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30-Septiembre-2008

El tour de la realeza reanima Morelia

Ivonne Melgar

En el apuro por alejar de Michoacán la estela mortal de las granadas del día 15

CUITZEO.- En el apuro por alejar de Michoacán la estela mortal de las granadas del día 15, el gobernador perredista Leonel Godoy no sólo era el más agradecido con la visita de los príncipes de Asturias, sino además el de mayores expresiones protocolarias para con la realeza española.

Siguió al pie de la letra los saludos con las inclinaciones de la Corte, primero en el Aeropuerto Internacional de Morelia, a donde los visitantes llegaron a bordo del avión presidencial con Felipe Calderón y Margarita Zavala, y después en la comida que aquí les ofreció.

Acompañado de su esposa Magdalena Ojeda, el gobernador Godoy celebró la presencia del heredero de la corona española, justo a 15 días de los trágicos acontecimientos del lunes del grito.

“Nos da mucho gusto recibir nuevamente en Michoacán al presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, y a su distinguida esposa, doña Margarita Zavala de Calderón, y sin duda para nosotros los michoacanos es motivo de una alta satisfacción tener la presencia de sus altezas reales, los príncipes de Asturias, Felipe y Leticia”, expuso el perredista.

Afuera, sus gobernados lanzaban vivas a España. Eran, sin embargo, muy pocos los que lograban cruzar el cerco metálico que rodeó las calles aledañas bajo el mando del Estado Mayor Presidencial.

A tono con las emociones callejeras inspiradas en la madre patria y su monarquía, sin descontar los halagos de la gente a la princesa, antes plebeya, y los pendones de banderas españolas y mexicanas que colgaban de las calles de Morelia y esta ciudad, el ex dirigente del PRD le daba a la visita estatus de “limpia”.

“Solamente decirles que nos sentimos muy satisfechos, señor Presidente, don Felipe, de que vengan hoy a Michoacán. Estos días, difíciles para el estado, una asistencia de ustedes, tanto de nuestro Presidente de la República, como de los príncipes de Asturias, nos ayuda, porque lo que queremos los michoacanos, como todos los mexicanos, es salir adelante.”

Felipe de Borbón, quien ya para entonces había admirado en Morelia los retablos en la iglesia de Las Rosas y el órgano monumental de la catedral, inició su mensaje condenando los hechos de hace dos semanas. Habló de sentir un profundo dolor “por el brutal y cruel atentado terrorista”.

“Un golpe terrible contra la vida y la convivencia en esta tierra, en la que tanto se ama la paz y la libertad”, calificó.

Recordó la solidaridad de México para con España en los días de la Guerra Civil, cuando 456 pequeños exiliados se convirtieron aquí en el coro de los niños de Morelia.

Antes, en el conservatorio de Las Rosas, escuchó a los infantes morelianos que sostienen la tradición. Y enseguida, en el Centro Cultural Clavijero, se encontró con 15 de aquellos sobrevivientes que llegaron aquí en 1937.

Felipe de Borbón no escatimó palabras para dejar en claro que esta su visita de Estado expresa una cercanía de la que no escapan las estrategias gubernamentales: “Quiero dejar patente que nuestra condena de aquél acto criminal es tan firme, como lo es nuestra convicción de que México saldrá victorioso de su lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, una lucha en la que el pueblo mexicano siempre tendrá a su lado al pueblo español”.

Las expresiones de apoyo fueron recíprocas. El presidente Calderón lo hizo con la lucha española contra el terrorismo, si bien centró su intervención en valorar el significado de la presencia real, iniciada el domingo y a concluir hasta el próximo día 2.

“El estar presente en estos momentos de dolor y de conmoción es, precisamente, una señal clara del respaldo y la fraternidad”, subrayó Calderón.

Se refirió a la captura de los presuntos autores de los atentados del día 15. “Lo he dicho y lo reitero: no escatimaremos ningún recurso hasta llevar a la justicia a todos los responsables de esa atrocidad”.

Pero en medio de la urgencia por superar la desgracia que convirtió a Morelia en el primer escenario del terrorismo mexicano, y más allá de las molestias del fracturado hombro izquierdo —mismas que lo obligaron a pedir el cabestrillo—, Calderón aprovechó la ocasión para mostrar sus conocimientos en torno a Tata Vasco de Quiroga, el jesuita que protegió a los purépechas en los días de la Colonia.

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