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23-Jun-2009
Juegos de Poder
Leo Zuckermann
La producción de petróleo, en picada
Una buena y una mala noticia. Primero la buena: desde finales de 2008, el precio de la mezcla de exportación de petróleo mexicano ha subido 89%. De 34 dólares por barril a 65. Está a cinco dólares de llegar a los 70, es decir, el precio de la cobertura que compró la Secretaría de Hacienda para este año. Y los mercados de futuros pronostican un precio por arriba de este nivel, en aproximadamente 75 dólares el barril, para enero de 2010. Los países de la OPEP se muestran optimistas. Creen “que lo peor de la crisis económica actual ya quedó atrás” por lo que el secretario general del cártel petrolero ha señalado que esta organización busca un precio de 80 dólares por barril. Además de la posible recuperación económica mundial, los precios podrían beneficiarse de la incertidumbre del conflicto político en Irán, el cuarto país productor de petróleo. En suma, si bien México no podrá vender un barril en 130 dólares como lo hizo en el verano pasado, todo indica que podrá hacerlo en más de 70 dólares para comienzos de 2010.
Ahora la mala noticia: la producción de crudo de México “promedió dos millones 609 mil barriles por día en mayo, su nivel más bajo en 16 años”, de acuerdo con Pemex. No sorprende, entonces, que las exportaciones de crudo también hayan caído a “un millón 173 mil barriles diarios en mayo”. Este derrumbe en la producción petrolera mexicana se debe al declive de Cantarell. Entre enero y mayo de 2009, la producción promedio de este yacimiento fue de 753 mil barriles diarios. “Desde su punto máximo de producción observado en diciembre de 2003 a la fecha, se observa una reducción de un millón 518 mil barriles”, reporta Pemex. De hecho, Cantarell ya no es el principal yacimiento del país. Ahora es Ku-Maloob-Zaap que “alcanzó una producción promedio diaria de 803 mil barriles”. México ha logrado compensar algo de la caída productiva de Cantarell con la explotación de Ku-Maloob-Zaap.
Pero el declive de la producción persiste. Se están cumpliendo los pronósticos. Recordemos lo que decía el Diagnóstico de la situación de Pemex presentado en marzo de 2008 como preámbulo a las discusiones de una reforma que fue de mucho ruido y poquísimas nueces. El Diagnóstico alertaba: “La declinación de los activos en donde se encuentran las principales reservas de hidrocarburos del país implicará una pérdida de producción, con respecto al nivel de producción actual, de 800 mil barriles diarios en 2012, de 1.5 millones barriles diarios en 2018, y de 1.8 millones de barriles diarios en 2021”.
Una de las principales apuestas del gobierno mexicano fue invertir en el proyecto Chicontepec para compensar la caída de la producción petrolera. Son pozos, de acuerdo con el Diagnóstico antes mencionado, “se caracterizan por su bajo contenido de hidrocarburos, baja permeabilidad y baja presión, por lo que su productividad es reducida”. Según una nota aparecida desde enero en El Universal: “En diez meses las proyecciones de producción del yacimiento se han revisado tres veces a la baja, con lo cual la nueva proyección está 48% por debajo de lo previsto en la cartera de negocios de Pemex de abril de 2008”.
Este sexenio, el gobierno ha repetido una y otra vez que “la mejor reforma es la posible”. Y también aplicó este precepto en la reforma a Pemex del año pasado. Una reforma estatista que impusieron el PRI, el PRD y López Obrador que poco tuvo que ver con la propuesta original de Calderón quien pretendía cambiar las reglas petroleras para incentivar la exploración y explotación de nuevos yacimientos, sobre todo en las aguas profundas del Golfo de México. La verdad es que, a estas alturas, todavía no sabemos si lo aprobado por el Congreso y festejado por el Presidente va a resolver el grave problema que tenemos: que México se está quedando sin petróleo. Lo que sí sabemos es que cada día que pasa, nuestro país produce menos crudo.
Este derrumbe en la industria petrolera mexicana se debe al declive de Cantarell.
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