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21-Julio-2008

Tienda del ISSSTE, la opción más barata

> “Cuando cocino es cuando me doy cuenta de la inflación, gasto lo mismo pero compro menos, el pollo y la carne ha subido más, el jitomate, el plátano y la papaya se han disparado, ya me da miedo ir de compras no sé si regresaré con algo”.

Es el sentir de Norma Hernández, empleada, cuyo salario sumado al de su esposo, Arturo Salinas, suman 15 mil pesos.

Familia que como la mayoría de los matrimonios mexicanos, asegura, debe administrar con sabiduría “hasta el último centavo”.

Norma y Arturo tienen dos niños, Efraín y Arturito, de nueve y tres años de edad respectivamente. En los últimos meses se han percatado que su poder adquisitivo se ha visto reducido considerablemente en comparación de otros años.

Los privilegios y actividades que anteriormente eran parte diaria de la familia se han modificado; hoy Norma prefiere comprar la comida hecha, dice que le conviene más porque la sopa, arroz y guisado vienen preparados, sólo compra tres comidas y justifica que tiene un ahorro en gas y tiempo.

Los sitios de compra también fueron sustituidos por alternativas que se adecuan más a la suma de sus salarios: hoy gastan alrededor de cinco mil pesos al mes, la tienda de costumbre fue cambiada por la del ISSSTE (subsidiada).

Aunque también los precios se han incrementado en ese lugar, para la familia Salinas-Hernández es óptima para comprar las carnes frías, el queso y es donde se dan cuenta comparando precios, de lo que la inflación merma su bolsillo.

Han disminuido la compra de arroz, ha mantenido la sopa de pasta y el frijol, ya que según ella el precio no se ha “movido”. Donde han observado movimiento de precios es en los artículos de limpieza para el hogar, por lo cual ha visto la necesidad de intercambiar un producto por otro, para bajar el costo.

Uno de los gastos que más merman la situación económica de la familia es en el rubro de transporte, donde la suma asciende a tres mil pesos al mes, entre gasolina, aceite y traslado escolar de los niños. Las limitantes entran en casi todas las actividades de los Salinas-Hernández, no pueden gastar más de dos mil pesos en las reparaciones de vivienda o auto ya que desfalcaría totalmente el presupuesto que obligaría a un endeudamiento que a la larga generaría otro gasto extra.

“Hemos estado pensado en una vivienda nueva, pero para aprovechar los créditos ambos estamos con la vivienda o con el carro, pero lo estamos pensando”, mencionó.

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