LUNES 23 de noviembre del 2009

Bienvenidos una vez más al mundo de la imagen pública, un terreno en el que la mayoría de las decisiones se hacen basadas en sentimientos, no en pensamientos. Son las emociones, como la ira, la decepción y el miedo, pero también la simpatía, la alegría y la satisfacción, las que comúnmente orientan nuestras acciones de aceptación o rechazo de algo o de alguien. Puedo afirmarlo respaldado en la experiencia de más de veinticinco procesos electorales y una centena de empresas asesoradas y en todos los casos no ha habido alguno en el que las emociones humanas no hayan estado involucradas para lograr los resultados clave en los momentos decisivos. Hay emociones involucradas detrás del voto, detrás de las ventas, detrás de un ascenso. Tal vez ahora puedan distinguir mejor que las estrategias de imagen pública no son otra cosa que procesos coherentes de estimulación de audiencias que tienden a despertar en ellas sentimientos positivos para que decidan a favor de lo que se les proponga, y así lograr muchos y diferentes objetivos. Sentadas las bases, hablemos ahora de lo que usted siente cuando paga impuestos o cuando los evade, así que, por favor, piense… ¿Por qué no paga sus impuestos? Y si lo hace… ¿Es con gusto?

Disgusto general…

Yo al menos no conozco a nadie que pueda afirmar que hoy pagó sus impuestos gustosamente (por si no se ha dado cuenta todavía, hoy se vence el plazo para que presente su declaración personal de impuestos) y, los que sí lo hicimos, la mera verdad, sentimos un disgusto más grande que el de Felipe cuando se le atraviesa Andrés Manuel. Es común en todo el mundo que a la gente no le guste pagar sus impuestos, al final de cuentas el egoísmo es una de las principales características del ser humano, sin embargo, también existen muchos países en los que el ciudadano cumplido paga sus impuestos con menos disgusto, porque recibe en retribución magníficos servicios de salud, educación, transporte y vías públicas, que son los que más llegan al corazón. El primer sentimiento que está detrás de la gran cantidad de ciudadanos que hoy no pagaron sus impuestos es la decepción y por ello esgrimen el argumento: “¿Por qué pagar si no recibo nada a cambio?” El sentimiento crece y se hace más grave en las zonas urbanas más pobladas, en las que las carencias son más evidentes y la calidad de vida ha desaparecido, como es el caso de la Ciudad de México, calificada como uno de los peores lugares para vivir de todo el mundo.

Indignación...

La inequidad en la exigencia impositiva genera otros sentimientos negativos graves, por ejemplo, el de la indignación. Aquellos que entran en este grupo emocional son los que no pagan sus impuestos y usan como argumento a la gran cantidad de trabajadores ilegales que a la vista de todos lucran sin cumplir nunguna obligación. No pagan renta ni luz y mucho menos impuestos y, ¿quién les dice algo? Por lo tanto, los evasores esgrimen que, si el gobierno solapa la ilegalidad, la piratería y además tarde o temprano convocará a los morosos a pagar sin recargos y multas, con tal de que se regularicen, ¿para qué pagar o para qué hacerlo a tiempo?

Ira...

Mezclados con los otros dos, o en existencia por separado, estarán los que justifiquen su omisión argumentando el incierto destino que tienen los impuestos. Dicen que sólo sirven para mantener a una clase política ociosa que en vez de trabajar por el bien común lo hace por el beneficio personal. Que los impuestos sólo sirven para enriquecer aún más a los servidores públicos corruptos a quienes con los impuestos se les paga su salario. Es el sentimiento de la ira el que justifica su evasión.

Ignorancia...

Para acabarla de rematar están los que dicen que no pagan porque es muy difícil hacerlo, se consideran ignorantes del proceso y que por eso no lo hacen. Debo aclarar que cualquier persona puede estar en todos los grupos y arrastrar entonces una gran carga sentimental negativa contra el pago de impuestos.

Miedo...

Yo soy de los que sí pago impuestos de todo y por todo. Ni modo. Debo admitir que soy de los tontos cautivos a los que cada vez apergollan más, y reconozco ante ustedes que no pago por gusto, sino por miedo, sentimiento negativo que obra a favor del SAT, y es que no quiero que me pase lo que a Paquita la del Barrio y termine pareciéndome a ella.

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