Creen habitantes que la violencia podría volver a estallar en la región
KARALETI.- Los vehículos se desplazaban el domingo aparentemente sin problemas a través de un puesto de control en los límites de la llamada "zona de seguridad" creada por Rusia en territorio de Georgia, pero una muchedumbre de refugiados continuaba acampada no muy lejos de allí, prefiriendo pernoctar en carpas y usar baños sucios por miedo a enfrentar la violencia si regresan a sus hogares.
Un puñado de soldados rusos armados con rifles automáticos estaban recargados en muros de concreto en el puesto de control de Karaleti, a unos seis kilómetros al norte de la ciudad de Gori, que las fuerzas rusas controlaban hasta el 22 de agosto.
Los soldados realizaron inspecciones superficiales de los pocos automóviles que ingresaban a la zona y negaron que estuvieran bloqueando el regreso de refugiados tras los combates de este mes.
Un soldado dijo que el movimiento era completamente libre y que la única preocupación era verificar si algunas personas portaban armas, pero refugiados acampados en un terreno deportivo en Gori dijeron que estaban asustados y temían regresar a sus hogares debido a que las fuerzas rusas les informaron que su seguridad no podía ser garantizada.
Los refugiados tienen malos recuerdos de la violencia que los obligó a huir de la guerra por la región separatista de Osetia del Sur, que está ahora bajo control ruso, junto con la zona de seguridad que se extiende seis kilómetros dentro de territorio georgiano.
"Tenemos miedo de retornar si no hay policías o soldados para proteger a los refugiados", dijo Tsiuri Mariamidze, de la aldea de Kitznisi.
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