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09-Feb-2010
Razones
Jorge Fernández Menéndez
La gente, bajo el agua, puede esperar
Las inundaciones en la Zona Metropolitana del Valle de México han puesto de manifiesto, una vez más, la improvisación y la falta de trabajo coordinado en las tres instancias de gobierno. Resulta vano el debate sobre si la Comisión Nacional del Agua le avisó o no a la Comisión de Aguas del Distrito Federal sobre si llovería o no, si lo hicieron por teléfono o por una comunicación oficial: cualquiera que hubiera seguido los partes meteorológicos por la televisión sabría que llovería y en forma intensa en buena parte de la República, no sólo en el DF. Lo que es evidente es que, con esa discusión, los responsables están tratando de lavarse las manos, de echarle la culpa a otro mientras se esperan que pase, literalmente, el temporal. Y luego seguirán como si nada.
Desde 1997 están por escrito los diagnósticos de la Conagua respecto a la problemática hidráulica del Distrito Federal y su área conurbada. En esos documentos, que son públicos, se especificaba con toda claridad que estas inundaciones que estamos sufriendo en los últimos años se producirían inevitablemente si no se tomaban una serie de medidas de fondo para sacar las aguas negras de la urbe, tomando en cuenta el hundimiento de la misma, el crecimiento de la mancha urbana y lo anacrónico de los sistemas utilizados. Había, en aquella oportunidad, hasta recursos del BID para financiar esas obras. No se hizo nada ni durante el gobierno de Cárdenas ni en el de Rosario Robles, mucho menos en el de López Obrador, porque se privilegiaron obras como las de los distribuidores viales, que están a la vista, antes que las hidráulicas, que están escondidas. En el de Marcelo Ebrard se comenzaron a realizar algunas de esas obras, pero son a todas luces insuficientes. Y a eso se suma que la relación entre el gobierno capitalino y el federal es mala y no existe una cooperación seria.
El punto es que no se puede resolver plenamente el problema del agua (tanto el de desalojarla como el de traerla a la capital) sin una acción conjunta, de Estado. La ciudad expulsa aguas negras hacia toda la periferia, desde Hidalgo hasta el Estado de México y, salvo el drenaje profundo, una obra de los tiempos de López Portillo, y ahora el Emisor Oriente, aún sin concluir, todo termina dependiendo de canales expuestos o que han quedado, debido al hundimiento de la ciudad (provocado paradójicamente por la sobreexplotación de los mantos acuíferos), a una altura mayor de la superficie. Ya no desalojan las aguas porque no tienen pendiente y para ello deben ser ayudados con bombas. Si estás no trabajan o se tiene en mantenimiento, como ahora ocurrió, el drenaje profundo, inevitablemente habrá una inundación de estas características, provocada, sí, por una tormenta más intensa de lo normal, pero propiciada a causa de una infraestructura que no está en condiciones de soportar prácticamente nada que se aparte de esa normalidad que en cuestiones climáticas es impredecible.
Porque la verdad es que como no hay coordinación y durante muchos años el DF parecía poco preocupado, mientras esas inundaciones se dieran en los municipios periféricos, desde los de Hidalgo hasta Chalco o Nezahualcóyotl en el Estado de México, no se hizo nada. Hasta que se comenzaron a inundar colonias capitalinas con regularidad y se dieron hechos como los de Valle Dorado y ahora El Arenal. Pero ahora se debe implementar un programa que comprenda toda la Zona Metropolitana. Y para eso se requieren acuerdos políticos. Por ello los recursos que existen no se utilizan plenamente: el Gobierno del Distrito Federal, pese a lo evidente de que había que invertir mucho más en infraestructura hidráulica, decidió reducir el presupuesto para esas obras. La Conagua tampoco ejerció plenamente su presupuesto en el área el año pasado. Nadie quiere comprometer plenamente sus recursos para algo que no va a lucir y cuando los desacuerdos políticos entre las administraciones son evidentes: el Gobierno del DF no reconoce al federal, con todas las consecuencias que ello conlleva, sumadas a viejos enfrentamientos entre el perredismo del DF con José Luis Luege. Marcelo Ebrard compite con Enrique Peña Nieto por el 2012, y en ese proceso se distancia con Miguel Osorio Chong en Hidalgo, porque éste se ha convertido en uno de los más cercanos operadores del mexiquense. Y todos esos actores tendrían que ponerse de acuerdo para solucionar el problema. No lo hacen porque sus agendas políticas no lo permiten. Los millones que quedaron bajo las aguas negras pueden esperar.
Marcelo Ebrard compite con Enrique Peña Nieto por 2012, y en ese proceso se distancia con Miguel Osorio Chong en Hidalgo.
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