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Ebrard: locura y política

René Avilés Fabila
22-Jun-2008



No es fácil explicar el enamoramiento de una ciudad y parte de sus intelectuales por un grupo irresponsable encabezado por caudillos fuera de sus cabales: López Obrador y Marcelo Ebrard. Ambos, prófugos del PRI. Dejemos de lado al primero, su infinita demagogia y tarea destructiva son de sobra conocidas. Federico Ortiz Quesada (médico y literato) en su libro Primero los pobres hizo un soberbio retrato sobre AMLO. Lo muestra como alguien que requiere atención profesional, es decir, un psiquiatra; en consecuencia no sabe gobernar. Marcelo trata de no quedarse atrás en tareas inútiles desde que fundó, entre otras, la policía charra, que sólo sirve para gastar dinero. Su trabajo actual se ha caracterizado por tres líneas heredadas: la megalomanía, la provocación violenta y la mentira. Todas son visibles y van desde la pretendida torre bicentenaria hasta los canales “venecianos” en la Zona Rosa, pasando por fiestas de quinceañeras, playas artificiales, pistas de hielo y una ridícula retórica de izquierda. El Zócalo, que merecería algún respeto histórico, como más de una vez lo reclamó Silvio Zavala, sirve para grandes tocadas donde multitudes enloquecidas, como las que hace unos días chocaron con la policía y destruyeron vitrinas y comercios, se “politizan” en el fervor al PRD.

Marcelo ha pasado buena parte de su gestión insultando a Calderón, diciendo que es ilegítimo y usurpador. No pasa un día sin que ofenda al gobierno federal. Pero si algo no le agrada como el rechazo del INAH a efectuar una reunión de perredistas para “debatir” la cuestión petrolera en el ¡Castillo de Chapultepec!, entonces es “censura”, “autoritarismo” o “agresión” panista. No importan los argumentos de Alfonso de Maria y Campos: los lunes no trabajan los museos, no hay personal, no lo solicitaron, todos ellos lógicos. No fue un complot contra Ebrard, sino una farsa montada por los perredistas radicales para seguir haciendo escándalos y pasar por víctimas cuando ellos son los provocadores. Ebrard se queja de algo inexistente, dice que es una acción vergonzosa del gobierno federal. Es obvio: no sabe lo que significa la autocrítica. ¿O todas sus pillerías y errores son correctos y las acciones de sus rivales una “vergüenza”? Lo que sea, no le va mal un nuevo escándalo a quien no sabe gobernar con la razón.

Marcelo trata de hacerse notar y para ello es más papista que el Papa. Si López Obrador convoca a reconocer su presidencia legítima, él es el mejor de sus seguidores, el más leal y ostentoso, como antes lo fue con Salinas. Si de petróleo se trata, interroga a los ingenuos si quieren o no que el petróleo sea nuestro. Es una consulta inútil, demagogia pura: ¿Quieres que Pemex sea privatizado o que siga en manos de los mexicanos? La respuesta es obvia. Pese a las carencias de la capital, Marcelo y la Asamblea Legislativa, bajo control del PRD, destinan grandes sumas de dinero a la “consulta ciudadana” sobre el petróleo. Esta idea ha irritado un tanto a López Obrador, pues le quita atención de los medios y hace que aumente la diferencia entre ambos dirigentes en la disputa por la Presidencia. Pronto veremos a Ebrard, cometer el parricidio y dejar a López fuera de la carrera presidencial. Ahora que ya está empatado con AMLO en las preferencias electorales del DF. El problema, dice la encuesta, es que ambos pierden ante Peña Nieto. Por último, ¿el PRD organizará una consulta cuando fueron incapaces de celebrar unos comicios internos dignos? ¿No se aburrirán los militantes sensatos de acciones ineficaces que sólo desprestigian al partido?

Marcelo, formado en el priismo autoritario de Salinas, hoy es un radical “izquierdista” enemigo de la “derecha”, que integra, según el simplismo perredista, el binomio PRI-PAN. Debajo de él, la historia se repite, los delegados de tal partido hacen y deshacen con total locura, no hay más que verlos, enriquecidos y corruptos, mostrándose como los mejores soldados de AMLO y Ebrard. Pero lo más grave, y en efecto eso requiere diván, es suponer que la Zona Rosa pueda convertirse en una especie de Venecia o San Antonio. La primera es natural, la segunda no, pero tiene dinero. El DF comienza a padecer graves problemas de agua, entonces, si Marcelo se dice ecologista, ¿por qué desperdiciar ese líquido en playas y canales artificiales? Será como la ciclopista de López, que nadie utiliza. O la idea efímera de Marcelo de ir al trabajo en bicicleta.

El poder absoluto que tiene, compartido con López Obrador, lo ha enloquecido absolutamente. Entiendo la demencia de Ebrard, no así la de los capitalinos que se emocionan al verlos como salvadores de la patria. No cabe duda: los perredistas son ajenos a la realidad: hace tres días aparecieron los resultados de diversas encuestas: la lucha por la presidencia está entre el PRI y el PAN, muy abajo queda el arrogante PRD, de nuevo en sus viejos niveles. Qué pena, parecía ir bien, hasta presidente legítimo tuvo por más de un año.

www.reneavilesfabila.com.mx

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