PARÍS.— Bahiya Bakari, de 14 años, cuenta su experiencia tras sobrevivir a la caída de un avión yemení que se precipitó al océano Índico: “Fue como una descarga (eléctrica)”.
Apenas es concebible lo que ha tenido que pasar la muchacha, única superviviente de las 153 personas que iban a bordo del avión siniestrado. En la mañana llegó a París y fue trasladada a un hospital. Desde su milagroso rescate ha conversado en varias ocasiones con su padre y con su tía en París, a los que les ha relatado detalles del drama que ha vivido.
No sabe bien cómo salió del avión, pero lo más probable es que fuera disparada cuando la máquina se rompió. Luego pasó más de diez horas en el agua. “A ratos tenía frío y calor”, contó a su tía, según informó el diario Le Parisien.
Bakari tuvo un encuentro con su padre, quien la abrazó y bromeó con ella para levantarle el ánimo. La chica regresó a París ayer en un avión en el que también iba a bordo el ministro de Transportes.
Los pasajeros de la aeronave accidentada sabían que el aparato estaba en peligro.
Se les instó a colocarse sus chalecos, dijo. Y ese chaleco salvó a Bahiya, pues no sabe nadar.
En el mar se aferró a los restos del avión. Al principio dijo que escuchó a otros supervivientes cerca, luego probablemente fueron arrastrados por las olas o se hundieron.
Cuando se hizo de día, Bahiya estaba sola en medio del mar. Un barco pesquero de las Comores la vio y la rescató. Estaba consciente y pidió agua. Tan sólo más tarde, cuando ya estaba en el hospital de la capital comorense Moroni, fue consciente de que había perdido a su madre. “Sé que mamá no está en la habitación de al lado, de lo contrario ya hubiese venido a verme”, dijo la pequeña a su tía por teléfono. “Tengo claro lo que ha pasado”, añadió.
Sorprendentemente la propia Bahiya tiene heridas de menor gravedad, en términos comparativos, como la clavícula, una quemadura en la rodilla y sufre congelación en los dedos de los pies. Los próximos días estará aislada de los medios en un hospital de París.
Las pequeña vive con sus tres hermanos en un suburbio de París. Su padre Kassim Bakari trabaja para un empresa de limpieza.
“Le prepararemos una sorpresa para su cumpleaños, pero no será ninguna fiesta,”, dijo su tía. Kassim Bakari acudió al aeropuerto a recibir a su hija. “Estoy dividido entre el alivio por que ella sobrevivió y el dolor por la muerte de mi esposa”, dijo el progenitor.




