Más de 147 mil mexicanos viajan a aquel país una vez al año con el Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales, pero, aun así, sus derechos no son respetados
El Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales (PTAT) —el único formal que mantiene el gobierno de México con otro país (Canadá), destinado a campesinos migrantes— no protege los derechos laborales ni humanos de los campesinos, quienes sufren un maltrato creciente —despidos injustificados, insultos, falta de atención médica e incomunicación, entre otros—, de acuerdo con denuncias hechas mediante la Unión Internacional de Trabajadores de Alimentos y Comerciales (UFCW, por sus siglas en inglés) de Canadá y constatadas personalmente por diputados mexicanos.
El PTAT ha dado cabida desde su creación a más de 147 mil campesinos mexicanos que migran a Canadá una vez al año, por espacio de tres hasta ocho meses en cada temporada.
Si bien en un inicio era un programa exitoso, hoy, el sindicato canadiense y legisladores mexicanos señalan que es urgente que el PTAT se modifique y, además, se evalúe la actuación del consulado mexicano en las entidades de aquel país pues, cuando no dan información parcial, “parece que defienden más los derechos de los canadienses que de los compatriotas”.
Nervioso, pues necesita el trabajo y está a punto de jubilarse, Ismael es uno de los pocos trabajadores que se atreven a contar su experiencia en Canadá, sin caer en el anonimato.
“Me ha ido bien, muy bien a veces”, advierte de inicio, pero, a lo largo de 17 temporadas trabajando en ese país, ha visto cómo la situación “ha cambiado mucho”.
Quizá porque antes eran pequeñas farmas familiares —campos agrícolas— y ahora la visión es más empresarial; quizá porque ya el cuerpo, de 58 años, no responde como antes a los arduos trabajos que debe realizar en plan de apicultor...
El caso es que “se respira diferente, el trato de los patrones ha cambiado” a tal grado que Ismael, de carácter reservado, con el fin de evitar conflictos que pusieran en riesgo su contratación, decidió afiliarse hace dos años —como es su derecho— al UFCW. Coincidentemente empezaron los problemas…
El trabajo como taxista, jardinero o chofer no alcanza para mantener a su esposa y dos hijos. Por eso en 2006 se “aguantó” cuando sintió un intenso dolor en la pierna. “Tuve suerte, porque me tocó un doctor que ni siquiera me saludó, nomás me checó rápido, pero hay doctores (del gobierno mexicano) más estrictos”, relata y así pudo obtener el certificado médico que es requisito para poder viajar a Canadá.
Pero ya en ese país el dolor aumentó, por ello tuvo que acudir al médico, quien, luego de hacerle unas radiografías, concluyó que era un “desgaste a causa de la edad”. Pero no había problema, el tratamiento recetado dio resultados e Ismael volvió con el desempeño de costumbre a sus tareas.
Sin embargo, su contratante pidió al médico —de manera inusual— que firmara un documento en el que dijera que el campesino no estaba bien de salud y, por lo tanto, no podía ser recontratado. El médico se negó y contó lo sucedido a Ismael.
“Se siente uno mal porque no había necesidad de que hiciera eso… si ya no me quiere, pues simplemente no me vuelve a pedir, ¿entonces para qué pedirle al médico eso?”
Los ánimos merman. Es que, trabajando a temperaturas bajo cero, con un solo día de descanso, lejos de la familia —que manda fotos en las que se ve a los hijos crecer—, el estímulo es la paga y la esperanza de volver a ser contratado en la siguiente temporada, pues en el país de origen no hay muchas oportunidades.
“Entonces uno se desmoraliza, porque soy buen trabajador”. El evento sucedió luego de que Ismael firmara para afiliarse al sindicato y, aun cuando no lo asume cierto, sospecha que esa fue la razón por la que se dieron los eventos con el médico.
Cada vez que viaja a Canadá el paisaje es diferente. Lo nota: hay tractores nuevos, mayores extensiones de tierra a trabajar. Pero la “nueva generación de patrones” es diferente. Se refleja en detalles como que antes, durante los descansos de las largas jornadas de trabajo, los campesinos tomaban café y donas que los contratantes les daban; hoy, nada de eso… las prestaciones también se modifican: “O sea que la farma va subiendo y, el trabajador, bajando”.
Y si además desconocen sus derechos, el desánimo cunde. Cada semana, el trabajador recibe un cheque con el desglose de los descuentos por diversas prestaciones, como seguro médico, parte del boleto de avión, pensión, entre otras. Una de esas prestaciones es el “seguro de desempleo”, que en realidad no se aplica a estos trabajadores, pero sí se les descuenta —unos siete dólares por semana—.
Un trabajador con la experiencia de Ismael recibe actualmente un salario de 8.5 dólares por hora; a la semana le descuentan —además del seguro de desempleo—: seguro de paternidad (destinado a nuevos nacimientos), dos dólares; pensión semanal, 21 dólares; descuento por el avión, casi 35 dólares y, asistencia médica, cuatro dólares. En suma, gana alrededor de 500 dólares por semana que envía casi íntegros a la familia.
Sin embargo, él no sabía sobre el descuento del seguro de desempleo hasta hace apenas cinco años, cuando se topó con los miembros del UFCW, quienes le explicaron, en español, estos asuntos.
Algo semejante ocurrió con la ayuda de paternidad. “El patrón y el consulado decían que sólo les tocaba a los canadienses, pero el UFCW decía que sí nos tocaba y total que hicieron quedar mal al consulado”.
Así, luego de 17 años seguidos trabajando temporalmente en Canadá, Ismael está a punto de “jubilarse”. Cuando lo haga, su pensión ascenderá a unos 71 dólares al mes, es decir, 87 centavos de dólar por cada mes que trabajó lejos de su país.
Es mejor que nada. Lo hizo por su familia y está a unos años de retirarse. Se siente afortunado porque, “de que me ha ido bien, me ha ido bien… de hecho, muchos allá se mueren”.
El UFCW de Canadá es un sindicato que representa a más de 240 mil trabajadores en ese país. Se han interesado por la suerte de los temporales, pues tienen derecho, como cualquier otro canadiense, a afiliarse a agrupaciones y luchar por mejores condiciones laborales.
En los últimos años se han dado a conocer más entre los migrantes, quienes de manera voluntaria les cuentan sobre el trato que reciben. El UFCW ha documentado algunos casos reunidos en el reporte titulado “Defendemos a los trabajadores agrícolas mexicanos en Canadá”, aunque se reserva los nombres de los denunciantes, por temor a represalias.
Uno de estos casos se reveló en Ontario, el 23 de junio de 2006, donde “un trabajador se dislocó dos vértebras al colocar una carga en un camión. El médico dijo que era necesario hacer una operación, pero el trabajador fue presionado para regresar a México”.
Ese mismo año, en la provincia de Manitoba, “tres trabajadores denunciaron que, todas las mañanas, el empleador les ofrece pan, después de haberlo frotado contra sus genitales y les exige que se lo coman. Si se niegan, les grita y les da menos trabajo”.
En Columbia Británica hay cuatro campesinos mexicanos en una granja donde “han tenido que estar hasta dos días sin comer, porque el empleador no tiene tiempo de llevarlos a hacer compras. Allí, los trabajadores canadienses deben llenar tres cajas al día y reciben 50 dólares por cada una, mientras los mexicanos deben llenar siete y reciben sólo 17 dólares”.
En Quebec “algunos trabajadores fueron repatriados luego de que su jefe los golpeara con una barra. El empleador olvidó sus pasaportes en la granja”.
En tanto las autoridades mexicanas y las canadienses dan entrada a las propuestas de modificaciones al PTAT, el sindicato y el diputado del PRD Alberto Amaro Corona ya iniciaron una campaña de difusión.
A los trabajadores que desean migrar a Canadá se les reparten folletos informativos a fin de que sepan con quién acudir en caso de rendición de impuestos, traducción, clases de inglés y francés, disputas con el empleador, repatriación y otros.
La UFCW ya entró en contacto con agrupaciones mexicanas como la Confederación Nacional Campesina (CNC) y la Central Campesina Cardenista (CCC) para que, por conducto de ellas, se dé voz y se respeten los derechos de los trabajadores en Canadá.
De hecho, ya se planea una gran movilización previa a la cumbre que tendrán Estados Unidos, Canadá y México en este mes, que sirva al Ejecutivo Federal como recordatorio de las modificaciones que deben hacerse a los acuerdos con otras naciones.
Por su parte, Amaro Corona ya prepara —en conjunto con algunos de sus compañeros que en 2007 viajaron a Canadá para constatar algunas anomalías— un punto de acuerdo que, además, exija la remoción del personal del Consulado que no cumpla con el compromiso de defender y proteger a los campesinos mexicanos.




