La Fundación/Colección Jumex muestra obras que han escapado “al control de sus creadores”
Cuando Michel Blancsubé ideó la muestra Les enfants terribles lo primero que tuvo en su cabeza fue la imagen de algunos artistas y coleccionistas que se habían ganado a pulso dicho apelativo dentro del medio.
Pero al seleccionar las 64 piezas que se reúnen en la nueva exposición de la Fundación/Colección Jumex lo que descubrió el curador fue que las obras eran en realidad esos niños irreverentes.
“Esta exposición la tenía pensada desde enero y obviamente los niños terribles eran los artistas y alguno que otro coleccionista que conocemos, pero al final me quedó claro que las obras eran esos niños que de algún modo habían logrado escapar del control de sus creadores”, dice en entrevista el también encargado de registro de la colección.
La curaduría, recuerda, partió de un juego de escalas, con obras de gran formato, que en principio serían todas en color blanco, pero que al final se diversificaron en piezas de diferentes dimensiones y técnicas, pero que en su conjunto buscaban generar esa experiencia de pequeñez que viven los niños en un mundo creado por adultos.
El ejemplo más claro de esta búsqueda lo da la obra Robe, del estadunidense Eric Wesley, quien presenta una gigantesca bata de baño de más de seis metros de largo, que se exhibe suspendida al centro de la sala, como en un vuelo etéreo o a la espera de que su enorme dueño la utilice.
Una de las apuestas museográficas de Blancsubé está en la entrada de la exhibición. El curador canceló el acceso principal de la galería y lo convirtió en una sala donde se proyecta una obra del artista mexicano Sebastian Diaz Morales, llamada Ring (The means of illusion), que reproduce en video digital el ambiente de una pelea de box, la cual se vuelve una suerte de tensa y ruidosa antesala para que el visitante se dirija a una de las dos secciones que complementan la muestra.
En el extremo más grande de la galería se reúnen las piezas que visualmente demandan de un mayor despliegue museográfico, como la obra del italiano Piero Golia, Bus, un camión comprimido y en ruinas que reúne elementos de la historia del arte, con acontecimientos que diariamente sacuden el ámbito internacional.
“A esta pieza hay gente que la vincula con el movimiento Fluxus y la destrucción del piano, pero eso ocurre siempre y cuando se limiten a la historia del arte. Yo creo que si el trabajo de Golia lo enfrentamos al mundo que vivimos actualmente, se puede vincular más con el hecho de que en Palestina o Afganistán cada semana una mujer se hace explotar dentro de un transporte público”, señala.
Blancsubé explica que además de la idea de diversión y el juego, que siempre se vincula a los niños, la muestra también recoge la parte destructiva que no es ajena a los infantes.
“Los niños destruyen todo y eso lo sabemos. En el caso de la muestra esa destrucción se desborda y se incerta en la problemática social, como las imágenes que presentamos de Thomas Ruff, quien nos presenta los efectos de la bomba atómica”.
Si bien el curador hace un especial énfasis en presentar obras de la Colección Jumex que nunca antes se habían exhibido, ya que, aún cuando su acervo suma actualmente dos mil 170 obras, por lo general el público insiste en que son piezas que ya ha visto dentro de otras muestras, Blancsubé recupera dos obras hechas en techo y pared que habían sido tapiadas temporalmente: Without title, del británico Richard Wright, y Wall Drawing #994, del estadunidense Sol LeWitt.
“El público más exigente no es el patrono del Museo de Filadelfia o de Nueva York, sino todos los visitantes locales que nos conocen desde el inicio. Por eso trato de poner obra que no habíamos exhibido antes en México, aunque también recuperamos algunas piezas que tienen mucho qué decir en este contexto y que no se agotan con una sola muestra y luego tienen que abandonarse en la oscuridad de la bodega”, señala el curador.
Otra pieza que Blancsubé destaca dentro de la muestra es una pintura del mexicano Francisco Castro Leñero, Desplazamiento de luz, que representa, para el curador, una apuesta por no dividir el arte actual entre moderno y contemporáneo, o entre piezas que están “in” o “out”, ya que “eso sólo es producto del snobismo”.





