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03-Junio-2008

Pemex enfrenta crisis de ductoesclerosis

Andrés Becerril

El sistema circulatorio que mantiene con vida a la paraestatal tiene un diagnóstico médico negativo. Al deterioro que el tiempo, el clima y las tomas clandestinas han provocado en sus más de 63 mil kilómetros de tuberías se suma ahora el daño de millones de bacterias que todos los días carcomen el acero que transporta los hidrocarburos que proporcionan energía al país

Al menos catorce colonias de distintas bacterias se han convertido durante años en depredadoras de gran parte de los 63 mil 340 kilómetros de ductos por los que Petróleos Mexicanos (Pemex) distribuye diariamente a todo el país petróleo crudo, gas amargo, gas dulce, gasolinas y diesel.

Esos microorganismos descubiertos y combatidos por científicos del Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) provocan corrosión dentro y fuera de los tubos de acero y acortan su vida útil, según establece el Programa de Control de la Corrosión Microbiológica del Instituto.

Desde el año pasado, cuando el gobierno del presidente Felipe Calderón se perfilaba para lanzar su propuesta de reforma petrolera, Pemex hizo público el estado en que se encuentra la red nacional de ductos. Sin entrar en detalles, la paraestatal únicamente advirtió que la red es vieja, pues su edad promedio es de 30 años.

La mayor parte de la red de oleoductos y poliductos mexicanos fue instalada en la década de los setenta, y desde entonces esa infraestructura ha sido blanco de colonias de bacterias que permanentemente son estudiadas por investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Politécnico Nacional (IPN).

Los ductos tienen un desgaste natural debido a las altas temperaturas y presiones a que son sometidos con el paso de los hidrocarburos, además de los factores ambientales (cambios climáticos, lluvia y salinidad), a lo cual se suma una intensa erosión causada por los propios componentes de los productos petrolíferos que transportan.

A la par del descubrimiento de los microorganismos que minan los tubos de acero, los científicos del IMP desarrollaron un mecanismo conocido como El Diablo, a través del cual se monitorea los ductos.

Se trata de algo parecido a un tapón de corcho que recorre a gran velocidad los tubos y puede detectar el sitio preciso donde exista incluso una fractura microscópica, con el fin de que sea reparada y se disminuyan los riesgos ambientales.

En sus diagnósticos, Pemex asegura que la infraestructura de los oleoductos tiene “rezago tecnológico”, que es “baja su confiabilidad operativa e integridad mecánica”, y reporta que sólo en 2006 hubo 14 fugas y se detectaron 70 tomas clandestinas.

Las investigaciones del IMP sobre los microorganismos se remontan a hace unos diez años. Entonces se estableció el Programa de Investigación y Desarrollo de Ductos, y desde esa fecha el Instituto ha trabajado para incrementar los estándares de seguridad en la red, fortalecer la competitividad, reducir los costos de operación y mantenimiento y proteger el ambiente.

Además del deterioro por la corrosión y el tiempo, la red de ductos está expuesta a las críticas y ataques de grupos ambientalistas.

Greenpeace ha denunciado que, según un documento interno del Programa de Investigación y Desarrollo de Ductos, “más de 25 mil kilómetros de ductos de Pemex están en peligro, pues ya sobrepasaron su vida útil, principalmente por los niveles de corrosión que presentan, por lo que el riesgo de una catástrofe ambiental es inminente y amenaza a amplias regiones del país”.

En el IMP rechazan esta versión, pero no niegan que la red de ductos esté expuesta a los microorganismos, principalmente los dos mil kilómetros de tubería sumergida en el mar, pues en ese deterioro también contribuye la sal del océano.

Dentro del Instituto Mexicano del Petróleo existe un comité técnico que desarrolla proyectos de investigación. Uno de ellos se relaciona con el deterioro de los ductos a partir de la corrosión bacteriana.

De acuerdo con los estudios, se han identificado alrededor de 14 nuevos tipos de bacterias que eran desconocidas por la literatura científica. Esto se logró gracias al uso de técnicas de ingeniería genética.

Como resultado de los monitoreos a los ductos de Pemex, los científicos del IMP han logrado aislar a colonias de microorganismos que están siendo estudiadas en laboratorios.

Desde hace años, en el Instituto se ha analizado la posibilidad de evitar la corrosión en las tuberías mediante la elaboración de biocidas.

Éstas son sustancias químicas sintéticas o naturales destinadas a destruir, contrarrestar, neutralizar e impedir la acción o ejercer un control sobre cualquier microorganismo considerado nocivo para el hombre.

Otros proyectos desarrollados en el IMP están relacionados con los estudios de las características y propiedades de nuevos aceros en presencia de algunos productos corrosivos, tales como el ácido sulfhídrico y dióxido de carbono.

En los estudios no se ha descartado que la presión a la que corren los distintos hidrocarburos sea también un agente que vaya en detrimento de la resistencia de los aceros de los ductos.

Especialistas también evalúan las fórmulas de los aceros que hay en el mercado y cuáles pueden llegar a ser más adecuados para las necesidades de la red de ductos de Pemex.

De acuerdo con los diagnósticos realizados por ingenieros petroleros, desde 2002 a la fecha, los oleoductos y poliductos de Petróleos Mexicanos han tenido unos cincuenta accidentes de grandes magnitudes.

Las estimaciones más conservadoras de los estudios hechos por Pemex registran en ese tiempo, y sólo por esos accidentes, un derrame de más de 40 mil barriles de hidrocarburos, con costos millonarios.

Una de las principales causas de los accidentes, reporta la paraestatal, tiene que ver con el mantenimiento de la red, que es clasificado como “deficiente”, ya que la paraestatal no cuenta con los recursos económicos y, por lo tanto, humanos para poder dar un eficaz acondicionamiento a poliductos y oleoductos.

Como medida de seguridad nacional, en la petrolera mexicana se prefiere matizar el estado real de la red de tuberías, aunque en documentos internos se hace hincapié en que existe una situación delicada, que hace que el costo por la operación de la red sea mayor del que se prevé.

Por otra parte, Pemex no recibe adecuadamente el dinero que necesita para el mantenimiento de la red de ductos. Dos de los ejemplos documentados está en el Programa de Sostenimiento de la Operación con Seguridad en Ductos Norte, y el del Golfo.

El subsistema del Norte es la principal entrada y salida de productos a procesar y destilados producidos en las refinerías de Ciudad Madero y Cadereyta, las cuales abastecen a Tamaulipas, Nuevo León, Durango, Coahuila y Chihuahua.

En 2005, Petróleos Mexicanos pidió a la Secretaría de Hacienda mil millones de pesos (450 millones para el subsistema Norte y 550 millones para el del Golfo), de los cuales no ha recibido un centavo, con los riesgos de operación que la falta de presupuesto impone en este tema.

De acuerdo con información de la paraestatal, las estaciones de recibo, bombeo y rebombeo que tienen distintos niveles de riesgo y que son meticulosamente monitoreadas, son las que abastecen a la zona Norte: Linares, Madero, Zaragoza, González, Victoria, Cuesta de los Muertos, Cadereyta, Satélite, Gómez Palacio, Saltillo, Ojo Caliente, Intermedia, Monclova, Sabinas, Chihuahua, Ciudad Juárez y Reynosa.

La falta de mantenimiento adecuado, detalla el documento de la paraestatal, podría provocar que algunas de estas estaciones deje de enviar el hidrocarburo a su destino y con ello habría desabasto en algunas zonas.

Sin embargo, el documento de Pemex sobre los accidentes mayores que se han registrado en los últimos seis años sólo se refiere a los percances que ha habido en los 16 mil kilómetros de ductos de refinación, sin que se dé cuenta de los accidentes que ha tenido la red de exploración y producción.

En Pemex existe un diagnóstico de que uno de los principales problemas que contribuyen a un constante deterioro de los ductos petroleros son las tomas clandestinas.

La falta de personal para monitorear la red permite que las personas que abren la tubería de la empresa para sustraer ilegalmente algún tipo de hidrocarburo, puedan realizar esta operación durante varios días, mientras el dispositivo llamado El Diablo no pase por la zona que fue violentada.

De acuerdo con estadísticas de la petrolera, 95% por ciento de los incidentes graves que ha tenido el sistema nacional de transporte y distribución de hidrocarburos se debe a tomas clandestinas.

Además de las tomas ilegales, en donde los ordeñadores de la tubería ponen en peligro su vida, Pemex tiene que enfrentar, en más de 20 mil kilómetros de la red de ductos, distintos problemas por derechos de vía, que también ponen una dosis de peligro para la operación óptima de la red.

Los asentamientos humanos irregulares son uno de los hechos más significativos entre los problemas de derechos de vía que encara la paraestatal; además, está el problema de que dueños de los predios por los que pasa alguna tubería exigen a la empresa un pago, sin olvidar que en algunas zonas geográficas del país no es tan sencillo obtener los permisos correspondientes para instalar tubería.

Entre el personal técnico y administrativo de la paraestatal que está relacionado con la red de ductos existe la conciencia clara de que los más de 63 mil kilómetros de ductos de Pemex son como el sistema circulatorio de una persona, sin el cual no hay un buen funcionamiento. Simplemente, alguna parte del cuerpo se puede colapsar si no hay un óptimo funcionamiento.

Por ese motivo, para la empresa es vital tener un sistema nacional de ductos capaz de garantizar la transportación y entrega de los distintos productos petrolíferos.

“Los ductos en Pemex representan la columna vertebral del aparato de distribución de la empresa”, dice uno de los diagnósticos consultados, el cual apunta que la adecuada administración, operación y mantenimiento de esta red es fundamental para maximizar, en el largo plazo, el valor económico de la industria.

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