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El asiento del chofer

Carlos Ornelas
29-Abr-2009
Elba Esther Gordillo, el martes 22, refrendó sus dichos sobre la ACE, la labor patriótica de los maestros, su pacto con el Presidente y se mostró ufana de que la SEP sea conducida por el secretario “y por nosotros”.



En la prensa política de Estados Unidos se utiliza una metáfora para significar el liderazgo que ejerce una persona: el asiento del chofer. Él es el conductor, los otros van en las butacas de los pasajeros; éstos podrán participar en la conversación y hasta hacer sugerencias sobre el camino a tomar, pero el chofer no pierde el control. Los hechos recientes en la educación mexicana, desde la remoción de Josefina Vázquez Mota, confirman que Elba Esther Gordillo va en el asiento del chofer. Lo sombrío: el Presidente y el secretario de Educación Pública parecen compañeros de viaje.

En su columna de este domingo, mi colega en Excélsior, Enrique Aranda, informa que el secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio, visitó en su domicilio a Elba Esther Gordillo, antes del encuentro oficial de los dirigentes del SNTE con el secretario en el edificio de la SEP, el 22 de abril. Para los columnistas que elogian el “pragmatismo”, eso no es sino reconocer que, sin el SNTE, la educación no puede caminar; acaso dirán que fue un acto necesario para salvaguardar la Alianza por la Calidad de la Educación, el “proyecto más importante” de este gobierno, según ellos. Pero pienso que ese reconocimiento daña de manera terrible a la institución más importante de la educación nacional. El secretario se situó como pasajero en el coche que conduce la señora Gordillo.

Esa afirmación de su poder, le dio ánimos a la presidenta del sindicato para plantear sin ambages que su organización ha colonizado por completo al gobierno de la educación básica y porciones de otros segmentos. El martes 22, Elba Esther Gordillo refrendó sus dichos sobre la ACE, la labor patriótica de los maestros, su pacto con el Presidente y se mostró ufana de que la SEP sea conducida por el secretario “y por nosotros”. “Más por nosotros que por usted”, para el buen entendedor. De cualquier manera le ofreció una palmada en el hombro.

Su segundo, Rafael Ochoa Guzmán, se encargó de marcar los pasos que se deben seguir, además, mintiendo. Le dijo al secretario que en la Comisión Rectora hay ocho asuntos que esperan las propuestas de la SEP, entre ellos, los exámenes de admisión, la carrera magisterial y otros “pendientes”. En esos dos puntos, la SEP ya presentó sus propuestas cuando se volvió a reunir esa Comisión, después de cuatro meses de inactividad; pero Ochoa las evade con el fin de alargar los trámites y que este año no se realicen exámenes. Extender el número de tramas es una táctica dilatoria, se quiere abrumar a la Comisión Rectora con tareas que no podrá realizar y eso le restará legitimidad. Además, le va a servir al SNTE para desdecirse de su palabra, a pesar de la oratoria grandilocuente de su lideresa. Ochoa se guardó de mencionar la creación de un organismo independiente que se encargue de diseñar y poner en marcha los concursos para ingreso a la profesión y acceder a las plazas de director y supervisor. Uno puede interpretar que le mandan un mensaje cifrado al secretario Lujambio, con el fin de que evite tocar ese tema. No quieren que ocupe el asiento del chofer.

Desde que el presidente Carlos Salinas la designó, hace 20 años (tal vez nada más ella y su familia se la crean que fue elegida de forma democrática, legal y legítima, como lo pregonó en la puesta en marcha de la prueba ENLACE), Elba Esther Gordillo se ha dedicado a remover barreras. Primero se molestó con Manuel Bartlett, porque le restó espacios de colonización en las áreas centrales y en los Servicios Coordinados de Educación Pública en las entidades federativas y porque le redujo el número de comisionados. El SNTE no lo tumbó de la SEP, pero alimentó las intrigas que le tejían a Bartlett el entonces protector de Gordillo, Manuel Camacho, y José Córdoba Montoya.

Después Gordillo redujo las expectativas de Ernesto Zedillo, cuando era secretario de Educación Pública, y amoldó el Acuerdo para la Modernización de la Educación Básica (de mayo de 1992) a los intereses del sindicato, y a los de ella. Su poder se expandió bajo el gobierno de Vicente Fox y hoy lo refrenda con creces por su alianza con el presidente Calderón.

¡Qué equivocada es la letra del tango! ¡Veinte años son mucho! Elba Esther Gordillo le ha hecho mucho daño a la educación: 84% de la población ya se cansó de que ocupe el asiento del chofer, según la encuesta que publicó Reforma, el 23 de abril, pero el Presidente no.

Retazos

Felipe Calderón muestra su determinación y energía al enfrentar la emergencia de la epidemia de influenza porcina. Se nota la presencia del Estado. Si así lo hiciera en la política educativa, quizás otro gallo nos cantaría.

Molesta, deja un sabor de rancio, que el secretario de Educación Pública y otros miembros del gabinete comiencen a decirle al Presidente “licenciado y maestro”. Con tales elogios, esos funcionarios producen la imagen pública de serviles, no de leales.

Acuso recibo de las críticas a mi artículo de la semana pasada. Ya rectificaré en entregas futuras.

Desde que el presidente Carlos Salinas la designó, hace 20 años (tal vez nada más ella y su familia se la crean que fue elegida de forma democrática, legal y legítima, como lo pregonó en la puesta en marcha de la prueba ENLACE), la profe se ha dedicado a remover barreras.

Carlos.Ornelas10@gmail.com

 

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