Lunes, 18 de Agosto de 2008

Los más grandes momentos

Nuestra vida está hecha de grandes momentos. Por eso luchamos, nos preparamos, hacemos planes, giramos en torno a ellos, con el objetivo de alcanzarlos. Y es que mentalizar un gran momento nos da un motivo de vida. Desde pequeños pensamos en terminar bien el año escolar para tener la satisfacción de un buen promedio y luego de unas buenas y merecidas vacaciones.

También están los grandes momentos de pequeño, como el primer beso, los cumpleaños, las navidades, las fiestas de día de muertos, los días festivos que no hay que ir a la escuela. Todos ellos eventos que esperamos con ansia.

Después queremos terminar la primaria, secundaria, preparatoria, la universidad, y el esfuerzo se ve coronado con grandes momentos: recibir el certificado o título, la fiesta de graduación, y demás alicientes.

Grandes momentos también vienen con el matrimonio, con el nacimiento de un hijo, de un nieto, y al ver que los que nos preceden siguen la cadena que establecimos.

Sin embargo hay que aprender a disfrutar esos grandes momentos que son más cotidianos, que suceden aún cuando no hay un esfuerzo descomunal, aún cuando no son planeados o mentalizados como un objetivo de vida. El problema es que al crearnos siempre objetivos que tienen que ser alcanzados por fuerza, y el hace que toda nuestra vida y nuestro esfuerzo giren en torno a ellos, nos quedamos a la deriva, naufragamos en libertad cuando no tenemos que preocuparnos por lograr un gran momento, y cuando nos llega uno “gratis”, no sabemos disfrutarlo.

Lo único obligatorio debería ser disfrutar la vida.

Ahora hemos sido testigos de grandes momentos en el olimpismo. Tuvimos la oportunidad de ver (aunque sea por televisión), a Usain Bolt correr los 100 metros en 9.69, para establecer un nuevo récord olímpico y mundial, o a Michal Phelps lograr 8 medallas de oro, o bien a Yelena Isinbayeva con el oro, y el récord olímpico y mundial de 5.05 metros. Esos son grandes momentos, tal vez prestados, pero nos inspiran, nos llenan de emoción, empatía, y nos hace saltar de alegría aunque sea por un momento.

También sufrimos cuando alguien no logra el objetivo, pero le aplaudimos el gran esfuerzo, porque el éxito no sólo es la medalla de oro, de plata o de bronce, el éxito es dar nuestro máximo, aunque haya alguien más fuerte o más rápido que nosotros. No hay nada mejor que caer cansado y satisfecho después de dar lo mejor que pudimos.

Pero que no se confunda. También hay grandes decepciones, también hay grandes fracasos. Ahí está Tyson Gay, que al principio del año se perfilaba como una de las estrellas a vencer, y que no pasó siquiera a las finales de los 100 metros planos, y que por lesión no pudo siquiera clasificar para los 200. Liu Xiang, el chino que levantó grandes expectativas, y que apenas corrió un metro para abandonar en la salida en falso debido a una lesión, que más que física se veía como de miedo.

Una de las más grandes decepciones fue la de Éder Sánchez. No porque llegara en el lugar 13, no porque hubiera andarines con mucha más capacidad, sino porque quiso excusarse, porque le echó la culpa a algo que comió, a la deshidratación, al clima tan caluroso y húmedo de Beijing.

Y es que eso sólo habla de una fuerte falta de disciplina, porque no es posible que un día antes de lo que podría ser el día de tu vida, arriesgues todo por una comida muy condimentada, porque no es posible que no consumas suficientes líquidos y electrolitos para estar listo, porque no es posible que digas que las condiciones fueron extremas cuando el que se llevó el oro también padeció el clima.

Hay que ir por todo, hay que dejar el corazón en cada cosa que hacemos y disfrutar el resultado sin importar que sea más o menos de lo que esperábamos. Hay que aceptar nuestros límites y no avergonzarnos, no frustrarnos ni excusarnos.

Aún veremos muchos momentos increíbles, y aunque Arturo Santos ya no puede ir por medalla, aún tenemos la esperanza con María Espinosa, Guillermo Pérez, Yahel Castillo, Everardo Cristóbal y Manuel Cortina (que entran hoy en acción), y otros más.

Disfrutemos todo de lo que somos testigos, desde los olímpicos, hasta cada momento que vivimos, que muchas veces dejamos pasar porque los calificamos muy bajo. Todo cuenta, todo vale, y hay que disfrutarlo porque no sabemos cuándo llegará otro.

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Hugo Martínez Maguey

Periodista de corazón, amante de los deportes, encuentro en ellos las historias, los relatos de rivalidades épicas, de titanes modernos, de semidioses que inspiran a hombres y mujeres a cumplir sueños, la materia prima de la literatura, otra de mis pasiones.

Defensor de la lengua por convicción, melómano, y crítico de todo cuanto hay en la tierra, intento rescatar todo tipo de información, desde curiosidades, datos inútiles y conocimientos científicos para lograr charlas y escritos con la pretensión de entretener y en un momento sorprender al lector.

Entrenado en la inmensa fe de ya no negar nada, abro los ojos para ver a quienes hacen del deporte una experiencia increíble. Ese soy yo.

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