Nacional
Foto: Salomón Ramírez
COMPLEMENTOS
¿Qué te pareció esta noticia?
Califícala

  • Comparte
     

25-Mayo-2008

“A Calderón no le simpatizo”

Pascal Beltrán del Río

Ebrard se dice dispuesto a competir con AMLO en 2012

Marcelo Ebrard (México, DF, 1959), quien se define como un hombre de izquierda, preside el gobierno capitalino en uno de los momentos de mayor atracción de inversiones para la ciudad.

Parafraseando el mensaje del Che a la Tricontinental de 1967, el lema del jefe de Gobierno bien podría ser éste: “Levantemos dos, tres… muchos rascacielos (o cavemos dos, tres… muchos megatúneles), esa es la consigna”.

Resulta difícil afirmar, sin morderse la lengua, que Ebrard nada ha hecho por cambiar la imagen de la capital en los tres semestres que lleva al frente del gobierno.

Podrán no gustar las obras, espectáculos y actividades lúdicas que ha echado a andar y los proyectos que ha anunciado; podrán ser, si así se quiere, para el lucimiento personal y con la mirada en el futuro político, pero pocos las pasan por alto.

Podrá no creerse que logre atraer los 5 mil millones de dólares en inversiones para obras de infraestructura en la capital que prometió el año pasado, pero con sólo dar una vuelta por Paseo de la Reforma, y contar el número de grúas que ahora la delimitan, hay que otorgarle el beneficio de la duda.

Por eso, bastó una mención de Andrés Manuel López Obrador, el pasado lunes 19, para despertar en el imaginario colectivo la estampa de un Ebrard presidenciable, algo que en el caso de Lázaro Cárdenas Batel —el otro mencionado como posible candidato en 2012— no suscitó demasiados comentarios, pese al famoso apellido del ex gobernador de Michoacán.

Y es que doce parece el número cabalístico de Ebrard.

“¿Para cuándo construirá la línea que va a Los Pinos?”, le preguntó al jefe de Gobierno el columnista Pancho Garfias, siempre mordaz y atinado, cuando aquél presentaba uno de sus proyectos consentidos: la Línea 12 del Metro.

En una de sus escabullidas características, Ebrard adujo que la especulación era necia, pues Tláhuac, el destino de la nueva línea, está en el extremo opuesto de la ciudad de donde se halla la residencia oficial. Aun así, no se aguantó las ganas de entrarle al juego que todos jugamos: “Pero vamos a construir un ramal…”

La semana pasada fue sin duda una de las de mayor atención pública que se ha prodigado al jefe de Gobierno. En medio de ella, y con la perspectiva de hacerse aún más visible el próximo jueves, en el Senado, cuando se presente allí para hablar sobre la reforma energética, Ebrard concedió una entrevista a Excélsior.


* * * * *
Su postura corporal transmite algo difícil de definir. Es una actitud que reside en la frontera de la timidez y el desdén.

Lo claro es que el hombre es de una rigidez sobrecogedora. Da la impresión de que nunca se relaja.
Estamos en la Sala de Cabildos del Antiguo Palacio del Ayuntamiento. Las miradas severas de los virreyes refuerzan la seriedad del ambiente. Lo único que rompe la solemnidad es la corbata rosa del jefe de Gobierno.
Hace tiempo que no se sienta para una entrevista con un medio nacional. Aunque se toma el tiempo para responder las preguntas y jamás incurre en la descortesía, se ve que este tipo de conversaciones no son su actividad preferida. Para empezar, es obvio que no le agrada hablar de sí mismo.

Ebrard desciende de una familia de barcelonnettes, como se llama a los habitantes de un poblado francés, en el valle de Ubaye, en los Alpes de Alta Provenza, que migraron en oleadas a México desde los albores del siglo XIX, motivados por la buena fortuna de los primeros emigrados, los Coutollenc y los Arnaud.

Antes de comenzar la entrevista, le pregunto por su parentesco con Pierre Ebrard, autor de la reseña cuasi epopéyica Les Mexicains de l’Ubaye (1821—1948). El jefe de Gobierno alza los hombros. “No sé, quizá sea un primo”.

En un sitio de internet, hasta ahora inexplorado por los periodistas según los buscadores, se encuentra un ensayo –publicado originalmente en el otoño de 1986 en la revista Sociológica de la UAM—en el que Ebrard y su compañero de iniciación en la política Efraín De Gyves hacen un análisis sobre lo que motiva la toma de decisiones en los hombres públicos.

Citando a Max Weber, Ebrard (entonces de 27 años de edad) y De Gyves advierten que los políticos siempre están en peligro de incurrir en “dos pecados capitales que frecuentemente aparecen unidos: la carencia de finalidades objetivas y la falta de responsabilidad”.

No dejo de pensar en eso cuando escucho las respuestas cuidadosamente confeccionadas del jefe de Gobierno.

No se permite a sí mismo bromas ni refranes ni frases estériles.

Su parte más coloquial consiste en deslizar un mano de vez en cuando, pero el uso de la muletilla es más un movimiento de esgrima verbal que el deseo de ganarse el favor del interlocutor.

Tampoco recurre Ebrard a la pirotecnia verbal. Por ejemplo, la palabra pelele no figura en su vocabulario. Cuando le pregunto por su relación con el presidente Felipe Calderón, a quien él no reconoce como ganador de la elecciones de 2006, simplemente dice: “Se ve que no le simpatizo mucho”.

Todo su ser vive, como decía Weber y se retoma en el ensayo mencionado líneas arriba, “una tensión entre la pasión relevante y la mesurada frialdad”.


* * * * *

Han pasado casi tres décadas desde que Ebrard descendió de un viejo vocho, acompañado de sus amigos Efraín De Gyves Betanzos (ya fallecido) y René Cervera García (actual titular de la Oficina del C. Jefe de Gobierno), para registrarse como miembro del Movimiento Nacional de la Juventud Revolucionaria del PRI, que entonces dirigía Roberto Madrazo Pintado.

Aún estudiante de Relaciones Internacionales en El Colegio de México, Ebrard comenzó entonces una carrera política de la mano de su maestro Manuel Camacho Solís.

Al desprenderse éste del PRI, en el sexenio de Ernesto Zedillo, se inició el peregrinar de Marcelo Ebrard en las filas de la oposición. Fue diputado federal del Partido Verde; fundador (junto con Camacho) del Partido de Centro Democrático, del que fue también candidato al Senado en 2000, y, finalmente, miembro del PRD, donde enfrentó críticas por su insuficiente trayectoria dentro de la izquierda —cuando contendió por la candidatura a jefe de Gobierno en 2006—, que él ha compensado con una inquebrantable lealtad a López Obrador.

La pregunta es ineludible: ¿Marcelo Ebrard se considera un hombre de izquierda?
“Sí, claro”, me dice, acomodándose en la silla, una original del siglo XIX donde bien pudo haberse sentado alguna vez su héroe Francisco Primo de Verdad y Ramos.

“Lo que pasa es que cuando dices izquierda puedes decir muchas cosas. A veces esas etiquetas son del todo no muy claras.

“Yo me identifico fundamentalmente con dos objetivos: uno, equidad humana. Es un imperativo ético, político y de todo tipo, hacer algo por terminar con los niveles de desigualdad que tenemos. Es verdaderamente inaceptable, y más aún que pasan las décadas y sigue igual. Algo tenemos que hacer para cambiar eso.

“El otro tema es la defensa de la promoción de nuestra visión de nuestro lugar en el mundo, o sea, pensar en pocas palabras que tenemos una idea nacional y que vale la pena defenderla y llevarla a cabo y llevarla adelante.”

—¿Qué características debe tener la izquierda?

—Cuando te impones esa visión hay que ser congruente, y no todos los que se dicen de izquierda lo son. A veces la congruencia es lo más exigente del mundo en todos los sentidos. Lo que digas tienes que hacerlo coincidir con tu vida personal y tu actuación pública y política. Por ejemplo, un hombre de izquierda no puede o no debiera ser un hombre oportunista o un corrupto, pues es totalmente contradictorio.

—¿Debe ser un hombre austero?

—Yo creo que sí. No necesariamente que seas un hombre que llegue a exageraciones, porque eso también es una simulación. Yo nací en una familia de clase media y no voy a andar simulando ahorita otra cosa, pero de antemano te digo que no tengo la aspiración de ser millonario ni de tener casas en no sé dónde. Entonces, esa es una decisión clave muy importante, hay que ser congruente con lo que uno dice.

* * * * *
Si el mapa del país retrata la desigualdad, el de la Ciudad de México la magnifica. De la abundancia de Santa Fe a la miseria de Iztapalapa hay en medio un mar ancho, profundo y oscuro.

Lo irónico es que en ciertas partes de la ciudad las dos realidades casi se dan la mano, pues sólo las separa una barranca.

Pero las diferencias no implican que no haya necesidades de servicios públicos en ambos mundos. Por ejemplo, hace unos días se juntaron demandas de dotación de agua en el oriente y reparación de fugas del líquido en el poniente.

Unos marchan y otros no, pero los dos requieren seguridad pública e iluminación en la calles, entre muchas otras cosas.

Ebrard ha lanzado propuestas que parecen atender las urgencias de unos y otros. Para los primeros habrá servicio de Metro hacia Tláhuac. Para los segundos, un megatúnel de cuota que unirá Santa Fe con Polanco.

—En una ciudad de contrastes tan fuertes, ¿se puede quedar bien con los que tienen y los que no? –le pregunto.

—Yo creo que siempre tienes que tener una filosofía política y una prioridad en tus programas. No puedes llevar una administración que no tenga una forma de pensar y eso te conduce a ser más cercano a diferentes causas.

Puedes ser más cercano a la causa de la igualdad o más cercano a la causas de la libertad o otros puntos importantes.

“Yo te diría, en la ciudad yo tengo muy claro que el objetivo prioritario es el de lograr la mayor equidad que podamos en el menor tiempo posible. ¿Por qué? Porque esa es la base del desarrollo y de la convivencia armónica que estamos buscando.

“Quedar bien con los que tienen recursos económicos, pues depende qué quiera decir. Si es que haya buenos servicios en la ciudad, mejor vialidad, pues desde luego nos interesa. También son ciudadanos. Si es estar de acuerdo con intereses particulares en asuntos específicos, pues no necesariamente vamos a estar de acuerdo. Lo que importa, me parece a mí, es el resultado final.

“Si puedes lograr, por ejemplo, una inversión privada de cinco mil millones de dólares, como nosotros nos propusimos, con inversiones en infraestructura, si lo logramos y al mismo tiempo podemos mejorar la educación y hacer el Metro, pues creo que es un buen planteamiento. Y si no todos, la gran mayoría va a estar de acuerdo en que avancemos en estas diferentes cuestiones al mismo tiempo.”

—¿Pero hay energía, hay recursos, hay tiempo para tratar de atender la mayor parte de las necesidades?

—Mira, desde luego nosotros quisiéramos que los días duraran el doble, ¿no?, que hubiera días de 48 horas porque hay muchísimo trabajo, pero lo importante aquí es no perder de vista cuáles son los temas que van a ser decisivos, porque si quieres resolver todo al mismo tiempo, es imposible. Lo más probable es que te diluyas, que te pierdas, te confundas y al rato la gente no sepa ni qué estás haciendo.

“Entonces ¿cuáles son los objetivos prioritarios? Bueno, pues vamos a darle conectividad a la ciudad: Metrobús, Metro, vialidades, túneles...

“Otro asunto, la economía de la ciudad. Necesitamos, entre otras cosas, inversiones en infraestructura, pero también ocuparnos en el desarrollo científico y tecnológico en la ciudad. ¿Entonces qué hacemos? Metamos el nuevo lenguaje virtual en todas las escuelas, fomentemos los programas de desarrollo de las universidades, como la UNAM, nuestra máxima casa de estudios, que por fortuna está aquí, y el Politécnico. Procuremos las inversiones que nos parecen correctas…”

Ebrard toma aliento.

“Bueno, a veces no te da tiempo de atender demasiados temas, pero tenemos muy claro cuáles son las prioridades, cuál es el rumbo que queremos que la ciudad lleve y qué lo determina y a eso es a lo que le dedicamos la mayor parte del día.”

—¿Si se tuviera que optar por una sola de estas metas?

—¿Una meta?

—Una meta.

—Mira, yo pienso que necesitamos que la mayor parte de los ciudadanos perciba que tiene una mejoría en su calidad de vida. Ese el resumen de lo que queremos lograr. Si nosotros, cuando terminemos en 2012, logramos que haya una porción mayor de la población cuya calidad de vida mejoró sustancialmente, querrá decir que habremos logrado el objetivo.

Le pregunto si un túnel de cuota en vialidades internas de la capital no sirve para segregar. Si no se corre peligro de separar a los capitalinos según su nivel de ingreso.

“La reflexión es qué podemos hacer con fondos públicos en materia de vialidades. Estamos concentrando el esfuerzo en reparar el Circuito Interior y algunas otras rutas estratégicas. Y hasta ahí te llegó el dinero. Lo demás sería deuda. Y yo no quiero aumentar la deuda de la ciudad.

“Pero —se pregunta— ¿qué hacemos con Santa Fe? Es una zona de alto ingreso, muy dinámica y ahí vive un número muy importante de ciudadanos. La decisión es: hagamos entonces una vialidad, que sea una vialidad de peaje, como ocurre con parte de la carretera a Toluca.”

Informa que la decisión se complementará con una línea de Metrobús a Santa Fe —una de la diez que piensa construir— así como la agilización de la circulación en la avenida Constituyentes, mediante deprimidos y puentes.

“Entonces, si alguien no quiere utilizar el túnel, no lo va a tener que hacer. Lo que sería muy criticable es que nada más hagas el túnel y no puedas llegar si no es por ahí. Eso, de ninguna manera. Pero si no resolvemos de fondo el problema de vialidad en el poniente, se va a colapsar.”

Su filosofía al respecto: “Los recursos públicos se invierten donde tengan el máximo beneficio social. Las inversiones privadas deben ser complementarias, y siempre se buscan alternativas para las personas que no quieran usar esas vías.”

¿Lógica implacable? Quizá. Más adelante le preguntaré si no se puede aplicar, también, en la reforma del sector energético.


* * * * *
“Perdónenme, pero no estoy entendiendo nada”, soltó, exasperado, un conocido publicista, cuando el director del Sistema de Aguas de la Ciudad de México explicaba a un grupo de comunicadores la estrategia del gobierno capitalino para evitar una inundación de proporciones catastróficas.

“Es que vas muy rápido, Ramón”, gruñó desde el fondo de la sala, en la cima de la Torre Mayor, el jefe de Gobierno. A grandes zancadas cruzó entre los sillones y taburetes donde estaban acomodados los invitados y tomó el micrófono de las manos de su funcionario.

Era la primera vez que Ebrard se encontraba con un grupo tan grande de los llamados líderes de opinión y el tema no era irrelevante. Desde que se avecinaba la primera temporada de lluvias en el sexenio, la situación delicada del drenaje capitalino —producto del crecimiento y el hundimiento de la ciudad, así como de la falta de inversiones en el avejentado Emisor Central— había causado escaramuzas entre Los Pinos y el Gobierno del Distrito Federal. Ebrard y Calderón habían cruzado palabras sobre cómo evitar mejor que la ciudad un día se suma en aguas negras.

Sin apoyarse mayormente en el Power Point que habían preparado sus subalternos para la reunión, Ebrard emprendió una detallada exposición sobre las causas del riesgo y las acciones que su gobierno había emprendido para reducirlo.

Terminada la lección del profe Ebrard, la concurrencia quedó aparentemente tranquila y confiada de que no viviríamos en la capital un escenario como el de Villahermosa, con la diferencia de que los chilangos nadaríamos en porquería.

Por supuesto, el jefe de Gobierno había jalado agua a su molino, igual que había hecho la Comisión Nacional del Agua. La realidad es que si las obras han de funcionar tendrán que ser, en recursos y esfuerzo, bipartitas (o tripartitas, pues también involucran al gobierno priista del Estado de México).

Pero de eso se trata, en lo que toca al GDF: colaborar con Calderón pero sin que se note. El gobierno federal, en cambio, estaría encantado con una foto del Presidente y Ebrard dándose la mano, un pedazo de legitimidad que aún no ha podido conseguir.

Por eso, cuando Ebrard me habla de sus objetivos para la capital del país, de volverla una de las urbes más competitivas del mundo, de abatir la desigualdad social y aumentar la calidad de vida de sus habitantes, me cuesta trabajo imaginarme la llegada a la meta de un corredor solitario.

Y se lo digo:
—¿Se puede llegar a estos objetivos de manera desarticulada, digamos, sin coordinarse con el gobierno federal, es decir, que la Ciudad de México puede llegar sola a esas metas?

—¡Pues la han dejado sola! —exclama.

“Déjame que te lo explique: tenemos el sistema de Metro más barato del mundo. Doscientos kilómetros, 4.2 millones de pasajeros al día, y en eso no hay ningún respaldo federal. Si tú vas a París, Tokio, Londres o Nueva York, hay una inversión federal o nacional en eso.”

Adelanta que todo lo nuevo que se hará en materia de transporte público durante su gestión (Metro, Metrobús y tranvía) será con recursos locales.

Arremete: “Hay quien dice que la Ciudad de México está muy favorecida. No es verdad. La capital aporta mucho más (de lo que recibe). Simplemente te comentaría que casi la mitad de la recaudación se da aquí y lo que recibimos, la verdad, no coincide con lo que aportamos.

“Entonces no estamos asumiendo o partiendo de que el gobierno federal vaya a hacer inversiones directas.
“De hecho, en la ciudad, fuera de la biblioteca muy polémica que se hizo en el sexenio anterior, inversiones públicas de relevancia, pues no hay de carácter federal, son locales y entonces tendremos que seguir en ese camino.

“Ahora, eso no quiere decir que no estemos en diálogo o en coordinación con las instancias federales, como se ha querido a veces argumentar. Tenemos diferentes políticas muy graves, pero somos gente responsable. Entonces, agua, seguridad, todos los temas que tú quieras, el tema del aeropuerto, tratamos de coadyuvar en las tareas y resolver los problemas comunes.”


* * * * *

“Para un político son sustantivos dos elementos: su experiencia y conocimientos de la historia, y su escepticismo ante la reducción de su actividad a una lista de reglas”, escriben Ebrard y De Gyves en su ensayo Juegos y decisiones en el análisis político (1986).

La corta militancia del jefe de Gobierno en el Partido de la Revolución Democrática (PRD) no le impide diagnosticar qué está sucediendo con la organización que cada día parece hundirse más.

Estudioso de la ciencia política, Ebrard desempolva mentalmente el libro La ley de hierro de las oligarquías de los partidos, del sociólogo alemán Robert Michels, quien diagnosticó la incompatibilidad entre liderazgo y democracia.

En los partidos de masas, dice Ebrard, citando a Michels, “siempre existe la tendencia de quienes tienen posiciones a preservarlas por encima de cualquier otra consideración”.

Michels explicaba, además, que las masas tienden al culto a la personalidad; que mientras más grandes se vuelven las organizaciones políticas, más se burocratizan, y que, inevitablemente, desarrollan la dicotomía eficiencia—democracia.

Para Ebrard, el PRD tiene la obligación de salir de esta crisis con un nuevo proyecto, “porque si no te lleva a mejorar, entonces quizá no tenías derecho a seguir planteándote como opción política mayor”.

Agrega: “Estamos atravesando un fenómeno que quienes somos integrantes del partido no hubiéramos querido ver, pues queremos a nuestro partido. Pero como que ya llegamos a una etapa donde hay que pasar a otra cosa.

El partido tiene que tener una serie de reformas muy profundas. En primer lugar, porque representamos las aspiraciones de muchas personas y los partidos no son patrimonio de quienes los dirigen.”

Ebrard se dice optimista sobre el futuro del PRD.
“Yo creo que lo que vamos a ver en los próximos meses es un cambio muy drástico, muy importante en el partido y yo espero que así sea, por bien de todos.”

—¿Cómo se metieron en esta crisis?

—El punto medular es que los procesos electivos se siguen confiando a los militantes de los dos candidatos. Es absurdo. Dicho de otro modo, salvo que haya una elección con márgenes muy amplios, cada vez que haya una competencia de tres, cuatro por ciento de diferencia, va a haber una crisis similar. Ninguna elección interna del partido, me parece a mí, la debiera organizar el propio partido y menos con los representantes de los que están en contienda. Vamos a tener que pensar en otro esquema.

Le pregunto si un partido por el que sólo 5.5 por ciento de las personas encuestadas por el propio PRD —como publicó Excélsior el lunes pasado— puede seguir teniendo aspiraciones. Por lo pronto, el proceso electoral de 2009 ya está encima.

—Bueno, yo creo que tenemos que hacernos cargo, que tenemos un costo, pero yo tengo la impresión de que la mayor parte de los electores van a votar en función de los resultados también que tenga cada gobierno. El PRD, hoy en día, es responsable de la conducción del Distrito Federal, nada menos, así como de otras entidades federativas. Entonces seguramente eso va ser el punto decisivo en la próxima elección, además lo que hagamos en el seno del partido para resolver la crisis en curso.


* * * * *
Que si va a trabajar en bicicleta y organiza ciclotones, que si trae a Spencer Tunick o el Museo Nómada, que si pone una pista de hielo en el Zócalo o importa la playa a la ciudad, que si anuncia una nueva línea de Metro o un megatúnel, que si se forma un proyecto de inversión para construir un rascacielos…

“Lo que hagas, mano…”

Marcelo Ebrard tiene clara la reacción que provocan en sus críticos la mayor parte de las cosas que hace: simplemente está promoviéndose para el futuro, hacia 2012 o lo que venga. No parece disfrutar esos comentarios, como ocurre con otros políticos; más bien los asume como parte de su actividad.

El jefe de Gobierno dice que, más que sus críticos, lo que le preocupa es lo que está sucediendo en otras ciudades del mundo, que han avanzado en equidad y competitividad.

Por eso, afirma, “para tratar de ser más o menos equivalentes, todos los días te tienes que despertar diciendo: ¿qué tengo que hacer hoy? Y ¿qué es lo más importante para que dentro de diez ó 20 años la ciudad esté donde queremos que esté? Esa es una obligación muy importante cuando tomas un cargo como la Jefatura de Gobierno”.

Respecto de las actividades recreativas que ha desarrollado, sostiene que no ha sorprendido a nadie, pese al furor que en su momento causaron las playas urbanas y las pistas de hielo.

“Lo dijimos desde hace tiempo, a lo mejor no se entendió, pero adelantamos que íbamos a aprovechar el espacio público de otra forma. Eso es lo que quiere decir espacio público: una zona donde puedas caminar, puedas venir con tu familia, donde tengas museos, espectáculos, etcétera.

“Finalmente, tú tomas lo que quieras, lo que te guste. El caso es que puedas vivir tu ciudad. Ahora que hicimos el ciclotón nos dimos cuenta de que toda una generación no tiene bicicletas, porque no se atrevía a salir a la calle. Ahora es hacer eso, retomar la convivencia. Ya tenemos 180 mil participantes en ese tipo de actividades y vamos a seguir adelante.”

Ha pasado casi año y medio desde que está en el gobierno (los tres semestres se cumplen exactamente el 5 de junio). Le pregunto qué ciudad se encontró, pero me responde en la forma de un pequeño informe de gobierno.
“Lo que yo te podría decir, como resumen, es que casi todos los programas que traíamos importantes, todos ya están iniciados. Yo tomo como punto de partida los 50 compromisos que hicimos con la ciudad, es decir, las 50 cosas que queríamos hacer entonces. Tenemos ya en este momento avanzada la mayor parte de ellas. Tienen que ver con la política social, donde lo que hemos hecho es invertir en educación, básicamente en programas de los jóvenes de escuelas media superior. Los estamos becando a todos, los que están en escuelas públicas, son 180 mil ahorita.

“Nuestro objetivo es reducir la deserción, facilitar que estudien, es una política a la europea. La lógica es facilitar que los jóvenes puedan estudiar.

“Para los niños de primaria tenemos el programa de los niños talento, que es poner la atención en los niños y niñas que tienen nueve y diez de calificación, para que tengan clases extracurriculares y apoyos de diferente tipo para salir adelante; entonces el corazón de la política social que estamos llevando a cabo va dirigido a la educación. Ahí siembras igualdad y, por otro lado, el desarrollo futuro de la ciudad.”

Le digo que me parece interesante que haya optado por responder con sus planes en materia educativa.
“Yo creo que es de lo más importante. Es donde hemos metido más dinero, más esfuerzo… Si uno ve todas las experiencias internacionales exitosas, la que tú quieras, es evidente que lo que hagas en educación va a residir gran parte del futuro. Te lo pongo en cifras: si tú tienes 100 mil jóvenes que dejan la escuela en cada año de preparatoria, quiere decir que no vamos a tener una ciudad más equitativa y mucho más productiva. Lo estamos corrigiendo, hay que invertir en eso.”

—¿Dónde deberá estar la ciudad en unos años?

—Todavía tenemos una gran desigualdad. La mitad de la población gana hasta tres salarios mínimos, más o menos 130 pesos al día. Entonces tenemos una ciudad muy rica en sus números, pero muy desigual. Tenemos que lograr que sea mucha más justa, más equitativa, eso te va a dar lugar a reducción de violencia, mayor integración, una serie de efectos positivos.

“Después, necesitamos una ciudad muy competitiva en comparación con otras del mundo. Tenemos una ciudad con un ingreso suficiente como para aspirar a estar dentro de las diez primeras del mundo en desarrollo y creación de valor agregado.

“La otra dimensión es la calidad de vida. Estamos trabajando en transporte público moderno. Vamos a iniciar el Metro, estamos haciendo Metrobús, voy a hacer diez rutas con un total de 245 kilómetros, vamos a meter el tranvía… Estamos trabajando mucho en el espacio público. En el Centro Histórico quitamos el comercio en la vía pública para devolverle el espacio a la gente. Toda la ciudad ha sido para los vehículos. También tiene que haber espacio para las personas.”

* * * * *

Si Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador pasaron de la Jefatura de Gobierno a la candidatura presidencial, ¿sería impensable que Ebrard quisiera hacer lo mismo?

“No necesariamente”, afirma éste. “Depende de muchos factores. Lo que sí te da la ciudad es un peso relativo importante. Lo mismo que se podría decir en el PRI o en otros partidos, los gobernadores de las entidades más importantes tienden a tener una exposición mayor y estar más sujetos al escrutinio público.

—¿Tiene algo de malo decir “yo aspiro”?

—No, a mí me lo han preguntado y les digo “por qué no, claro que sí”, nada más que lo que tienes que cuidar es no convertirte en un hombre obsesivo o arrogante o soberbio, o distraerte de tus funciones. Yo les digo a mis compañeros, siempre que llegas a un cargo, acuérdate que lo único seguro es qué día te vas y de eso no te distraigas. Lo demás, no lo sabes, depende de tu trabajo. Bueno pues dedícate a hacer tu trabajo y defender tus posiciones y ya en su momento se verá.

Aunque no es la primera vez que López Obrador lo menciona como posible candidato presidencial del movimiento que él encabeza, la del lunes pasado, en Michoacán, colocó a Ebrard en la pista del futurismo político.

“Andrés Manuel es un hombre muy inteligente, muy generoso, además yo le tengo un gran aprecio y respeto. Me parece que el sentido de su declaración es decir ‘no soy un hombre obsesivo’, hay que ver para el año 2012 qué será lo mejor y yo le agradezco la mención que hizo.”

—¿Él debería repetir como candidato?

—Yo creo que él va a estar considerado de cualquier manera por el peso que tiene, por lo que representa, por la trayectoria que ha llevado. Lo que él está diciendo es muy sensato: Abramos nuestras perspectivas para escoger al que mejor esté posicionado, de los posibles candidatos que pueda presentar el partido, busquemos al que tenga la mejor posición en ese momento.

Le pregunto por su relación con López Obrador. Al final de cuentas, Ebrard es el único gobernante local que ha decidido no reunirse en público con el presidente Calderón. Y se ha dicho con frecuencia que ante la carencia de un grupo propio en el PRD defeño ha hecho que Ebrard dependa del lopezobradorismo.

—¿Se consultan cosas mutuamente?

—La relación es muy buena. Se basa en un respeto mutuo. Desde que tomé posición aquí, jamás me ha hecho comentario alguno sobre la gestión del gobierno de la ciudad. Tampoco yo le hago comentario alguno sobre la esfera donde él está ahorita, que es el movimiento social que él encabeza. Desde luego, hay una muy larga amistad y una relación de confianza importante, pero cada quien en lo suyo.

—Él ha justificado que otros gobernantes surgidos del PRD se reúnan con el presidente Calderón…

—Hay asuntos de principios. A mí me han dicho “si vas a ver a Calderón, a lo mejor te dan más dinero”. Me suena como a soborno. Yo creo que la ciudad tiene sus derechos, sus ingresos, en fin, y que no debemos comprometer asuntos de principios por alguna otra consideración, salvo que estuviera en riesgo.

“Llevamos año y medio y todo ha funcionado, creo yo, razonablemente bien. Habrá muchas cosas que me puedan criticar, pero la ciudad ahí va.

“Además, yo te recordaría que cuando Calderón era presidente del PAN hubo un problema en un municipio de Puebla, Huejotzingo, y como él tenía información en su momento de que había habido un fraude, dijo ‘no voy a ver al presidente Zedillo porque esto es suficientemente importante como para que yo no asista’. Y durante algún tiempo no fue a verlo.

“Pues en 2006 hubo acontecimientos muy graves, y a mí no me interesa estar en conflicto con el señor Calderón, pero tampoco voy a ir a eventos o a cosas que son intrascendentes para los intereses de la ciudad y que me pondrían en conflicto con un principio. Yo no estoy de acuerdo con lo que pasó en 2006. Lo viví muy de cerca y creo que es algo que no deberíamos vivir y creo que debería ser respetuoso, me parece a mí, quien en su momento esgrimió el mismo argumento por un asunto mucho menor que al que ahora nos ocupa”.

—¿Hay presiones para que se reúnan…?

—Presión, no…

—¿…o un castigo por no hacerlo?

—Bueno, desde luego no le simpatizo, pero hasta ahora no hemos tenido presiones de ese tipo, no.

—¿Ha sido innecesario o inconveniente esa reunión?

—Yo diría que no ha sido necesaria. La ciudad puede seguir su curso, porque, como te decía, la mayor parte de las cosas y los servicios de la ciudad, sin ignorar desde luego que hay una participación federal importante, pero la mayor parte de las inversiones, de las acciones, dependen de la esfera local .

“Inversiones federales importantes no hay en la ciudad. Me dirás, ¿y el tren suburbano? Bueno, es una inversión privada y, okey, hemos colaborado con esa inversión, pero si de tener una buena relación con el gobierno federal dependieran las grandes obras que estamos haciendo, si hubiese una inversión federal mayúscula, pues a lo mejor tendríamos que repensar lo que te acabo de decir, no en el sentido de ir a verlo, sino en el sentido de ir si es necesario. A la fecha, no ha sido necesario y yo espero que así siga siendo”.

* * * * *
La Ciudad de México no ha escapado a la espiral de violencia del crimen organizado que envuelve al país. En semanas recientes han sido ejecutados, en plena vía pública, varios mandos policiacos. También han vuelto las escenas de encajuelados.

De por sí, la capital lleva varios años padeciendo su propia cuota de delincuencia común. Varias zonas de la ciudad son centros de actividad de los ladrones de autos, casas y transeúntes.

Para contrarrestar estas modalidades del crimen, el jefe de Gobierno puso en marcha un esquema de coordinación de la Secretaría de Seguridad Pública y la Procuraduría de Justicia, llamado Unipol, en las cuatro delegaciones con mayor incidencia.

Antes, y como parte de las actividades del año 2010, Ebrard había anunciado un amplio programa de vigilancia callejera por medio de cámaras inteligentes, en proceso de licitación.

—Para elevar la calidad de vida, me imagino que la seguridad es un tema importante. ¿Cuál es el diagnóstico?

—En la ciudad estamos viendo efectos de un fenómeno nacional muy complejo, por lo que se puede observar y nosotros hemos tratado de coadyuvar. Tenemos preocupaciones, por ejemplo, de toda la gente que nos mandan, delincuentes muy graves que tenemos en nuestros reclusorios aquí. Casi todos los que capturan llegan al Distrito Federal; eso es algo que nos tiene muy preocupados porque con ellos llegan sus escoltas, sus abogados, sus contadores, etcétera.

“Otro fenómeno es el aeropuerto. Hemos insistido mucho en ese tema. Apenas el viernes (16 de mayo) se hizo un operativo conjunto para revisar las agencias aduanales muy poco controladas que están alrededor del aeropuerto de la ciudad, porque ahí entra y sale todo, ¿verdad?

“Por otro lado, estamos unificando los mandos de diferentes corporaciones locales, para ser cada vez mas efectivos.

“Segundo, vamos a desplegar todo el sistema de cámaras que tenemos previsto, serán alrededor de ocho mil que nos permitan controlar y reaccionar mucho mejor al tema de inseguridad.

“Tercero, estamos golpeando el patrimonio de la delincuencia. Empezamos con una expropiación en Tepito, seguimos en Iztapalapa, más o menos eran unas dos mil toneladas de vehículos recientes robados, luego nos fuimos a Santo Domingo, donde con 40 sistemas de cómputo falsificaban todo lo que tú quieras, y así hemos seguido y vamos a perseverar, porque desde mi punto de vista tenemos que dificultar el crecimiento de la delincuencia organizada aquí, quitándole patrimonio. Si nada más le quitamos gente, salvo que sea la cabeza, lo único que va a pasar es que lo van a reemplazar, entonces hay que ir por el patrimonio y en eso estamos trabajando.

Le pregunto si está convencido del esquema de Unipol sin algunas reformas legales que lo sustenten.

“Ya se hicieron algunas reformas, claro que tenemos que hacer la ley local. A mí me parece que está muy mal que tengamos separado al policía que está en la calle con su uniforme, del policía judicial o ministerial que conoce un delito. Porque ¿esto qué quiere decir? Que el policía que está en la calle todo el día no sabe cómo se llamó el señor que detuvo el día anterior, porque no lo puede interrogar, quién es la banda de ese señor, dónde venden lo que se roban, qué otros delitos han hecho.

“Esta vieja costumbre de dividir las dos policías, yo no encuentro ningún argumento de peso para mantenerlo cuando estamos viendo que tenemos una delincuencia cada vez más agresiva. Entonces, más que armamento, que es importante, o sistemas de información, que ya se tienen, lo que hay que hacer es unificar para que podamos ser mucho más eficientes”.

A su memoria viene un caso de cuando fungía como Secretario de Seguridad Pública capitalino, cargo del que fue destituido por el entonces presidente Vicente Fox, luego del linchamiento de policías federales en 2004, en Tláhuac.

“Recuerdo que secuestraron a una persona y luego apareció asesinada esta señora a los dos, tres días. Se hizo toda una investigación de la judicial y yo le hablé al de la patrulla que pasaba ahí diario y me dijo: ‘Mire, secretario, yo creo que es el vigilante, porque el vigilante me dijo que odiaba a la señora por razones de trato’.

Lo mandamos investigar y efectivamente habían sido el vigilante y el jardinero, y eso había pasado inadvertido para la Policía Judicial que estaba viendo otras pistas. ¿Qué te ejemplifica esto? Que no tiene sentido que los separemos.

“Lo que estoy haciendo entonces es armar un mando único y que éste tenga que dar resultados ya sin el pretexto de que fue la otra policía y yo no fui, fue el de junto. Señores, vamos a unificar los mandos, sin violar la ley, por supuesto, no estoy modificando sus facultades, lo que estoy haciendo es obligarlos a que trabajen en conjunto con una sola dirección”.

Le pido su opinión sobre la reforma penal de carácter federal que fue aprobada por el Congreso y la mayoría de las legislaturas de los estados, y que establece, entre otros cambios, los juicios orales.

“Tiene algunos elementos que a mí me preocupan, desde el punto de vista de abusos que pueda haber, pero tiene otros que son positivos”.

—¿Los jueces de control?

—Es uno de ellos… Hay que cuidar que esos aspectos no devengan en abusos contra las personas. Pero algo que me parece muy buena idea es la extinción de dominio que nosotros propusimos. Hoy en día sólo se puede quitar la propiedad a un delincuente mediante la expropiación, que es muy compleja. La extinción de dominio es una muy buena aportación de esta ley.


* * * * *
Pasadas las primeras etapas del debate petrolero, en que fijaron sus posiciones los dirigentes de los partidos y los juristas, lo que sigue es conocer la opinión de los gobernantes.

El próximo jueves 29 comparecerán en el Senado los gobernadores de Tamaulipas, Veracruz, Michoacán, Guanajuato y Morelos, así como el jefe de Gobierrno del Distrito Federal.

Le recuerdo a Ebrard que públicamente ha dicho, incluso en esta misma entrevista, que cuando el dinero público no alcanza para cubrir todas las necesidades sociales, hay que recurrir a las inversiones privadas complementarias.

—¿Por qué no aplicar esto al caso del petróleo? —le pregunto.

—No es igual, porque ahí no faltan recursos públicos. Nunca habíamos tenido tanto dinero. Ese argumento lo he escuchado, pero francamente lo encuentro sin fundamento. El precio del petróleo está en su nivel más alto de la historia y no van a bajar porque se derivan de que China e India ya están significando una gran demanda, entonces van a seguir quizá arriba de cien dólares.

“En el gobierno de Fox tuvieron 70 mil millones de dólares que no estaban previstos. Entonces a mí no me parece que sea lógico que se aduzca la falta de recursos para las inversiones que se desean hacer porque no se hicieron las refinerías. Una refinería cuesta tres mil 500 millones. Tuvieron setenta, no hicieron ninguna, no es el motivo de falta de recursos por un lado.”

Sigue: “El caso del petróleo es muy distinto al de una vialidad. El petróleo nosotros lo extraemos como país con Pemex y lo que se nos plantea ahora es que diferentes grupos privados lo transformen. ¿Dónde queda la ganancia del país?

“Luego dicen que no tenemos la tecnología. Pues tampoco la teníamos cuando se expropió. Estábamos peor y, sin embargo, salimos adelante. Se dice que no habría otra forma de entrar a aguas profundas, pero el otro día yo escuchaba a un ex director de Petróleos Mexicanos que tenemos todavía recursos en aguas someras y en parte del territorio. No parecen muy sólidos los argumentos.”

Es obvio que el jefe de Gobierno no está de acuerdo con las iniciativas de reforma energética enviadas por el Presidente.

“Desconfío, ¿sabes?, porque escucho argumentos similares a los que se manejaron en otros casos, como puede ser el sistema bancario, cuando desde mi punto de vista se malbarató y además todos los mexicanos tenemos que pagar ahora pagarés ahí.

Agrega: “Esa cosa de que los mexicanos no podemos, es la misma mentalidad mediocre que nos dijeron cuando los bancos: ‘Señores, los mexicanos no podemos con los bancos, entonces los vamos a vender al exterior. Puras falsedades…

“Ahora van sobre el petróleo. Pero entonces dices ‘no, esperame tantito, estás hablando del patrimonio que tenemos’. Yo creo que la podemos hacer mucho mejor, por supuesto. Yo no soy conformista, lo que digo simple y llanamente es que los argumentos que nos presentan son engañosos, son cuestionables y son similares a lo que hicieron en otros casos.

“Yo veo un serio problema de gestión, de administración de los recursos. Con el debido respeto, ya no nos pueden decir que así se los dejó el PRI…”

Le pregunto si no cree que el PRD se equivocó con la toma de las tribunas del Congreso, a juzgar por su desplome en las preferencias reflejado en distintas encuestas.

“Esas discusiones son a veces un poco difíciles porque ya son pos o después de. Hoy se tiene un debate, al que voy a asistir, pero antes se quería pasar varias leyes en un plazo de tiempo muy corto, con un tema muy delicado...

“Entonces si hoy se dice que era innecesario tomar las tribunas, pues alguien podría decir que si no las hubiéramos tomado, no habría debate. Ahora que se tiene ese debate, hay que realmente informar al público.”

—Terminado el debate, ¿lo que procede es dictaminar y votar las iniciativas?

—Mira, en las democracias más avanzadas, si se va a cambiar la moneda, se hace un referéndum. A nadie en su sano juicio se le ocurre pasar un cambio así sin consultar a la gente. Se entiende que eso sucede sólo en decisiones muy importantes.

Agrega: “Separándome de mi posición particular, creo que lo más sensato es que se haga algo así y nos atenemos a lo que la gente disponga. Finalmente, si convencen a la mayor parte de los ciudadanos de lo que están planteando, pues todos lo respetaríamos. En caso contrario, el gobierno tendría que decir, ‘vamos a replantear las cosas’. Es una decisión tan importante, que todo pareciera indicar que eso es lo más sensato, y el único motivo para no hacerlo es el temor a perderlo.

“Yo pienso que el tema en particular del petróleo y de los recursos energéticos de México es tan trascendente que no se debe tratar de sorprender, porque eso va a llevar a un conflicto mayor. Olvídate de tomas de tribuna y demás, porque una parte del país va a sentir que esto es un despojo como pasó con los bancos y otras instituciones.”

* * * * *

La figura alargada del jefe de Gobierno desaparece por las escaleras del Antiguo Palacio del Ayuntamiento. Tiene por delante otra semana en que la clase política y los medios estarán pendientes de lo que haga y diga.
Hace dos décadas, cuando apenas despuntaba su carrera, él y su amigo De Gyves opinaban que un político “debe considerar las expectativas de sus aliados y oponentes, la identificación que los otros actores hagan de sus iniciativas, los propósitos de sus contrincantes”.

Ebrard se mueve, pero también observa.

Es actor y espectador.

Es el jugador número doce.

1 de 3
Páginas
 
ENVÍA TUS COMENTARIOS

Envíanos tus opiniones y si quieres contar con todas las funcionalidades de comentarios como responder a tus los participantes, necesitas accesar tu cuenta en el LOGIN

Si eres NUEVO USUARIO, da click aquí para Registrarte.

Te recordamos que es GRATIS y tendrás acceso a todo el sitio del nuevo EXonline, entre otros beneficios.

Nombre:
Comentarios:
Filtrar
Loading...