Tras la reciente incursión del sello Candaya en México, Diego Trelles habla de su más reciente novela, inspirada en gángsteres, Borges y westerns
De ese reino fantástico al que se dirigían Don Quijote y Sancho, Candaya, toma su nombre una nueva editorial catalana que apuesta a sobrevivir a los maleficios de los grandes sellos. Su técnica es dirigirse a un nicho de mercado que las empresas editoriales han despreciado: el de los buenos lectores de literatura. “Frente a los intereses puramente comerciales de los grandes sellos, nosotros pretendemos, en primer lugar, publicar buenos libros de los que nos sintamos orgullosos”, dicen los editores Paco Robles y Olga Martínez.
Candaya entró a México a finales de 2007, distribuida por Colofón, con 20 títulos repartidos en cuatro colecciones: narrativa, poesía, ensayo y abierta. Entre los autores que figuran en sus filas está el poeta mexicano Pedro Serrano con la obra Desplazamientos, aunque Robles y Martínez planean “seguir explorando las enormes posibilidades que ofrece un país tan rico”. Una de las principales apuestas es publicar a los jóvenes autores, como el peruano Diego Trelles Paz (Lima, 1977) con su novela El círculo de los escritores asesinos, cuyo prólogo escribió su compatriota Santiago Roncagliolo, ganador del Premio Alfaguara 2006 por Abril rojo.
El también periodista cuenta en entrevista con Excélsior que la obra surgió de su afición a escritores como Vladimir Nabokov, Augusto Monterroso, Roberto Bolaño y Ricardo Piglia. “Narradores que descienden de Cervantes y de Borges, es decir, autores que juegan con lo apócrifo y con lo paródico y siempre están incentivando al lector a participar activamente en sus ficciones”, afirma. Trelles Paz añade que también nació de películas de gángsteres y westerns, así como “de la necesidad de explorar la noción de la escritura como un acto desesperado que puede conducir al crimen”. El autor de Hudson el redentor (y otros relatos edificantes sobre el fracaso) (Ed. Caleta, 2001) y de la plaquette Borges en Austin (Díptico Ediciones, 2004), creó para su novela un grupo de personajes a los que define como “enfermitos literarios compitiendo por la misma mujer”. “Están llenos de defectos, son falsamente apolíticos y son cosmopolitas sólo a través de la infinidad de libros y películas que siempre citan. Me burlo mucho de ellos porque siento que es una forma algo perversa de burlarme de mí mismo. Si les tengo cariño es porque intentan vivir alejados del mundo actual”, dice.
A diferencia de México, explica, en Perú no hay una industria editorial consolidada y la publicación gratuita “tiende al simulacro. “La idea de que el estado peruano pueda apoyar al escritor con su sistema de becas, como se hace en México, pertenece al terreno de la ciencia ficción”, lamenta. Y, aunque la literatura es su vida, hay algo que no le ha dado. “Ni creo que me dé: seguridad económica”, concluye. Nocilla dream del español Agustín Fernández Mallo Vila-Matas portátil, recopilación de la mexicana Margarita Heredia Todos han muerto del venezolano José Barroeta. El avión de madera que logró dar la vuelta al mundo del barcelonés Quim Aranda. Bolaño salvaje, una colección de ensayos de autores como Edmundo Paz Soldán y Gustavo Faverón




