránalejandro Cruz

BGC, Ulises Beltrán y Asociados

¿Cuánto ha afectado el clima políticamente exaltado por la reforma energética y el entorno de violencia del narcotráfico la confianza popular en las instituciones públicas? El Ejército y el Presidente de la República mantienen casi inalterados los niveles de confianza de la población. La certidumbre en la PGR y el Congreso de la Unión se hunden más, probablemente por la narcoviolencia, la primera, y por la toma de las tribunas, el segundo, según se observa en la encuesta telefónica nacional BGC—Excélsior del 12 y 13 de mayo, registra la gráfica 1.

Aún con el embate del narco, el Ejército continúa como la institución pública más confiable para la población. En efecto, la institución militar sostiene el alto nivel de confianza que ha tenido desde el pasado (mucha confianza, 48%). La gente no sólo valora su accionar para garantizar la seguridad, sino el auxilio que brinda en los casos de desastre (Gráfica 2).

A la distancia, el Presidente de la República también tiende a generar razonable confianza. Al jefe del Ejecutivo federal, 29% le tiene mucha confianza y 31% regular (Gráfica 3), niveles parecidos a los de meses pasados. Como se señaló hace dos semanas en este espacio, a la evaluación de la gestión del presidente Calderón no le ha afectado sensiblemente el impacto de la violencia del narco, en parte, porque se le reconoce determinación para combatirla. Tampoco el enrarecimiento político, debido a las discusiones por la reforma energética le han alejado del ánimo de la población.

El porcentaje de personas que tienen mucha confianza en el Presidente también supera 20% en las encuestas recientes de otros dos despachos: 27% en el estudio de IPSOS-Bimsa y 22% en el de Consulta Mitofsky. Esta observación la hacemos, pues recientemente se publicó en prensa una cifra equivocada por error nuestro en esta encuesta, donde se ubicaba este porcentaje en 6%, lo cual era incorrecto. Error que advertimos públicamente en su oportunidad.

La violencia, en cambio, parece pegarle a la credibilidad de la Procuraduría General de la República en su labor, que de suyo ya era baja. Retrocede de 20% a 11% en un mes el porcentaje de población que le tiene mucha confianza a la PGR. La mayoría le tiene poca o nada de confianza (59%), debido a la percepción de inseguridad extendida y de corrupción (gráfica 4).

Por el tribunazo, el Poder Legislativo está peor, ya que los diputados y senadores son muy de fiar sólo para 5%. La clausura de las Cámaras por el Frente Amplio Progresista tiró por la borda la de por sí limitada confianza que transmitía el Congreso. Quienes tienen nada de confianza en este órgano pasan de 26% en marzo a 40% en mayo, ya que perciben a los legisladores como pleiteros, flojos y sólo en busca del interés personal o de grupo. Los partidos políticos, factor central en la deteriorada imagen de las Cámaras legislativas, igualmente están por los suelos (mucha confianza, 3%), según la gráfica 5.

El repunte de la violencia no ha tenido mayor mella en la relativamente baja confianza en el Poder Judicial. Apenas a 15% le genera mucha confianza la Suprema Corte de Justicia y alrededor de la cuarta parte le tiene regular confianza, niveles parecidos a los de meses anteriores (Gráfica 6). La poca o regular credibilidad que se tiene sobre el máximo tribunal se debe a la corrupción y supuestas malas decisiones que muchos perciben.

Finalmente, más allá de la coyuntura actual, el golpeteo del movimiento de Andrés Manuel López Obrador a las instituciones electorales todavía se refleja en una minada credibilidad. El IFE todavía es de las organizaciones públicas más fiables, pero no como en la víspera de la elección presidencial: a 22% le causa mucha confianza y a 23%, regular (Gráfica 7). El Tribunal Federal Electoral tampoco levanta notoria esperanza en sus acciones (mucha confianza, 18%; regular, 22%). En ambos casos, el conflicto poselectoral derivó en una fuerte confianza en su labor que, una vez pasado ese lapso, retrocedió. El cuestionamiento a estas instituciones durante la discusión de la reforma electoral también parece incidir en su pérdida de credibilidad, ya que reforzó la imagen de manipulación del voto.

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