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19-Jun-2009

Consumo conspicuo

Adina Chelminsky

Debo, no niego


Doktor Dinero: Cada vez que abro el periódico o navego por internet veo cifras y datos abismales sobre cómo los créditos mal otorgados (sobre todo en plásticos) están haciendo trisas la situación de los bancos. ¡Ni quién se ocupe de qué es lo que estos créditos mal otorgados están haciendo en la cartera de los ciudadanos comunes y corrientes! ¿Qué es lo que uno tiene que hacer ahora? Gracias, EA.

Bien dice el dicho que todo lo que sube tiene que bajar. El crédito al consumo en tarjeta (que durante los primeros años creció hasta 155% anual) hoy, después de la crisis, no sólo se secó, sino que causa estragos en los bancos y, más importante, en las carteras de los consumidores que nos encontramos sobreendeudados, con menores ingresos y enfrentando pagos mensuales altísimos.

Pensábamos que el crédito “nos iba a sacar de pobres” y ahora, para muchos de nosotros, es justamente lo que nos va a dejar en el círculo vicioso de no salir adelante. A fin de cuentas, el crédito es un arma de doble filo: a la vez que nos permitió, y permite, conseguir cosas de otra manera inaccesibles, su mal uso causa serios problemas en la economía familiar; limita el ahorro, exacerba los gastos (muchas veces innecesarios) y nos hace perder el piso de lo que realmente está al alcance de nuestras posibilidades.

En muchos casos crea adicción. La emoción de poder comprar cosas, sin sentir que realmente desembolsamos dinero, nos hace derrochar el dinero. Como con todas las adicciones, existe un éxtasis en el momento que gastamos, seguido de un bajón en el momento que nos damos cuenta de todo lo que debemos (cuando leemos el estado de cuenta), que se vuelve un círculo vicioso muy perjudicial.

Para hacer un buen manejo del crédito hay tres palabras clave:

1. Información: conoce tu situación financiera y las condiciones de los créditos que manejas.

• Empieza por saber a cuánto asciende tu deuda, haz una lista de todos los créditos que tienes vigentes y calcula qué porcentaje de tu ingreso mensual destinas para pagarlos; idealmente no más de 15% de tu ingreso neto debe destinarse al pago de créditos (excluyendo la hipoteca de tu casa).

• No elijas las tarjetas de crédito o los planes de financiamiento sólo por que te los ofrecen. Sé un consumidor informado y busca el plan más adecuado a ti; compara entre productos analizando las diferentes condiciones de cada uno y cómo empatan con tus necesidades. Por ejemplo, si vas a utilizar tu tarjeta de crédito como medio de fuerte financiamiento, elige la de menor tasa de interés, aunque prescindas de servicios adicionales.

• Siempre lee la letra pequeña y mantente muy bien informado de qué hacer en caso de que exista un problema (como el robo de la tarjeta) o las consecuencias de una eventualidad (no puedes pagar el crédito de tu coche un mes).

• Pide tu expediente en el buró de crédito. Es gratuito una vez al año y el conocerlo te puede ayudar a resolver errores o a tomar conciencia de tu situación.

2. Responsabilidad: Gasta con cordura e inteligencia.

• El tener las herramientas para gastar no quiere decir que puedas gastar. Todas las compras que hagas deben estar contempladas de antemano dentro del presupuesto familiar.

• Limita el número. Entre menos tarjetas tengas que puedas saturar, menor es la posibilidad de que derroches. Realmente no necesitas más de dos tarjetas, de nada sirve solicitar tarjetas nuevas sólo por las promociones de apertura que ofrecen (esta carnada sale muy cara). Piensa seriamente el límite que aplicas a cada una.

• Vivimos en un mundo de “necesidades creadas”. El ritmo de la vida y la fuerza publicitaria nos hacen confundir los lujos con las necesidades. Utiliza las promociones estilo seis meses sin intereses sólo para cosas que realmente sean indispensables… y una televisión de plasma no lo es.

• Un buen truco antes de hacer alguna compra fuera de los gastos cotidianos es el “Contar hasta 24”: si ves algo que te es “indispensable”, espera 24 horas y recapacita. Si al fin de ese plazo lo sigues considerando un gasto fundamental, adelante; si no, olvídalo.

• Revisa a conciencia tu estado de cuenta cada mes y calcula cuánto es lo que pagas sólo en intereses. El ver los números en blanco y negro es un golpe de realidad que te puede hacer recapacitar sobre tus hábitos de consumo.

• Paga lo máximo posible cada mes, si es posible, todo el saldo, así puedes minimizar el pago de altísimos intereses.

3. Paga.

• Si estás sobreendeudado, haz un plan de repago de tus tarjetas, ya sea a través de un arreglo con la institución que las emitió o consolidando con un préstamo. Nada más toma en cuenta tres factores:

a) Si reestructuras tu deuda, lee muy bien el contrato y a lo que te estás comprometiendo, pues muchas veces cambias el régimen de la deuda de una mercantil a una civil, lo que puede tener serias consecuencias si llegas a incumplir.

b) Por más atractivo que suene, no utilices todos tus ahorros para repagar deudas. Por más que pagues 75% de interés y recibas 5% de rendimiento, tienes que mantener un colchón de ahorros; puedes usar parte, si es necesario, pero no todo.

c) Una vez que repagues reorganiza tus deudas (los puntos 1 y 2 de esta lista) para no volver a caer al hoyo. Antes de usar el poder de tu firma, usa el poder de tu inteligencia financiera.

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