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21-Noviembre-2008

La “I” de Madero no es de Indalecio y menos con esa “I”

Leticia Robles

Ygnacio es el segundo nombre de quien llamó a la Revolución Mexicana, aclaró ayer su sobrino nieto, el presidente del Senado

La imagen es del 9 de febrero de 1913. El presidente Francisco “I”. Madero está en un balcón de Palacio Nacional junto con Victoriano Huerta en el arranque de la Decena Trágica.

Forma parte de la muestra fotográfica que ayer inauguró el heredero de la estirpe Madero: Gustavo Madero Muñoz, presidente del Senado, quien, con la autoridad que el conocimiento familiar le otorga, aprovechó para aclarar pifias de la historia oficial.

Con el original del acta de nacimiento y la fe de bautizo de su tío abuelo en la mano, primero aclaró que don Francisco “I”. Madero no se llamó Indalecio, como enseñaron a todos los mexicanos, sino Ygnacio, “con y griega”, y que don Gustavo Madero también fue un héroe que apoyó mucho a Francisco Villa y entregó su vida por las mismas causas, por el mismo movimiento.

“Eran una pareja, una mancuerna, Francisco y Gustavo. Los dos empezaron desde estudiantes en Estados Unidos y luego en Europa y regresaron a México para superar la opresión que se vivía en el país. Hoy hace exactamente 100 años, el 20 de noviembre de 1908, Francisco publicó el libro La sucesión presidencial de 1910, que genera entusiasmo y comienza el movimiento”.

Es el relato de Gustavo Madero Muñoz, sobrino nieto de Francisco y Gustavo, hermanos de su abuelo Evaristo, todos pertenecientes a una familia de 14 hijos.

“Era una familia de 14 Maderitos, Maderotes, con muchas mujeres. Tres no llegaron a la edad adulta. Hubieran sido 17 hermanos, pero nada más 14 llegaron a la edad adulta, uno de ellos era Evaristo, era mi abuelo, era hermano de Francisco, de Gustavo, de Raúl, de todos ellos”.

Gustavo Madero no hace el recorrido de la muestra fotográfica instalada en el patio central de Xicoténcatl para recordar el 98 aniversario de la Revolución que su tío abuelo convocó con la consigna del sufragio efectivo no reelección y que siguieron miles de mexicanos. Él ya conoce las imágenes, creció con ellas en el álbum familiar, rememora.

Pero Carlos Navarrete, el coordinador de los senadores perredistas, sí hace el recorrido y pone a prueba sus conocimientos de historia con el priista Melquiades Morales y el historiador que les hace la explicación.

Mientras, cinco estatuas humanas, con los rostros de bronce, muestran a los héroes revolucionarios; en medio de todos Francisco “I”. Madero o Francisco Y. Madero.

Gustavo Madero está orgulloso de la estirpe a la cual pertenece. Se le nota, lo muestra sin pudor. Se solaza en el relato de la historia que sus tíos construyeron y en ese éxtasis desliza un reconocimiento al gobierno posrevolucionario, al gobierno priista.

“Son principios que se nos contagian a todos desde que estábamos estudiando la primaria, sentimos que esos principios de un México de justicia, de un México de prosperidad y de igualdad, es el México al que aspiramos.

“Esos son los valores que la educación pública nos ha transmitido, y precisamente nos hermana a los mexicanos de Chihuahua con los de Chiapas, a los de Oaxaca con los de Baja California”, resalta.

Por otra parte, a 98 años de que Francisco “I”. Madero inspirara el movimiento que desencadenó la Revolución Mexicana, el historiador José Villalpando, director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), también precisó que el segundo nombre de Madero no es Indalecio sino “Ignacio”.

Sin embargo, no sabía que el presidente del Senado, Gustavo Madero, había aclarado que ese nombre de su tío abuelo se escribe con “Y”.

El director del INERHM causó asombró entre las decenas de estudiantes de secundaria asistentes cuando en su papel de orador se refirió a él como Francisco “Ignacio” Madero.

Durante la ceremonia en Los Pinos, en la que el presidente Calderón montó guardia de honor y colocó una ofrenda en el monumento a Madero, ante los titulares de los tres poderes de la Unión, Villalpando pidió recordar los ideales de este personaje histórico y de los revolucionarios que “imaginaron un país donde se pudiera vivir mejor”.

El funcionario, responsable de los festejos del bicentenario, señaló que el buen gobierno no sólo dependía de la probidad de las autoridades o su eficacia, “un buen gobierno, también decía Madero, sólo puede existir cuando hay buenos ciudadanos”.

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