- Vaso tan vaso, agua tan agua: nosotros 21-Nov-2009 Aquel Berlín de la muralla premonitoria 14-Nov-2009 ¿Cómo le hago mamá? 07-Nov-2009 Todo lo escrito es política 31-Oct-2009 Ortiz de Domínguez recibe a González Gamio 24-Oct-2009 Dar a luz la luz 17-Oct-2009 Palacio de Bellas Artes: viejo verde 10-Oct-2009 La pobreza y yo 03-Oct-2009 Para que no se me olvide la vida 26-Sep-2009 La normalidad de los plagios en tierra adentro 19-Sep-2009
El perro torturado me mira, nos miramos...
María Luisa Mendoza
27-Jun-2009
Una fotografía espeluznante introducida en mi mirada atenta de lectora mañanera… el horror inmerecido por ningún animal mudo de Dios.
Dentro de ocho días estaremos vote y vote. Me acuerdo con la amorosidad de mi tía Esperanza Contreras de Romero, quien a sus 105 años, y del brazo de mi primo Carlos, entró a la casilla correspondiente a su casa de Azcapotzalco y gritó, todavía con su voz de provinciana: ¡Vengo a votar por Madero!... Fue muy hermoso, los presentes guardaron silencio y respeto. Mi tía, a solas detrás de la cortina, en aquella sordera de casi la mitad de su vida, conservando enhiesta la belleza de las mujeres de su casa, votó, quiero creer que por el partido de nuestra familia, y se fue con Carlos a comer para celebrar el cumplimiento de su deber. Nosotros nunca hemos dejado de hacerlo, llueva, truene o relampaguee, es una obligación y un derecho, algo tan pequeño, que sí, es verdad, entran un poco de ansias, como que uno quiere más. No me gusta el tiempo que vivimos de trasvertidos, de gente disfrazada de algo, los conocidos de un perfil y, si te distraes, ya son otra cosa inimaginada. Cambian de religión así como así o fueron ayer militantes de un partido y, con la mano en la cintura, salen en el periódico retratados tal candidatos de una derecha a la moda. ¿Cómo pudieron ser marxistas leninistas (lo no presumido por uno, dada la ignorancia de los dogmas que forjaron un comunismo, por cierto, inexistente) y, sin más, muy conservadores y persignados comulgar en misa ante nuestros admirados ojos como si estuvieran inmaculados de pecado? Mi hermana y yo, a la antigua y sin confesión, nos eximimos.
Pero no era de eso de lo que había pensado escribir. En mis apuntes semanales vienen muchos casos por tratar antes de sumergirme de lleno en la semana que entra, un día antes del acto sagrado de votar, de subrayar el voto libre y soberano, el secreto, el que nadie puede comprar, por más temido y criticado que sea el intento. Siempre he dicho a los votantes, al revés de quienes los obligan a no recibir ningún “cohecho”, digamos, un costal de cemento, una lámina, una caja de cartón con frijol, harina, y a veces hasta pasta de mole o una pera, jabón, etcétera: sí, tómenlo, su voto sigue siendo íntimo, secretísimo e intocado. Yo también, en mis campañas, regalaba algo, ¿qué digo?, lápices, gomas, cuadernos y mis libros, mis novelas y relatos y mis futuros lectores idealmente serían electores. Obsequié montones de libros del FCE, de Mortis, de las editoras amigas mías publicantes de mis obras. Yo también conté cuentos a los niñitos de ranchos y pueblecitos. Sus caritas mirándome nunca las olvidaré… ya no sabía qué inventarles y pensaba, “¡qué ganas de ser como la esposa de Ricardo Pascoe, gran contadora de cuentos, o el mismo Eraclio Zepeda, enorme cuentero natural y grácil, al fin chiapaneco. Mas eso tampoco era de lo apuntado por mí para esta semana… Sino un dolor, otro añadido a mis gimoteos ya medio entendidos por algunos lectores, a los cuales tocó el corazón al relatar lo que vivo, lo que veo, lo que ocurre en estas vidas de nosotros, los aún vivitos y coleando en este estrujador y cruel tiempo:
Una fotografía espeluznante introducida en mi mirada atenta de lectora mañanera… el horror inmerecido por ningún animal mudo de Dios nuestro Señor, su hijo sin voz, tan tierno y suave, tan sufrido y leal, tan adorablemente digno, mi hermano y de San Francisco de Asis. En un lugar de África, los pescadores cazan —así es— a perros callejeros, abundantes en los países pobres como el nuestro, los engordan y se los llevan a altamar, donde, ¡Dios mío!, les insertan en las fauces, debajo de la nariz, un anzuelo enorme, los dejan desangrar para que los tiburones se lancen con mayor apetito, puesto que los perros, vivos y desesperados, sangrados y torturados a la locura, se muevan en el agua y atraigan más y mejor a dichos tiburones, los cuales, claro, son pescados así para vender las aletas, que les cortan igualmente vivos aún, a los restaurantes de lujo. La cara del perruchito me mira, la miro, está calma, espera la muerte, aunque, detrás de esa misericordiosa serenidad, flota un hálito de esperanza, el sentimiento frutal de amor, de la confianza en el hombre… El perro corriente, feucho, inenarrable en su tristeza, me mira… no he podido salir de ese pensamiento que me duele tanto, y repaso mis pesares físicos… ¿nos igualará el destino alguna vez con esa candente desgracia de los animales de este mundo?...
Envíanos tus opiniones y si quieres contar con todas las funcionalidades de comentarios como responder a tus los participantes, necesitas accesar tu cuenta en el LOGIN
Si eres NUEVO USUARIO, da click aquí para Registrarte.
Te recordamos que es GRATIS y tendrás acceso a todo el sitio del nuevo EXonline, entre otros beneficios.


