21-Jun-2008
Contraluz
Mario P. Szekely
21, Blackjack
Pocos tienen el temple de un jugador de cartas. Ni la tranquilidad de pulso de un cirujano le podría evitar un espasmo de nervios al momento de saber que su dinero depende de la salida de un número de la baraja. En 21, Blackjack el azar y la adrenalina son el coctel a tomar, mientras que burlarse del estatus se vuelve la aventura de sus protagonistas.
Basada en la novela de Ben Mezrich, Bringing down the house, la película dirigida por Robert Luketic (Legalmente rubia) es más que una cinta de casinos y noches de farra; se vuelve una fábula de cómo la mayor arma que posee un ser humano para forjar su destino y abrirse paso por el mundo es su cabeza.
El profesor de la prestigiosa universidad MIT, Micky Rosa (Kevin Spacey), imparte una clase avanzada de matemáticas, la cual sirve de semillero para detectar talentos que puedan ser reclutados en un proyecto fuera de clase. Este resulta ser un grupo selecto de seis estudiantes con sobresalientes habilidades estadísticas que los lleva a ser entrenados con la misión de vaciar las mesas de blackjack de la ciudad de Nevada.
El filme nos lleva de la mano de Ben Campbell (Jim Sturges), un estudiante de excelencia matemática a quien Rosa le ha puesto el ojo, cuyo sueño es entrar a la Escuela de Medicina de Harvard, pero que carece de los medios económicos para entrar. Una vez que descubre sus bajas posibilidades de obtener una beca, el joven protagonista decide que la oferta de Micky puede ser su único medio para obtener su anhelada educación.
Ben inicia con la ingenuidad de quien sólo escucha lo que se desea oír para poder justificar una mala conducta y se deja llevar por Micky. Así, pronto se encuentra viviendo una doble vida, donde entre semana es un replegado alumno y en los fines de semana viaja a Las Vegas para ser una combinación en apariencia entre el 007 y Tom Cruise en Rain Man.
Como actor, Sturges le da a su personaje esa sensación de emoción de estarse subiendo a una montaña rusa que provee varias estaciones de diversión, pero en la cual, en algún momento, olvida ponerse el cinturón de seguridad y despierta justo cuando la pendiente ha puesto su mundo de cabeza y tiene que tomar decisiones prontas de supervivencia.
El gran acierto de 21, Blackjack es nunca negarnos como espectadores el disfrute de poder vencer al aparato capitalista por excelencia y darnos la sensación que se puede combatir al azar. Por momentos, la sensación de control que vive Ben se contagia como cualquier confidente en que lo malo sólo le ocurre a las demás personas.
Spacey se vuelve el mentor oscuro que descarría a su rebaño al no dotarles de valores más allá de lo material, pero que también es el embajador de la vida para darles la cachetada de que nunca deben confiar en nadie y mucho menos pensar que un talento existe para el consumo propio y egoísta.
Si bien la cinta argumenta que está basada en hechos reales, es sabido que los genuinos estudiantes de Mickey eran orientales-americanos, pero que Hollywood cambió sus rostros. Aun así, el equipo de actores logra la sensación de una comunidad internacional que representa a cualquier persona.
Excelente opción en la cartelera, cuyos realizadores no temieron llevar a cada personaje a cruzar su línea moral y, en el proceso, descubrir cuáles son sus límites y de qué madera están hechos para resurgir renovados o ser tragados por el sistema.
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