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14-Jun-2009

Catalejo

Esther Shabot

Las recientes elecciones en Líbano


Esta semana Líbano celebró comicios parlamentarios cuyos resultados ya están a la vista. La Coalición 14 de marzo, encabezada por Said Hariri (hijo del asesinado ex primer ministro Rafik Hariri) e integrada por fuerzas sunnitas de tendencia prooccidental y antisiria, consiguió triunfar sobre la Coalición 8 de marzo, la cual representa básicamente al Hezbolá chiita y sus aliados, fuertemente conectados con los intereses sirios e iraníes. De las 128 bancas que integran el parlamento libanés, 71 quedaron en manos de los miembros de la Coalición 14 de marzo, mientras que sus rivales consiguieron las 57 restantes, resultado que constituyó una verdadera sorpresa, ya que se vaticinaba que Hezbolá se ubicaría como la fuerza dominante. La participación del público fue relativamente alta (55%), con la peculiaridad de que ambas partes destinaron importantes recursos para trasladar a suelo patrio a ciudadanos libaneses residentes en el exterior con el fin de que sus votos les beneficiaran.

La Coalición 14 de marzo contó con el apoyo mayoritario de los sunnitas, los drusos y una importante porción de los cristianos del Líbano, excepto aquellos que en los últimos años han optado por apostarle a la supremacía del Hezbolá. Por otra parte, la fuerza del Hezbolá emana de varios factores: la población chiita, su clientela natural, constituye hoy por hoy 50% de la población total del Líbano, siendo así el más nutrido segmento de los que componen el mosaico libanés. Cuenta además con el apoyo de una parte de la población cristiana, la encabezada por el general Michel Aoun, y posee un impresionante arsenal bélico que ha validado sin duda la afirmación de que Hezbolá es “un Estado dentro de otro Estado” en la medida en que supera militarmente al ejército nacional libanés, el cual es a todas luces inferior en cuanto a la cantidad y calidad de sus pertrechos.

El triunfo de la coalición de Hariri es un logro no esperado pero que, desgraciadamente, no constituye quizá más que un respiro temporal, al poner un débil freno al proceso de “iranización” de Líbano. La demografía favorable a los chiitas, más el dinero y apoyo iraní y sirio al Hezbolá son fuerzas mayúsculas que aunque en estas elecciones han tenido un revés, tienden por su mero peso a imponerse ante el bloque contrario. De hecho, la composición del parlamento resultante de los recientes comicios mantiene el mismo balance de fuerzas que el del parlamento saliente.

Es por todo ello que las campanas no se pueden echar al vuelo ante los resultados de estas elecciones. El statu quo se mantiene en los mismos términos, y éste no es otro que el de un Hezbolá envalentonado que desde el parlamento y los territorios que controla con su aparato militar intentará proseguir con su proyecto de combate a Israel y de islamización chiita de Líbano. Lo más probable es que mientras Irán prosiga en su tarea de extender su dominio regional, seguirá alimentando al Hezbolá como su brazo más eficiente para golpear de forma directa a Israel y como agente de difusión de la ideología e intereses chiitas en suelo libanés. El triunfo de Ahmadinejad en las elecciones iraníes, anunciado hace algunas horas y que comentaremos la próxima semana, no hace sino augurar que gracias al espaldarazo recibido de su electorado, el Presidente de la república islámica opondrá todavía mayor resistencia a los intentos occidentales por moderarlo.

El máximo líder del Hezbolá, Hassan Nasrallah, ya ha advertido a la Coalición 14 de marzo de no atreverse a afectar a su infraestructura militar. Además, Hezbolá cuenta de facto con un poder de veto sobre las resoluciones parlamentarias, poder que consiguió hace un año al desatar una confrontación armada de corta duración contra el bando rival. Un analista de asuntos libaneses señalaba poco antes de la elección que: “Aun cuando Hezbolá no triunfe en los próximos comicios, continuará dominando a Líbano. Por mucho, es la fuerza local más importante y además la población chiita sigue creciendo. Los cristianos en el norte se han debilitado, y los drusos se verán forzados a llegar a acuerdos con cualquier fuerza que les garantice sus intereses. Difícilmente se podrá poner fin así al inmenso flujo de armamentos que le llega a este grupo, por lo que es previsible que el control de Líbano por Hezbolá se profundice aún más en el futuro próximo.”

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